La imagen de la expresidenta Cristina Fernández en el banquillo de los acusados va a profundizar la grieta. Por un lado, sus fanáticos, que la quieren de vuelta en el poder, no van a cambiar de parecer ante todas las atrocidades que se conocieron en los últimos años. Ellos siguen viendo a Cristina como una referente política capaz de cambiar su realidad actual y el futuro de la Argentina.
Incluso, el proceso judicial que afrontará la senadora nacional permitirá que sus seguidores más incondicionales refuercen la idea de la persecución: “La están persiguiendo, nos están dando batalla”, podrán decir.
Por otro lado, la situación alimentará la postura de sus detractores: “Cristina no puede volver a gobernar”.
La imagen afectará también los acercamientos para tratar de alinear al PJ de cara a las próximas elecciones, fundamentalmente con los gobernadores más moderados que todavía cuidan su imagen.
Ante esa situación toma mayor sentido la decisión de Cristina de nominar a Alberto Fernández como su candidato a presidente. Esto podría ayudar a mitigar las dificultades porque los mandatarios provinciales más indecisos podrían escudarse detrás del ex jefe de gabinete y evitar mostrarse con una expresidenta sentada en el banquillo de los acusados.