9 de febrero de 2013 - 23:18

EEUU y su guerra económica con Irán

En las últimas semanas, EEUU ha aumentado considerablemente las restricciones económicas contra Irán a fin de que las autoridades de ese país se avengan a negociar su política nuclear. En esta nota se cuenta cómo viven el sitio los iraníes.

A lo largo de Teherán, esta ciudad de 12 millones de habitantes, hay altos edificios en construcción, ingenieros locales y contratistas chinos se apresuran para terminar una carretera de múltiples niveles, en tanto las calles están tapizadas de vallas que promueven las tabletas más recientes y lavadoras de ropa hechas por empresas surcoreanas como Samsung y LG.

Los supermercados están abastecidos plenamente y es como si nuevos restaurantes y locales de comida rápida estuvieran abriendo cada día, y nunca les faltaran clientes.

En pocas palabras, no sabrías que las exportaciones de petróleo provenientes de Irán han bajado en un millón de barriles al día, y que la caída libre en la divisa ha ocasionado enorme inflación; el resultado tanto de sanciones encabezadas por EEUU y Europa como malos manejos de la economía por parte del gobierno iraní.

Occidente escaló la guerra económica otro nivel este miércoles, imponiendo nuevas restricciones enfocadas a obligar a Irán a lo que equivale una forma de comercio de trueque por petróleo, debido a que los pagos por entregas de petróleo ya no pueden ser enviados a cuentas dentro de Irán.

Un funcionario de alto nivel de Obama dijo que el último paso era “un apretón considerable de la tuerca”, repitiendo el argumento de la Administración durante cuatro años en el sentido que los mulás enfrentan una “clara decisión” entre aferrarse a su programa nuclear y revivir sus ingresos del petróleo, la sangre vital de la economía del país.

Sin embargo, hay poca confianza entre funcionarios estadounidenses -y escasa evidencia en las calles de Teherán- de que incluso sanciones ahora más severas tengan grandes probabilidades de obligar al líder supremo de Irán, Ali Jamenei, a cerrar el trato que la mayoría de los estadounidenses y europeos, e incluso algunos israelíes, dicen que podría restarle fuerza a la crisis.

Si bien son fuente de quejas constantes y bromas mórbidas, las sanciones no han desatado disturbios por precios o seria oposición al gobierno iraní. De hecho el año pasado no fue tan malo, como dijo Said Ranchian, de 39 años, tendero que promovía perfumes en el Gran Bazar de Teherán, el otro día mientras bebía té y grandes grupos de compradores pasaban por ahí, caminando por aceras recientemente pavimentadas. Rodeado de colonias con elaborados nombres extranjeros como “Le Chevalier Primero”, Ranchian reconoció que con los precios duplicándose y la divisa de Irán cayendo, “se esperaría que la gente comprara menos”.

Agregó: “Pero, en Irán, cuando los precios suben, la gente empieza a comprar más, temiendo precios incluso más altos”, explicó, diciendo entre risas que la economía del país “tiene reglas que nadie entiende”.

Funcionarios de la Administración quedaron perturbados ante un nuevo análisis, preparado para el presidente Obama y su personal, que pinta una imagen del líder supremo tan aislado de lo que está ocurriendo con los ingresos petroleros de su país que les está diciendo a los visitantes que las sanciones le están haciendo más daño a EEUU del que le hacen a Irán: “El pueblo pudiera estar sufriendo en Irán”, dijo un oficial de alto rango involucrado en la estrategia de Irán la semana pasada, “pero no así el líder supremo, y él es el único que cuenta”.

Los contornos de un trato nuclear han estado claros durante meses: un acuerdo iraní para limitar el número de centrifugadoras que tiene produciendo uranio, así como el embarque de buena parte de sus reservas más potentes -la sustancia que puede ser convertida en combustible para una bomba- fuera del país.

Tendría que acceder también a exponer el historial de trabajo nuclear, quizá incluido tecnología de armas, que se ha negado a mostrarles a inspectores internacionales. A cambio, Irán recibiría un reconocimiento de que tiene derecho a un enriquecimiento nuclear con fines pacíficos, así como un levantamiento gradual de las sanciones.

En vez de eso, Irán anunció la semana pasada que desplegaría una nueva generación de centrifugadoras, de cuatro a seis veces más potentes que la generación actual. Y si bien EEUU, sus socios europeos, Rusia y China accedieron a reanudar conversaciones con los iraníes al final del mes, funcionarios de la Administración tienen bajas expectativas sobre los resultados.

“Los iraníes no querían estar en estas pláticas, y es difícil imaginar cualquier tipo de trato antes de sus elecciones” en junio, destacó un alto funcionario, refiriéndose a la próxima votación presidencial. “Quizá si tuvieran que soportar dos años más de dolor”.

Eso no necesariamente significa que las sanciones no hayan logrado tener efecto alguno. Todas las transacciones financieras han sido cortadas, dificultándole enormemente a los iraníes efectuar pagos al extranjero. Europa está boicoteando por primera vez el crudo de Irán, lo cual le está costando al país de 4.000 a 8.000 millones de dólares cada mes.

Las sanciones existentes sobre transacciones financieras también han obligado a Irán a participar en un desfavorable comercio de trueque de petróleo por bienes con sus mayores clientes, China e India. Bienes chinos y medicina de la India son presentados de manera prominente en tiendas y farmacias a lo largo del país.

Y ahora, la inventiva económica del iraní será puesta a prueba nuevamente. Bajo la nueva aplicación de duras medidas, Estados Unidos está volviendo más estrictas las reglas que gobiernan a países a los que ha permitido seguir comprando petróleo iraní, siempre que demuestren que se están alejando gradualmente de él.

De ahora en adelante, cuando China, Japón, Corea del Sur e India, entre otros, paguen por entregas de petróleo, se les exigirá poner ese dinero en una cuenta de banco local, la cual puede ser usada por Irán solo para comprar bienes dentro de ese país.

Es una forma de impedir que el dinero sea repatriado algún día a Irán, incluso a través de terceros. Bajo leyes estadounidenses, a los transgresores se les negaría acceso al sistema bancario de Estados Unidos, aunque como punto político es difícil imaginar que eso se haga valer algún día. En el ínterin, el presidente Mahmoud Ahmadineyad le solicitó al Parlamento que apruebe más dádivas en efectivo para la mayoría de los iraníes, como colchón para los tiempos más duros en el horizonte.

“Por supuesto, la situación podría ser mucho mejor, la gente se está estirando hasta su límite financiero”, dijo Ranchian. “Pero, cuando menos por ahora, lo están manejando”.  “Si las sanciones, malos manejos del gobierno e inflación continúan naturalmente en el futuro, encontraremos serias dificultades”, destacó Mohsen Farshad Yekta, catedrático de economía en la Universidad de Ciencias Económicas en Teherán.

Justo ahora, subalternos de Obama al parecer se conforman con un atolladero. Creen que Jamenei está procediendo con el programa nuclear en la forma más incremental, evitando cuidadosamente ir por arriba, cuando menos por ahora, de una reserva de más de 250 kilogramos de uranio medianamente enriquecido. suficiente para hacer una sola bomba.

Sin embargo, para intentar demostrar su seriedad, las fuerzas armadas de EEUU y dos docenas de aliados llevarán a cabo un ejercicio esta semana en el Golfo Pérsico, practicando la intercepción de tecnología y armas prohibidas que se dirijan a, o vengan de, puertos iraníes.

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