Un profundo impacto causó en la comunidad el desgraciado incidente de tránsito en el que murieron dos escolares, de 7 y 10 años, quienes perdieron la vida al ser atropelladas por un ómnibus del transporte público, en la tarde del miércoles 24 de este mes.
Las menores habían descendido de otro transporte de la misma línea que circulaba hacia el este por la calle Lavalle, en el distrito El Algarrobal de Abajo, de Las Heras. Al intentar cruzar la arteria por detrás de la unidad, fueron impactadas por otro colectivo que venía en dirección contraria. Las niñas, que son hermanas, habían salido de la escuela 1-213 “Capitán Luis Candelaria”.
¿Se podría haber evitado este penoso y trágico suceso en la vía pública?
No podemos saberlo a ciencia cierta…pero las circunstancias en que muchos niños y niñas concurren a los establecimientos primarios son muy lamentables y ponen en riesgo a alumnos indefensos, que ignoran los riesgos que corren.
Hay lugares de complicado acceso, como este punto de Las Heras, sobre la calle Lavalle del distrito El Algarrobal de Abajo. Es verdad, que gran parte de los escolares concurren acompañados por sus progenitores o familiares, pero no faltan los chicos que cumplen con sus asistencias y van solos a las aulas.
El estado ideal sería que los municipios pudieran disponer de personal de control de tránsito en los accesos a escuelas probadamente “difíciles”, por estar ubicadas en zonas peligrosas por el estado de las calzadas, velocidad de desplazamiento del tráfico que utiliza esas vías y ausencia de otras garantías de seguridad.
Las hermanitas fallecidas fueron embestidas al salir del horario vespertino de clase. La crónica del periodista Ignacio de la Rosa, reveló que debían efectuar maniobras peligrosas, como bajarse de un transporte y apurarse para tomar una segunda unidad, que finalmente los acercaba a su hogar.
Una exvicedirectora de la Capitán Candelaria, Gabriela Alejandra Lugones, quien promovió una colecta para ayudar a la familia de las alumnas fallecidas, se refirió también a las dificultades que muchos alumnos tienen para arribar a los establecimientos, especialmente a la Luis Candelaria.
El problema descripto es del Gran Mendoza, y también de otros puntos de la provincia. Por ejemplo, el 3 de septiembre pasado ocurrió un caso parecido en la avenida Roque Sáenz Peña, al 1900 de Vistalba, Luján de Cuyo. Un cursante de la escuela secundaria “Pablo Neruda” fue atropellado al bajar de un colectivo, al cruzar la calzada por delante de la unidad y en ese instante un auto lo llevó por delante. Afortunadamente este alumno se recuperó y volvió al estudio.
Los episodios descriptos acumulan las mismas deficiencias de los accesos a escuelas de otros puntos: autos, motos y micros no respetan la senda peatonal, falta de cartelería que advierta “Cruce escolar”, o Pare o Circule despacio, y, por supuesto, sin contar con personal de tránsito que ayude a cruzar.
La educación vial es obligatoria en las escuelas y realmente se ofrece en las dependencias, pero habría que intensificar esa enseñanza para que el alumnado refresque e incorpore las elementales normas de desplazamiento, especialmente al bajar de los medios de transporte público.
Con ese aporte de la escuela no bastará, pese a su importancia. También habrá que revisar los accesos a las escuelas que tienen probadas falencias de acceso, como quedó evidenciado en los tristes sucesos narrados.