Piedemonte, incendios y la necesidad de prevenir

Lamentablemente los últimos incendios en el piedemonte mendocino, desencadenados en medio de un intenso viento Zonda, hicieron resurgir graves falencias de seguridad en la urbanización de esas zonas precordilleranas. Urge aumentar la prevención de riesgos de interfase en siniestros como los producidos hace pocos días.

Piedemonte, incendios y la necesidad de prevenir
Impactantes tomas aéreas de los incendios en el piedemonte. Foto: Gentileza Micarellis

Los recientes incendios que se registraron en vastas zonas del piedemonte mendocino como consecuencia del viento Zonda, causaron daños de magnitud al Estado y a particulares.

Tras la destructiva acción del fuego, el Gobierno provincial decretó la emergencia ambiental y habitacional en toda la provincia.

Este auxilio debe prosperar lo más rápido posible y permitir que las familias afectadas recuperen en parte los patrimonios que fueron consumidos por las llamas, en un vasto frente precordillerano que va desde Blanco Encalada-Las Compuertas (Luján de Cuyo) a las zonas aledañas a El Challao-cerro El Arco (Las Heras).

¿Se combatió con acierto el fuego que se expandió en un amplio territorio? La respuesta provendrá de quienes analizarán el desplazamiento y accionar de los rescatistas, públicos y privados, que se concentraron en el terreno. Lo que sí sabemos es que los hombres y mujeres desplegados en los distintos escenarios en llamas se jugaron ‘el todo por el todo’ y mantuvieron un combate de muchas horas, en varias ocasiones exponiendo sus vidas. Se trató de una fuerza de 130 personas, incluyendo efectivos del Plan Provincial de Manejo del Fuego (PPMF), bomberos voluntarios y oficiales de Policía de Mendoza y personal municipal.

Tendrá que analizarse serenamente si a las cuadrillas de ataque no les faltó anticipación en el accionar y pese al gran coraje exhibido, en muchas ocasiones fueron detrás de las llamas sin un efectivo plan de anticipación en las tareas de combate de los distintos focos de incendio.

Por otra parte, y puesto a consideración el fenómeno ocurrido -viento extremo y rápida propagación del fuego-, cabe preguntarse si fueron aprendidas las lecciones que dejaron episodios anteriores.

Allí la expansión inmobiliaria fue vertiginosa en los últimos años y esos distritos lujaninos concentraron la radicación de unidades habitacionales para vivienda familiar y otras destinadas al turismo. Lo mismo puede decirse de los conglomerados habitados que se distribuyen en el Camino de la Unión hacia el oeste.

Con posterioridad a incendios de campos ocurridos en 2018, este diario consultó al entonces experto al frente del Plan Provincial de Manejo del Fuego, Guillermo Ferraris. Este especialista había advertido entonces la fragilidad de la zona debido a la construcción proactiva de numerosos inmuebles para vivir o alquilar, pero sin que se consideraran a pie juntillas las medidas preventivas frente a posibles eventos como los que acabamos de sufrir.

Se ha construido, como decimos con entusiasmo, pero sin aplicar con rigor disposiciones existentes para enfrentar en mejor condición el flagelo de un siniestro de las características narradas: insuficiencia de picadas abiertas para el desplazamiento de las unidades de bomberos, techos de paja, paredes hechas con elementos muy combustibles, cercos vivos al lado de la ubicación de tanques de gas y otras carencias. Algo se hizo en un momento, pero a posteriori se dejaron muchas medidas pendientes.

Las graves consecuencias tanto en viviendas como la afectación de la flora y fauna autóctonas ya están consumadas. Los daños materiales se reportan como muy graves para las personas afectadas, toda vez que en algunos casos implica la pérdida total de sus viviendas y/o de los espacios destinados al turismo y que constituyen el sostén indispensable y supervivencia de las familias. También hubo afectación en escuelas y otras instalaciones del sector oficial.

Se impone ahora la reconstrucción de los inmuebles arrasados y comenzar en paralelo con un plan de seguridad contra incendios, que contemple la implementación de medidas preventivas y el control periódico de que los procedimientos de vigilancia se cumplan. Enorme desafío para evitar desastres como el ocurrido.

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