15 de febrero de 2026 - 00:00

Elecciones municipales frente al interés ciudadano

Al margen de la valoración de la gestión municipal que se desprende necesariamente de una elección desdoblada, es indudable que un grado de inquietud importante es generado por el creciente nivel de apatía electoral demostrado en Mendoza y el país en los últimos años.

Se aproximan las elecciones municipales en seis departamentos de nuestra provincia. Probablemente surgidas en gran medida de la estrategia política, válida al fin, contienen a la vez la expectativa de lograr en el electorado una valoración de lo que el Estado debe cumplir en la cercanía con sus vecinos.

Este aspecto resulta de suma importancia. Por ello tradicionalmente el nivel de gestión municipal ha sido considerado el primer ámbito de la democracia, porque en él se forman dirigentes que con el tiempo adquirirán experiencia para ejercer mandatos populares de mayor nivel y exigencia. Y también en la órbita municipal suelen desempeñarse representantes vecinales de cierta trayectoria cuya mayor o única aspiración es atender las inquietudes de sus vecinos y por ello realizan su trayectoria pública sólo en ese contorno.

Al margen de la valoración de la gestión municipal que se desprende necesariamente de una elección desdoblada, es indudable que un grado de inquietud importante es generado por el creciente nivel de apatía electoral demostrado en Mendoza y el país en los últimos años.

Probable desencanto en la clase dirigente manifestado básicamente en la indiferencia ante la posibilidad de ejercer el valorable derecho al voto.

Pese a dicho contexto, nuestra provincia tuvo la posibilidad de destacarse entre los distintos distritos en la última elección, del 26 de octubre de 2025, superando, incluso, a la Nación con un promedio de 71,5% de participación ciudadana. Un número de todos modos bajo en la trayectoria marcada por 42 años de democracia.

En el plano evaluativo, se puede indicar que el desdoblamiento siempre es positivo porque tiende a enfocar tanto en los reclamos como en los proyectos de la jurisdicción que se incluye en el proceso electoral, ya sea provincial o departamental. El problema radica, verdaderamente, en el nivel de credibilidad de la población en sus representantes y, por ende, en el grado de saturación que expresan los bajos porcentajes de votación creciente en los últimos años.

Mucho se especula con la injerencia distrital en una elección de más porte. Por ello es frecuente, como ocurre periódicamente en Mendoza, que el oficialismo de turno inste a sus intendentes a no desdoblar para valerse, en la mayoría de los casos, de la tracción electoral proveniente de los territorios municipales.

Si el nivel de indiferencia no fuese el que objetivamente se refleja en las estadísticas, lo más correcto sería que cada dos años se votase en forma separada por cargos nacionales, provinciales y municipales. Es correcto pensar que ello puede suponer la posibilidad de una saturación en la ciudadanía, pero también hay que hacer notar que en circunstancias normales la política no debería generar la apatía que hoy produce. Los resultados del domingo 22 dirán hacia dónde se inclina la balanza.

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