28 de febrero de 2026 - 00:00

Se deben evaluar causas de la indiferencia ciudadana

Es probable, por qué no, que la saturación sea una de las más importantes causas de la falta de voluntad de la gente para cumplir con el voto. Pero también cabe preguntar cuánta responsabilidad tiene esa dirigencia, mediando la evaluación ciudadana de su desempeño, en el rechazo popular cada vez más a la vista.

Las recientes elecciones municipales en seis departamentos de Mendoza confirmaron la generalizada apatía de la ciudadanía al ser convocada a votar. La poca participación fue en línea con la tendencia que se observó en el país el año pasado, con calendario desdoblado de varias provincias. El ausentismo mendocino fue noticia nacional.

Pueden aparecer en este caso varios aspectos para justificar la amplia ausencia, pero siempre sobresale la idea de una posible saturación de la gente por abundancia de citas electorales. De ese modo, paulatinamente representantes y representados se van acomodando a una tendencia que puede llegar a derivar en un debate sobre la futura no obligatoriedad del voto ciudadano.

En ese contexto todo cambio es posible, ya que se combinan en este momento de la vida democrática de la Argentina la mencionada apatía ciudadana con la intención del gobierno nacional de ir gestando una reforma electoral, que por el momento incluye la necesidad o no de las primarias abiertas más otros aspectos puntuales que seguramente se debatirán en el Congreso de la Nación.

Queda en claro que la propia política deberá evaluar su eficacia. Porque ante ese planteo de reforma que viene llevando a cabo el Poder Ejecutivo Nacional serán los propios dirigentes y legisladores los que tendrán que tomar decisiones a futuro, basados en el balance que ha dejado la vida democrática desde 1983 a la fecha.

Es probable, por qué no, que la saturación sea una de las más importantes causas de la falta de voluntad de la gente para cumplir con el voto. Pero, como hemos señalado desde este espacio en más de una oportunidad, también cabe preguntar cuánta responsabilidad tiene esa dirigencia, mediando la evaluación ciudadana de su desempeño, en el rechazo popular cada vez más a la vista.

No se debe olvidar que la sociedad argentina mostró su postura con el paso de los años. La crisis de 2001 puso en jaque a la dirigencia en su conjunto, sin distinción de partidos o ideologías. Hubo alguna violencia y agravios públicos. Y con posterioridad, en medio de una situación social y económica para nada ideal, que se fue agravando con las distintas gestiones, se llega a este otro tipo de expresión, basado en el enojo manifestado mediante la indiferencia ante la falta de credibilidad generada por la dirigencia política.

Por lo tanto, gran responsabilidad le cabe al actual oficialismo nacional, respaldado por un importante porcentaje de argentinos que lo votaron, tender puentes para que la política vuelva a ser creíble. La eficiencia del Estado debería fortalecer la periodicidad del voto. Por ello lo más saludable para la vida republicana consistiría en una mucho mejor valuación de la labor de los representantes del pueblo.

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