La crisis pública de la empresa madre del grupo Pescarmona presenta varias aristas, que son consecuencia de decisiones políticas tomadas por el Gobierno nacional.
La crisis pública de la empresa madre del grupo Pescarmona presenta varias aristas, que son consecuencia de decisiones políticas tomadas por el Gobierno nacional.
La empresa, por razones obvias, nada dirá al respecto mientras negocia condiciones para su salvataje, pero vale la pena repasar algunas de ellas.
La primera fue el cepo cambiario. Es que para una empresa como Impsa, que es de capital intensivo, la necesidad de crédito internacional es fundamental para poder encarar sus negocios.
Ninguna empresa de su porte tiene los recursos de caja para encarar estos proyectos. Por esa razón depende del crédito internacional, algo que el grupo tenía bien aceitado y por lo cual gozaba de prestigio.
El cepo hizo que hubiera restricciones al acceso de dólares, que el ingreso de divisas se liquidara a dólar oficial, perdiendo con la diferencia con el paralelo. Ésta fue una de las razones que llevó a Pescarmona a instalar una parte importante de su negocio en Brasil.
Además, el gobierno decidió acceder a préstamos chinos para financiar grandes obras, como las represas Jorge Cepernic y Néstor Kirchner, en Santa Cruz.
Impsa había ganado con uno de los consorcios, pero luego fue adjudicada al consorcio de Cristóbal López con una empresa china y las exigencias eran comprar tecnología de ese país.
Algo similar ocurrió con la compra de trenes y vagones ferroviarios, dejando de lado a empresas argentinas especializadas en la fabricación de unidades para este servicio.
La imposibilidad de cobrar a Venezuela y Brasil debería ser gestionada por el Gobierno, ya que muchas empresas fueron incentivadas por créditos recíprocos comprometidos entre ambos países.
Pero el colmo de todo fue el default de la deuda y el conflicto generado en la justicia de Nueva York. Argentina se quedó sin crédito y esto abarca no sólo a los Estados sino también a las empresas. Esto afecta a aquellos que compraban con crédito de los proveedores, algo que se ha perdido.
Para una empresa como Impsa el crédito es fundamental porque, en su sistema de trabajo, unas emisiones de bonos iban apalancadas con órdenes de compra y otros bonos. La pérdida del crédito genera un daño irreparable para el sistema productivo.
Ahora se buscan soluciones de emergencia, ya sea por subsidios a la mano de obra o, incluso, una eventual capitalización transitoria del Estado. Pero éstas son soluciones de corto plazo que no resuelven el problema estructural.
Impsa necesita que le adjudiquen obras, pero sin crédito tampoco podrá hacerles frente. Y para que vuelva el crédito será fundamental solucionar el tema del juicio con los holdouts y tomar medidas definitivas para poner fin a la inflación.
Esto último no pasa por amenazar a las empresas con la Ley de Abastecimiento, sino por tener una política fiscal y monetaria seria y consistente.
Rodolfo Cavagnaro - Especial para Los Andes