Sobra recesión, falta proyecto de crecimiento

Como nunca, el país necesita de un proyecto de crecimiento que determine las áreas por promover y las políticas destinadas al logro de los objetivos propuestos. Nada de ello será posible si sólo se presta atención a gráficos y a estadísticas, y a la eventual aprobación de leyes que por sí solas no cambian nada.

Foto: Orlando Pelichotti
Foto: Orlando Pelichotti

Con años de experiencia acumulada en materia de fallidos económicos, la Argentina casi no necesita recordar que ninguna terapia puede ir más allá del cuerpo del paciente. Que el remedio debe ser proporcional a la enfermedad y siempre debe privilegiar la supervivencia del afectado. Pero no deberíamos olvidar nuestra propensión a desentendernos de los errores a los efectos de poder repetirlos.

Venimos, como se sabe, de un período de gobierno de cuatro años que agravó todos los indicadores, al insistir en recetas ya fracasadas, por lo que la lógica más elemental imponía un ejercicio de prudencia racional al encarar un plan de estabilización. Pero se ha preferido un tratamiento breve que consiste en amputar para no perder tiempo y recursos en curaciones.

De esa manera, la fuerte restricción monetaria y el recorte total de recursos a diversos sectores ha derivado en una recesión con inflación y en una pérdida de poder adquisitivo y de ahorro que disparó los números de la pobreza a niveles inaceptables. Es difícil imaginar un futuro mejor con más de 50% de pobres.

Según un informe del Indec. los sectores que tuvieron alguna mejoría fueron la minería, la pesca y parte del agro, con muy baja incidencia en los números finales de la actividad económica nacional. En suma, las áreas que podrían traccionar la recuperación están ralentizadas o deprimidas. Suena como si otra vez se hubiera instalado entre nosotros el debate que proponía la dictadura militar al sostener que Argentina debía optar entre producir acero o caramelos. Por lo que se ve en estos días, hay quienes ven muy complicado lo del acero.

Padecemos las contingencias de volver a enamorarnos de un instrumento para convertirlo en un fin: cerrar números en una planilla para paliar un déficit y celebrar como una hazaña que ello se consiga con un alto costo social y económico.

Como de costumbre, en algún momento se nos olvidó que las medidas de contención debían ser acompañadas de un programa que fuera más allá de las recetas monetaristas, cuyas evidentes limitaciones algunos parecen no registrar.

Como nunca, el país necesita de un proyecto de crecimiento que determine las áreas por promover y las políticas destinadas al logro de los objetivos propuestos. Nada de ello será posible si sólo se presta atención a gráficos y a estadísticas, y a la eventual aprobación de leyes que por sí solas no cambian nada. Estamos donde estamos por carecer de un proyecto, de eso se trata.

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