Estaba el vago pastando cabras en Kaffa zona de Abisinia, hoy Etiopía, dejando pasar el tiempo al divino botón o al santo ojal cuando notó que sus cabras estaban algo eufóricas.
Estaba el vago pastando cabras en Kaffa zona de Abisinia, hoy Etiopía, dejando pasar el tiempo al divino botón o al santo ojal cuando notó que sus cabras estaban algo eufóricas.
Buscó el origen de tal manifestación y encontró una planta cuyos granos sus animales habían consumido.
Los probó y se sintió renovado en sus ganas, fresco en su alegría. El pastor se llamaba Kaldi e inmediatamente llevó muestras de hojas y de fruto de la planta hallada a un monasterio, donde los monjes lo probaron y encontraron bondad en el producto. Había descubierto el cafeto, que es la planta del café y, por derivación, el café.
Deberíamos agradecer a Kaldi la sorpresa que le había dado a toda la comunidad mundial, porque con los años el café se extendió de tal forma que 2.250.000.000 de pocillos de café se consumen en la actualidad en un solo día.
La historia de la difusión del café está llena de anécdotas y vicisitudes que para detallarlas no basta con una nota sino con una enciclopedia entera.
Pero el café, que alguna vez fue considerado moneda como el cacao de los mayas, no se quedó simplemente con ser infusión (el nombre cheto de una bebida): formó sus lugares en dónde consumirlo y entonces aparecieron en el mundo “las cafeterías”, “los cafés” -como se los conoce actualmente- o los “cafetines”, que alguna vez se atrevió a bautizar con poesía el gran Discepolín.
En estos momentos, en millones de lugares del mundo alguien está tomando un café. Se lo toma como alimento y como energizante, y constituye parte de la dieta común del ser humano.
Los cafés de nuestra ciudad tienen buena cantidad de clientes y, si bien sirven otras bebidas (y comidas), su finalidad primera y última es servir café.
Pero no es sólo una bebida, es propiciatorio de otras situaciones. De los encuentros, por ejemplo. ¡Cuántas relaciones propiciatorias han comenzado con la simple invitación: “¿Vamos a tomar un café”? ¡Cuántos amores se han iniciado ante la presencia de algún pocillo! ¡Cuántos negocios se han cerrado o se han arruinado frente al recipiente de líquido oscuro! ¡Cuántas amistades han encontrado en un café la instancia inicial de su cercanía!
A tal punto llega la preferencia por el café que muchos deberíamos ser considerados “cafeteros”, porque nos pueden faltar muchas cosas en la vida, pero el café es indispensable.
Se han encontrado muchas formas de prepararlo y de “domesticarlo” para que en la casa también se consuma, pero el recinto apropiado para el café... es el café.
Se los puede ver a los cafeteros aprovechando el tiempo libre para las buenas charlas entre amigos y sobre la mesa, repartidos, un enjambre de pocillos que han servido como motivación para la charla.
Ni se imaginó Kaldi la furia que había desatado por darle bolilla a sus cabras. Es un furor mundial. Difícil encontrar un país que no tenga entre sus ofertas el café.
Brasil es el gran productor mundial, pero entre nosotros compite con Colombia, que también le hace honor al buen sabor.
Estoy escribiendo ahora al lado de un pocillo de café, no sé si lo que escribo es propiedad mía o propiedad de él, porque sin él me pareciera que no me salen las palabras:
"Bien caliente y bien tirado
Ésa es la cuestión
El café debe ser
Como una confesión".