Los símbolos tienen el poder de comunicar algo complejo o difícil de comprender a través de una imagen, un objeto, una palabra, un lugar.
Los símbolos tienen el poder de comunicar algo complejo o difícil de comprender a través de una imagen, un objeto, una palabra, un lugar.
Por eso resulta frecuentemente un error decir que algo es “meramente simbólico”: sin símbolos, nuestra capacidad de comunicación se reduciría casi a cero.
A veces el símbolo es obra consciente de alguien, a veces se le atribuye un significado a un objeto, lugar, imagen, concepto o melodía preexistentes. Las Fuerzas Armadas son instituciones altamente formalizadas, con una fuerte apelación a la comunicación simbólica: uniformes, protocolo, ceremonial.
La razón es clara. Su eficacia depende de los siguientes factores: jerarquía, disciplina, entrenamiento y destreza técnica, identificación amigo-enemigo. El funcionario civil que se haga cargo de un ministerio con tan alta demanda de conocimientos técnicos debe comprender las características específicas de la institución, observarlas dentro de su condición y respetarlas. No es posible separar las formas de los contenidos o las funciones. La elocuencia de una imagen
¿Qué tipo de señal percibe una institución cuando un funcionario principal asiste a un acto protocolar (en la foto) como si se acabara de levantar una mañana de domingo y estuviera a punto de prepararse unos mates?
¿Qué tipo de señal percibe una sociedad respecto de la identificación de tal funcionario con su función?
No es posible que la ministra Frederic no fuera consciente de la significación de su aspecto y lenguaje corporal en ese contexto. Frederic se constituye en un símbolo contrario a la constelación de símbolos del ceremonial de la Armada: su responsable principal decide hacer una aparición de contenido antisimbólico. Uno de mis maestros decía que no se puede dirigir bien una institución en la que no se cree. La ministra Frederic parece no estar muy persuadida de la función específica de las instituciones de seguridad. Es notable la contradicción en la que incurren muchos funcionarios del nuevo gobierno: afirman haber llegado para defender y promover políticas de Estado pero manifiestan un desprecio por muchas de sus funciones propias e indelegables.
Para empezar, no es una experta en el área. Escribía papers sobre temas de Gendarmería desde la perspectiva de la antropología social. La lógica académica es distinta de la lógica del Estado.
Usualmente, la perspectiva de las ciencias sociales, tal como se las practica en la Argentina, está penetrada de ideologías críticas que más que comprender y explicar buscan impugnar y denunciar: en el mundo anglosajón son los “grievance studies” (estudios sobre agravios, quejas y reivindicaciones).
El desprecio o rechazo hacia las instituciones de seguridad puede observarse con el desempeño en un mes, como sintetizó el ex gobernador Cornejo. En un tuit reciente, Frederic explicó que para prevenir y enfrentar el delito “trabajaremos con las Fuerzas, no contra ellas”: lo que debería ser un presupuesto evidente, se convierte en una aclaración que causa más zozobra. y preocupación que confianza. Además de la lógica de reparto entre las facciones y los intereses corporativos integrantes del Frente de Todos, prima en la composición del gabinete de Alberto Fernández una preocupante falta de expertise y de perfiles especializados.
Ni siquiera ha primado el viejo criterio de selección del kirchnerismo: la preferencia por los leales por sobre los expertos. Pareciera que en esa lógica de reparto, todos hubieran tenido la capacidad de impugnar los perfiles de mayor lealtad de las facciones rivales.