9 de noviembre de 2014 - 00:00

Efecto invernadero: ¿cómo podrían ser los próximos años?

Mientras no se avance en la lucha por disminuir el calentamiento global no será posible obtener beneficios evidentes para la vida en la Tierra. Los gobiernos tendrán que comenzar a tomar decisiones importantes y prácticas desde ya, porque el futuro está e

Los fenómenos climáticos van produciendo transformaciones en la Tierra que generan desequilibrios transitorios, a la vez que rápidamente se crean nuevos equilibrios, en otros niveles de relación pero equilibrios al fin.

Podríamos citar, a modo de ejemplo, el fenómeno del efecto invernadero como el gran desequilibrante de climas regionales ya que no es regular o uniforme en todos los puntos del planeta, de modo que en algunos lugares dicho efecto es de mayor o menor intensidad que en otros.

En esencia ese fenómeno consiste en una acumulación o capa de gases en la atmósfera alta que no dejan escapar el calor de la Tierra generado por la radiación solar. A su vez este estado atmosférico más caluroso genera los desequilibrios climáticos comentados, cuyas consecuencias iremos desarrollando.

En este contexto podemos esperar concretamente algunos fenómenos transitorios o estacionales, como inundaciones de zonas bajas, aluviones y deslaves que puedan complicar la vida de poblaciones costeras y zonas cercanas a cauces de ríos, y otros más duraderos y peligrosos como el derretimiento de los glaciares y hielos polares, con el consecuente aumento de la superficie de los mares que cambiaría el mapa del planeta por desaparición de las zonas bajas costeras e islas y archipiélagos bajos de los océanos.

Sin embargo, otros efectos podrían producirse como consecuencia del fenómeno descripto al principio y que es preocupación central de los científicos ambientalistas en general. La formación de nuevos e impiadosos frentes de tormentas violentas, ciclones y huracanes en las zonas calientes del planeta y en otras regiones hasta ahora más calmas.

Pues bien, lo expresado sería lo que hemos llamado al principio efectos desequilibrantes en el medio ambiente. Ahora analizaremos de qué manera, y según nuestra forma de ver, esos desequilibrios podrían naturalmente adecuarse a nuevas formas de relacionamiento entre fenómenos naturales, lo cual pasaría a constituir los llamados nuevos equilibrios.

Queda claro que mientras no se avance en la lucha por disminuir el calentamiento global no será posible obtener beneficios evidentes para la vida en la Tierra, y a cambio seguiremos corriendo los riesgos que ya todos conocemos, como: aumento en el nivel de los mares, aumento perceptible anual de las temperaturas promedio del planeta, aumento de la polución ambiental (aire, suelos, ríos y mares), reducción de áreas de siembra y pastoreo para la agricultura y ganadería respectivamente, desaparición de importantes zonas terrestres bajas, ciclones, huracanes y tormentas tropicales en más lugares, y desmontes de bosques para desarrollar más agricultura, presionados por la mayor población y por la mencionada pérdida de territorio sembrable a causa de una eventual desaparición de zonas bajas.

¿Cómo sería entonces el restablecimiento del equilibrio ambiental y cómo quedaría el nuevo escenario después de los probables fenómenos explicados?

En primer lugar, el deshielo acelerado provocaría aluviones y éstos podrían fertilizar otras regiones del planeta hoy sin acceso al agua; esto va asociado a un probable cambio del cauce principal de muchos ríos que no necesariamente perderían su lecho actual. Claro que todo esto duraría un tiempo limitado, en rigor hasta que se acaben los hielos de las montañas y los polos.

Sabemos que el Polo Sur es continente y el Polo Norte sólo agua. Entonces, en caso de derretimiento total de ambos tendríamos un nuevo continente (Antártida) con tierras seguramente aptas para el cultivo de los alimentos más resistentes a temperaturas frías, ganado y asentamientos poblacionales (no vamos a considerar aquí aspectos políticos relacionados con eventuales conflictos sociales relativos a la propiedad de esas nuevas tierras). El Polo Norte, en cambio, serviría para desarrollar nuevas rutas marítimas de transporte que beneficiarían al comercio entre países de ese hemisferio.

El hielo que se derretiría en el océano enfriaría sus aguas y evitaría la muerte del plancton marino principalmente en las zonas cercanas o su descalcificación, que es el fenómeno que ahora está sufriendo, mientras que en las zonas tropicales el aumento de las temperaturas provocaría mayor evaporación y consecuentemente mayor cantidad de lluvias en las zonas tropicales y templadas, reforzando así el aumento de zonas de siembra y crianza de ganados.

Nos quedaría un mundo terrestre más chico y más concentrado poblacionalmente con muchos procesos naturales que deberían cambiar y no tanto en el reino animal ni vegetal porque de ellos vivimos, sino en nosotros mismos, comenzando por limitar la tasa de crecimiento si fuera posible a 0%.

La ciencia humana debería trabajar en el área de investigación para cambiar gradualmente la forma de alimentación y mantenimiento de la calidad de vida así como la ciencia política ocuparse de redistribuir las poblaciones en áreas de seguridad y evitar todo conflicto en el proceso.

Ya hubo procesos de riesgo de la vida humana colectiva en el pasado, de algún modo anunciada siglos atrás por Thomas Malthus, pero la humanidad reaccionó a través de la revolución verde en primer lugar y luego con los avances de la medicina. Nada indica que no se podrá repetir este fenómeno, naturalmente que en otros niveles tecnológicos, pero para ello hay que ya comenzar a discutir esto en todos los foros desde su primer nivel que es el IPCC (Panel intergubernamental para el cambio climático -siglas en inglés-) y aún en nuestras propias familias.

Por su parte, los gobiernos tendrán que comenzar a tomar decisiones importantes y prácticas desde ya, porque el futuro está en gran parte en su accionar, sabiendo que el desarrollo económico no es incompatible con el cuidado del medio ambiente.

El IPCC ya ha definido en 2007 que la temperatura del planeta no debería aumentar más de dos grados desde la era preindustrial hasta ahora, de modo que no sirven de nada las declaraciones y anuncios políticos de los gobiernos de proyectos, faraónicos o no, que nunca salen del papel o salen sin sujetarse a principios ambientales. Es la hora del compromiso total con la casa que nos cobija a todos: la Tierra.

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