Cuando estaban ellos parecía que el tiempo no pasaba nunca. Ahora no puedo calcular cuántos días hace que perdieron, como en el placer de las vacaciones los días pasan plenos de asombro, veloces y disfrutables. Y se acabó el tiempo del miedo y de la duda, ahora el terror que intentaban imponer se les dio vuelta, el miedo lo tienen algunos de ellos.
Y el de ellos es otro miedo, es el temor a la Justicia, a ese espacio donde no se debate la pretensión de las ideas o del “modelo”, viene el tiempo de destapar lo robado, la profunda raíz de un sistema donde la corrupción intentó ser ocultada con las pretensiones revolucionarias. Y un autoritarismo rígido pero sobrado de pretensiones, persiguiendo disidentes como si la obligación pasara por enamorarse del discurso presidencial y de sus extravíos emocionales.
Y venían por todo, demasiada pretensión autoritaria para tan pobre propuesta política. Rara mezcla de empresarios de la prebenda con izquierdistas de regímenes derrotados. Modernos saqueadores con antiguos revolucionarios compartiendo las prebendas que surgen de asaltar al Estado. Los viejos marxistas deberían rememorar el asalto al “palacio de invierno”; triste, tanto leer a Marx para terminar apoyando a un gobierno tan solo porque les permitía gozar de las mieles del poder.
Peor fue lo de los peronistas, imaginar que el General que retornó como “león herbívoro” para dejar como herencia la paz pudiera tener algún parentesco con este odio sin razón ni sentido. Pudimos y necesitamos reiniciarnos desde el abrazo de Perón con Balbín, y no podemos reivindicar jamás el asesinato de Rucci y la expulsión de la Plaza.
Nuestro pasado es tan complejo como el de cualquier sociedad, claro que uno elige el espacio donde refrescar su memoria, y el kirchnerismo fue en eso el peor gobierno posible. Todo fue falsificado, usurpado, se inventaron un pasado que no tuvieron en las difíciles, convirtieron la dignidad de los derechos humanos en una forma de vida para demasiados que nunca lucharon por nada que no fuera a favor de sus propios intereses. En alguna medida, el kirchnerismo fue una selección de los peores. Que eso es lo que define a toda burocracia autoritaria, se valora la obsecuencia que termina siendo siempre el seguro camino a la decadencia.
Los conozco del tiempo en que los despedíamos cuando viajaban a Orlando, cuando los interrogábamos sobre su incomprensible falta de curiosidad por conocer Europa, y ahora me cuenta que uno de sus principales enemigos, además de Cristóbal Colón, es el Pato Donald.
Hasta alguno pretendía rebuscar en el pasado de los empresarios que habían apoyado a la dictadura, como si los Kirchner y sus socios no tuvieran nada que ver con la oscuridad de aquellos tiempos. Un grupo de mediocres intentando convertir los odios en rentables para su voracidad de cargos y de coimas.
Macri es de derecha o, mejor dicho, centro derecha, pero Scioli estaba más cerca de ser la nada que de ocupar una propuesta de izquierda. Y la Presidenta, en su despedida, desnuda la falta de grandeza de sus conductas, deja en claro que solo intentaron decorar con ideología al autoritarismo, darle sentido a la simple desmesura.
Qué triste son en la despedida, qué rastreros tratando de nombrar embajadores y forjar leyes con los votos de ayer que ya nunca van a recuperar. Esta atroz despedida muestra a las claras que no se imaginan con futuro, que la ropa que uno rompe es porque no piensa volver a usarla, y ellos deshonran los cargos y dejan con eso en claro que construyeron un futuro de ricos que nada tiene que ver con la política.
Hace años discuto que el kirchnerismo es tan solo una enfermedad pasajera del poder. El peronismo integró a los trabajadores, a las mayorías populares, nunca se refugió en el resentimiento. La guerrilla, lo mismo que el kirchnerismo, son fenómenos de clase media, pasajeros, más ligados al pasado que necesitamos superar que a los problemas del futuro de la sociedad.
El Estado termina siendo el refugio de los fracasados o la expresión de nuestro fracaso. La ocupación del Estado es el sueño de encontrar seguridad fuera de la competencia a la que obliga la vida. Cada vez son más los empleados públicos y más difícil se hace para los que producen mantenerlos. La publicidad del gobierno se paga con las necesidades que no se cubren de los humildes. La burocracia se impone sobre la sociedad, la ideología es una excusa para enriquecerse, hablan de los pobres tan solo con la intención de hacerse ricos.
Salimos de un falso izquierdismo autoritario para ingresar a un conservadurismo eficiente. Sin duda es un avance, pero necesitan gobernar desde el centro, ayudarnos a salir de los extremos, sean estos de la supuesta ideología que digan ser. El centro izquierda que ayer conformó Unen y el peronismo en su versión democrática, son los dos actores organizados que le faltan a la democracia para poder encontrar estabilidad definitiva.
Tuvimos suerte, mucha, logramos por poco superar la enfermedad del autoritarismo sin otro rumbo que la ocupación del Estado. Queda el temor de asumir que somos una sociedad con pocas reacciones a los intentos de degradar la democracia, con escasez de rebeldía.
La Presidenta se retira obligando a los oficialistas equilibrados a abandonar el barco, se retira con una actitud que solo sus fanáticos pueden defender, que solo los necios pueden justificar. Las derrotas desnudan a sus gestores, la realidad del gobierno que se retira es patética. Perdieron por poco, ya sin duda están desangrando sus huestes, preparando un mañana en el que perderán por demasiado. Se retiran los que quisieron “ir por todo”, viene un tiempo en el que les toca gobernar a los que sabemos que el futuro solo es posible si lo intentamos “entre todos”. Son dos maneras antagónicas de enfrentar la realidad.