Bajo el título de “De Niro: A Life” (“De Niro: una vida”) acaba de salir a la venta una biografía no autorizada sobre el actor que revela aspectos de su vida poco conocidos y, en muchos casos, oscuros de ese gigante de la actuación que protagonizó títulos fundamentales de la cinematografía como “Taxi Driver”, “Toro salvaje”, “El padrino II”, “El rey de la comedia”, “Buenos muchachos”, entre tantos más.
El autor de “De Niro: una vida” es el actor y escritor Shawn Lewy, quien a través de sus páginas se mete en la vida del actor ítalo-americano para contar, por ejemplo, que durante los años ‘80 De Niro se enganchó con la cocaína junto a dos compañeros de juerga como fueron el actor, comediante y músico John Belushi (muerto por sobredosis en 1982 a los 33 años) y Robin Williams, que terminó suicidándose este año.
Como bien corresponde a una biografía no autorizada, el libro también se mete con otras adicciones del actor de “Cabo de miedo” como son: el sexo y las mujeres, con fuerte predilección por la raza negra.
De Niro se casó por primera vez en 1976 con Diahnne Abbott y, tras su separación 12 años después, sumó una lista de amantes que incluía a: Bette Midler, Uma Thurman y -para reafirmar su debilidad por las mujeres negras- las cantantes Helena Springs y Whitney Houston, y la top model Naomi Campbell.
Aun casado con Abbott, en 1981, De Niro salía con Springs, una cantante de breve éxito. Ella quedó embarazada y él debió convencerla para que no abortara. Así nació una niña, Nina, a quien el actor reconoció. Sin embargo, una década después, un test de ADN reveló que no era hija suya.
Su infancia tampoco fue convencional. Hijo único, de madre bisexual (Virginia Holton, pintora y poeta) y padre gay (pintor expresionista reconocido en círculos neoyorquinos), el propio De Niro presentó este año un documental sobre la obra de su padre en el que reconoce: “Mi padre abandonó a mi madre cuando yo tenía 12 años. Él y yo nunca hablamos de su homosexualidad. Vivió de forma muy conflictiva y con sufrimiento. Sólo con los años supe cómo fueron realmente las cosas”.
Algunos aspectos del libro puede que hayan molestado al actor, reconocido por ser uno de los más reacios a hablar de su vida privada. Pero otros capítulos destacan aspectos como su afán perfeccionista a la hora de componer personajes. Así llegó a aprender un dialecto siciliano para su personaje de Vito Corleone en “El padrino II” y engordó 35 kilos para hacer de Jake La Motta en “Toro salvaje”, entre otros detalles que lo agigantan como uno de los grandes profesionales que ha dado Hollywood.