3 de marzo de 2013 - 23:49

La educación hoy

La Educación ha constituido, en diferentes épocas y países, una temática importante; lo que ha variado con respecto a hoy es, evidentemente, el sector social al que se le prestaba o presta especial atención.

Cuando la población se dividía entre la nobleza, los comerciantes o artesanos y el pueblo, lo que denominamos el pueblo servía tanto para ciertas actividades laborales como para las tareas agrícolas u oficios duros y sacrificados.

Mientras que quienes contaban con una educación, evidentemente acorde con los tiempos en los que se vivía, fueron los miembros de la nobleza, y a medida de que podían pagar los servicios los sectores que hoy denominamos grupos medios.

Pero el mundo cambió, felizmente y poco a poco la educación se transformó en un bien social. Mucho debemos en la Argentina, aunque sea redundante decirlo, al pionero de la educación, Domingo Faustino Sarmiento y a todos aquellos que fueron capaces de ir construyendo unos de los pilares de nuestra nación, la educación, a través del crecimiento de la escuela pública, así como con la creación de instituciones destinadas a la formación de maestros; nos estamos refiriendo, claro está, a las Escuelas Normales.

Allí, en las escuelas, se configuró una institución capaz de atender a todos los sectores sociales lo cual, lamentablemente, no indica que por ello todos tuvieron acceso a ella.

Hoy nos encontramos con una realidad diferente. La escuela es una institución pública, gratuita, atendida por el Estado o sostenida por las familias cuando se trata de una institución privada. En tal sentido es preciso reconocer la labor realizada por varias instituciones religiosas, las que muy tempranamente comenzaron su tarea en nuestro país.

Algunas de las funciones básicas de la escuela son las de enseñar a leer y escribir, así como a tomar conocimiento de los hechos históricos, de lo que concierne a la geografía y a los diferentes abordajes científicos, adaptando los contenidos a la edad de los alumnos.

Cabe, en este sentido, preguntarse qué significa leer y escribir en su sentido concreto. Conocer las letras y su pronunciación es la tarea básica, luego pasamos al significado de las palabras y luego a la oración y al texto.

Comienza allí el valor incalculable de la función educativa: comprender, contextualizar, asociar, enriquecer el acerbo cognitivo y la posibilidad de poder expresarse, en forma eficiente, sobre todas las temáticas que se compadecen con la edad cronológica.

La tarea de colaborar con la escuela, en la elaboración de las tareas y en el estudio de las distintas temáticas -que en los grupos medios y altos se cumple con la colaboración de un docente o familiar- es más difícil en los sectores sociales con menos posibilidades económicas o sociales.

Un modelo interesante para la realización de dicha actividad se encuentra en países como Cuba o en la localidad de Medellín en Colombia donde, a pesar de sus dificultades económicas, han otorgado mucho esfuerzo a la educación, al funcionar con un doble turno: mañana y tarde, por lo cual niños retornan al hogar con sus tareas cumplidas.

El universo extenso del conocimiento, no se adquiere en poco tiempo, pero al ser la escuela el instrumento con el que cuenta la sociedad global, allí se elabora la metodología con la que se pueden proporcionar las variadas temáticas que configuran el conocimiento necesario.

Sin embargo nos encontramos con problemáticas reiteradas y graves, tales como la deserción y el ausentismo. Cabe preguntarse qué los motiva. A tal fin es importante contar en las escuelas con personal especializado, psicólogos y psicopedagogos, a efectos de relevar dichas motivaciones.

Algunos autores señalan que el abandono se produce cuando el niño, el adolescente o el joven se siente inferior social o culturalmente frente a sus compañeros, o cuando tiene dificultades de comprensión.

En nuestra época es preciso vencer los factores negativos que entorpecen la formación educativa.

Es muy posible que las instituciones y sus docentes pueden expresar qué acontece en su escuela frente al problema del ausentismo y el fracaso, pero entendemos que, al tratarse de un problema social que por sus motivaciones excede a la institución, todos debiéramos realizar el aporte que nuestra condición y actividad nos permitan para coadyuvar a que, en poco tiempo, podamos haber eliminado el ausentismo y el fracaso.

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