Un reciente libro sobre cambio climático, el autor especializado en el tema, Horacio Fazio, licenciado en Economía y doctor en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires (UBA), pone a consideración los problemas actuales que enfrena la humanidad y que no son ajenos a la realidad argentina, dentro de la cual se inscribe la provincia que habitamos.
El libro, titulado “Breve introducción al cambio climático” resume la problemática del calentamiento global de la Tierra (CG)y el consiguiente cambio climático (CC).
El responsable de la investigación, con lenguaje no científico especializado sino más bien de divulgación científica, aborda la crisis climática por la que atraviesa el mundo, que no es solo un problema científico, sino una cuestión política, económica y social de alcance global.
El cambio climático, pese al negacionismo que existe en no pocos países, es el principal problema de la humanidad que afecta sobre todo a la niñez y juventudes mundiales y, naturalmente, a las generaciones futuras. Las emisiones globales de Gases de Efecto Invernadero (GEI) no deberían sobrepasar los 1,5 ºC, pero para ello el mundo tendría que alejarse rápidamente de la quema de combustibles fósiles, la causa número uno de la crisis climática que nos afecta.
Para el especialista que consultamos, el cambio climático no tiene solución como vamos. “En los últimos 30 años -sostiene- desde que se sobrepasó el límite seguro de emisiones globales de GEI. Y se iniciaron coincidentemente las reuniones y los acuerdos internaciones en torno al CC, no hubo solución alguna”.
Sin embargo, la obra se cierra con la consideración de que puede haber una solución del CC climático en alguno momento.
“Es posible - dice el especialista-. ¿Alguien puede dudar que el día en que ciudades como Nueva York, París , Berlín o Londres, se vean asoladas por un catastrófico desastre climático no cambiaría la forma actual de abordar el problema del CC? Es muy probable que recién en ese momento los propios países -especialmente los del Norte global- implementen acuerdos internacionales obligatorios y justos sobre la mitigación y adaptación al CC con resultados efectivos, aunque no inmediatos”.
Como Mendoza no está exenta de este delicado cuadro de situación, debemos prevenirnos y actuar. Una meta sería lograr la descontaminación del acuífero de la subcuenca El Carrizal, en la zona de Perdriel (Luján), que está afectado por sustancias químicas altamente tóxicas.
También habría que superar la alta contaminación del canal Pescara, un perjuicio gravísimo para la salud humana porque sus aguas trasladan productos químicos, metales, efluentes cloacales y desechos industriales.
Otros temas a atender son los basurales a cielo abierto que todavía quedan en los oasis mendocinos, la crisis hídrica por escasez, la expansión urbana no planificada en el piedemonte, y, como meta, lograr que la minería que se avecina sea extremadamente controlada y no provoque la contaminación del agua.