A pesar de que su flamenco, a veces no tan puro como se espera, sigue siendo un placer disfrutar de un concierto de Diego El Cigala. Es que más allá de la fusión o el mestizaje que hoy inunda o enriquece su música (depende de dónde se lo mire), el gitano mantiene esa esencia inalterable en su voz.
El famoso cantaor madrileño con "Romance de la Luna Tucumana", disco ganador del Grammy Latino 2013 y que presentó en el auditorio Bustelo el jueves pasado, continúa con la línea que comenzó a transitar junto al inolvidable Bebo Valdés, en “Lágrimas Negras”, y que luego amplió con “Dos Lágrimas” y “Cigala &Tango”. En su nuevo material, con el cual cumplirá una gira de 30 conciertos, aborda el cancionero popular y folclórico argentino; chacarera, zamba, milonga con un tempo más jazzero y afrocubano.
El maestro del cante ofreció dos horas de espectáculos, donde deleitó al colmado auditorio, junto a un cuarteto que deslumbra: Jumitus (Jaime Calabuch) en piano, el contrabajista Yelsy Heredia, Isidro Suárez, en percusión, cubanos, y el guitarrista israelí, Dan Ben Lior, un virtuoso al que el Diego le da todo el escenario para que se luzca. Todo gran cantaor tiene a su lado un gran guitarrista, El Cigala tiene el suyo, pero es eléctrico algo inusual y que le da un toque particular.
Todos improvisan, todos maravillan y todos se divierten, pero sin dudas que Dan Ben Lior, es quien resalta, no sólo porque es un músico brillante y respeta los arreglos realizados por Diego García (guitarrista de Calamaro), que le puso personalidad al disco con el sonido twang (muy propio del cubano Manuel Galban, pero principalmente de Duane Eddy, que popularizó este sonido a fines de los '50 con su clásica guitarra Gretsch). Si no también porque aporta muy buen gusto en su improvisación, donde se nota largamente la influencia de Pat Metheny en sus dedos y su Epiphone. Un virtuoso que proviene del jazz, pero que le sacó rápidamente los yaites al flamenco.
El Cigala arrancó con "Canción de las cosas simples" y allí pegadito "Naranjo en Flor", "Los Mareados", donde le permitió lucirse a Heredia. Luego con " Milonga del Martín Fierro", continuó con la chacarera de Terán y Cuti Carabajal, "Dejame que me vaya", de allí a "Por una Cabeza" y fue paseando por todo el disco. Hizo un repaso por su obra comenzando por "Alfonsina", donde Jumitus hace alarde de su buen gusto y talento, al igual que en “Alfonsina” o en “Garganta con Arena”, y luego pasó a donde todos esperaban, “Lágrimas Negras”, que despertó a la audiencia.
Lo único curioso es que El Cigala no se escuchó muy bien, no sabemos si fue a causa de un problema de su voz y el desgaste de la gira o si el sonido del lugar no fue el apropiado. Faltó potencia.
El artista ha ido mucho más allá del flamenco clásico, y el secreto está en la elección de sus canciones. La versatilidad asombrosa de sumar sonidos se lo permite el talento y, por supuesto, su extraordinaria voz.