De repente, un velo de alquitrán se posó en la mirada de la tarde futbolera del Malvinas.
De repente, un velo de alquitrán se posó en la mirada de la tarde futbolera del Malvinas.
Mientras en la popular sur la hinchada del Tomba coqueteaba con su enorme bandera "La Banda del Expreso" y a la norte la vestián de blanco de palmo a palmo los hinchas del Globo, la tristeza invadía otros espacios.
No hubo minuto de silencio, aunque sí hubo silencio.
La fiesta en las tribunas crecía con los minutos del encuentro entre Huracán y Godoy Cruz, en el Vendimia.
Los cánticos, las ingeniosas gastadas se hacían sentir de un lado a otro. De norte a sur y viceversa. Las banderas desataban su lucha de encanto dominguero allá arriba. Pero el grito de ese pájaro de otro planeta que deambulaba entre las tribunas, desde ayer quedará en la memoria.
'¡Cigarrillos, cigarrillos a la salud los puchos!'. '¡Llegó la salud muchachos!". 'A los puchos muchachos', su inconfundible voz ayer fue el testigo mudo de toda esa pasión que lo distinguió entre generaciones.

El ‘Pucho’ o el ‘Charaila’ como no lo imaginó (o sí, vaya a saber uno), llegó como todas las mañanas de domingo futbolero al estadio. Se alistaba para salir a las tribunas, donde se confundía entre los simpatizantes y fundía entre todos los colores y corazones, pero sufrió una descompensación, un infarto.
El frío se adueñó de su actitud y llegó hasta esos espacios comunes, donde se ganó el cariño de todos.
Vendía cigarrillos y golosinas en cada evento deportivo de importancia, Fue parte del folclore mendocino. Un clásico como el del Lobo y la Lepra.
"Trabajo en las cancha desde que soy pibe, desde el primer Campeonato Argentino que se hizo en Gimnasia en 1950", contaba en un breve documental de la UNCuyo, Lucio Américo Echegaray, quien ayer pasó a ser parte de la historia de nuestro fútbol.