13 de enero de 2026 - 00:00

Refugios climáticos para atemperar el tórrido verano

Se inauguró el primer prototipo de refugio climático en Parque Lineal Nicolino Locche de Ciudad. Es un desarrollo de un instituto del Conicet que contribuye a aliviar el calor agobiante del estío y que los municipios deberían reproducir en sus jurisdicciones.

El estío en Mendoza (diciembre a febrero) se caracteriza por ser una temporada de temperaturas altas, pocas lluvias y un sol intenso, ideal para disfrutar del turismo al aire libre, pero agobiante en barrios donde el calor persistente complica la vida de miles de personas, especialmente la de mayor edad y los niños.

Por eso el refugio climático inaugurado recientemente en el Parque Lineal Nicolino Locche (avenida Perú al 2.800 de la capital mendocina) es una oferta práctica que la investigación científica ha desarrollado para permitir condiciones más confortables y seguras frente al calor agobiante de esta parte del año.

Dicha propuesta fue liderada por estudiantes de Arquitectura de la Universidad de Congreso, Diseño Gráfico de la Universidad de Mendoza e investigadoras del Instituto de Ambiente, Hábitat y Energía (Inahe) del Conicet.

La investigación tomó como punto de partida la identificación y caracterización de los sectores de la ciudad donde habita la población más vulnerable al calor: adultos mayores de 65 años y niños. A partir de allí, se planificó una red teórica de potenciales ubicaciones para la instalación estratégica de refugios climáticos.

Estos refugios urbanos son un espacio diseñado para ofrecer condiciones más amigables y seguras frente a extremos climáticos, especialmente durante el tórrido verano mendocino. Su objetivo principal es proteger la salud y el bienestar de las personas, siendo fundamental en zonas áridas como Mendoza, donde las islas de calor urbanas y la falta de sombra hace que sitios sean poco menos que transitables durante el día.

En muchos casos, no se trata de construir nuevas infraestructuras, sino de adaptar espacios existentes -como bibliotecas, museos y otros edificios públicos- para que también funcionen como refugios térmicos. La clave de una red efectiva es su accesibilidad y distribución estratégica en las zonas con mayor exposición al calor. El prototipo instalado en el Parque Nicolino Locche, fue diseñado en su totalidad por los miembros del proyecto.

Ahora bien, la iniciativa es un desarrollo de ciencia aplicada, producto del trabajo de investigación de una unidad de carácter público, el Inahe, integrante del Consejo Nacional de Investigaciones de Científicas y Técnicas (Conicet). Por tal motivo, su aprovechamiento debería interesar a los demás municipios, en principio del Gran Mendoza y por qué no del resto de la provincia.

Los costos de implementar este recurso no deberían amedrentar a los administradores de municipios y oficinas públicas. Reproducir estos espacios en diversos lugares aportaría una cualidad más a una provincia que brega por la resiliencia urbana y la equidad ambiental.

Mendoza es muy ponderada a nivel mundial por su condición de “ciudad bosque”, y si lograra afirmar la distribución de estos refugios en su territorio obtendría más adhesiones a la hora de elegir un destino para viajar. Sin descartar, además, que aportaría un servicio saludable y accesible para los vecinos que deben seguir trabajando en pleno verano.

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