21 de julio de 2018 - 00:00

El impopular General Paz - Por Luciana Sabina

José María Paz era un hombre bastante bajo. Hablaba poco. Parecía tener el ceño siempre fruncido como insinuando distancia.

Para muchos, la amistad es algo sumamente sobrevalorado. Gracias a las memorias del general Paz sabemos que su prioridad no fue precisamente el cultivo de las relaciones personales y podemos inclinarlo hacia esa tangente.

Sarmiento, aun admirándolo, dijo que tenía la rarísima cualidad de hacerse impopular. Contadas personas supieron atravesar la coraza malhumorada y distante del general, pero la mayoría de sus contemporáneos fueron testigos de su comportamiento bené-volo y humanitario.

José María (en la foto) era un hombre bastante bajo, de espaldas anchas y dueño de un mentón resueltamente masculino. Hablaba poco. Parecía tener el ceño siempre fruncido como insinuando distancia. A diferencia de Lavalle y Gregorio  La Madrid, Paz nunca despertó demasiado entusiasmo entre sus tropas.

No compartía momentos con ellos y los obligaba a festejar misas. Era matemático, científico, calculador. Una batalla representaba una incógnita, un problema a resolver que lo absorbía por completo.

A lo largo de su carrera patria, el cordobés tuvo contacto con otros personajes de nuestro pasado, entre ellos  La Madrid, a quien  terminó detestando profundamente y destrozando en sus memorias.

"Mucho daño hicieron las ridículas fanfarroneadas del general La Madrid -comenta-, que ofrecía con su escuadrón de voluntarios y algunos cientos de riojanos marchar a Buenos Aires a derribar a Rosas y a todos los caudillos que lo apoyaban. Después de haber estrujado La Rioja, sin haber hecho mucho para convertir a nuestra causa a sus habitantes, quería a todo trance salir de esa provincia para correr otras aventuras".

Paz se muestra indignado en varias oportunidades con el prócer tucumano: "Llegó a mi cuartel general, vino a obsequiarme con una banda de cantores, y luego hizo lo mismo con otros jefes: todos tuvimos que sufrir tan fastidioso obsequio".

Aunque sin duda, lo que más indignó a Paz fue leer las memorias de La Madrid y destinó muchas páginas de las propias para refutarlo. Lo considera un ser devorado por los celos, la envidia y la malevolencia, algo que no imaginó hasta entonces.

Abuchea sus mentiras y no logra entender cómo escribió todo aquello, mostrándose victorioso cuando perdió cada batalla que dirigió y aún estaban todos vivos para desmentirlo.

Debemos decir en favor de don José María que más de una vez mostró disposición para entablar vínculos amistosos, pero no siempre funcionó. Al caer preso del bando "federal" se aburría tanto que, durante los primeros meses, solicitó la compañía de algún reo

: "Eligieron a un joven González -cuenta-, cordobés, a quien no conocía, el cual carecía totalmente de educación y de una mediana elevación de sentimientos. Sin embargo me acompañó y, por insignificante que fuese su sociedad, me sirvió de distracción: procuré atraer su atención a objetos útiles que pudieran instruirlo; quise aficionarlo a la lectura; pero todo fue imposible, y al fin se fastidió y tuvo la inconsecuencia de solicitar reserva demente que lo sacasen de mi lado para volver con sus compañeros, que estaban en un buque anclado en el río".

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