5 de abril de 2015 - 00:00

El cineasta Gustavo Fontán filma “El limoneo real”, basado en la novela de Saer

El escritor y realizador Gustavo Fontán está filmando en un pequeño pueblo de la provincia de Santa Fe su nueva película, “El limonero real”, que se inspira en la novela homónima del escritor Juan José Saer para volver a indagar -como en sus filmes anteriores- en una narración subjetiva donde la memoria, la ensoñación, el paso del tiempo y la incidencia de la luz juegan un papel predominante.

Protagonizada por Germán de Silva (“Las Acacias”, “Marea baja”), el cineasta cordobés Rosendo Ruiz, la actriz Eva Bianco (“Los labios”) y habitantes de la zona que nunca antes habían estado frente a una cámara, el nuevo largometraje del autor de “El rostro” es rodado en la localidad de Colastiné, cerca de donde Saer tenía su casa y donde efectivamente se ambienta el relato en la novela.

“Estamos muy felices por lo que sucedió hasta ahora en el rodaje, porque en principio nos ayudó mucho el tiempo y eso es muy importante, ya que es una película en la que el movimiento de la luz es clave y para ello eran necesarias ciertas condiciones atmosféricas”, afirmó el director, muy entusiasmado y conforme, en una pausa en la filmación. Se trata de la nueva apuesta de uno de los autores más originales y arriesgados del panorama cinematográfico argentino, cuya obra se caracteriza por una forma narrativa muy interesada en la contemplación y en la percepción, en la investigación de las posibilidades poéticas de la imagen y en la utilización del tiempo como parte fundamental del relato.

En su trama, “El limonero real” narra la historia de tres hermanas, con sus maridos e hijos, que viven a orillas del río Paraná y se disponen a compartir el último día del año, pero deben enfrentarse a un hecho inesperado: una de ellas se niega a asistir al festejo porque está de luto, ya que su único hijo murió, pero ya hace seis años. Para Fontán, “esta negativa de ella estructura el relato y lo moviliza, y es como que de algún modo pone presente el tema de esa muerte, motivo por el cual hay dos ausencias que atraviesan el relato: la del joven muerto y la de su madre, que resignifica esa muerte”.

El río omnipresente, las variaciones de la luz, el baile festivo, el sacrificio del cordero y la comida, el vino y los cuerpos, todo es atravesado, desde la percepción de Wenceslao -su marido- por las dos ausencias: la de su mujer y la de su hijo muerto, cuya figura emerge cada tanto, otorgándole al relato una densidad creciente.

Según Fontán, “El limonero real” se inscribe en la búsqueda de un poética propia, que inició hace años con filmes como “El árbol” y “La casa”, y que se caracteriza por relatos subjetivos que no tienen que ver con el desarrollo prioritario de un argumento, sino con el entramado que los hechos conforman con la memoria y la percepción, con la idea de que el paso del tiempo se transforme en material sensible, sustancia audiovisual. Télam

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