El papa León XIV se pronunció recientemente sobre el conflicto bélico que afecta a Ucrania, iniciado hace cuatro años con la invasión de Rusia. El jefe de la Iglesia Católica hizo referencia a dicha guerra durante el rezo del Ángelus del último domingo, ante centenares de fieles reunidos en la Plaza de San Pedro.
Pidió a los seguidores católicos unirse en la oración por “el martirizado pueblo ucraniano y por todos los que sufren a causa de esta guerra”, aunque hizo extensivo su ruego a “todos los conflictos en el mundo”. “Que callen las armas, que cesen los bombardeos, que se llegue sin demora a un alto el fuego…”, remarcó el Papa en su encendido pedido.
No fue ésta la primera expresión del Vaticano sobre la guerra en Ucrania. Durante los meses posteriores al comienzo del conflicto armado, el fallecido papa Francisco se manifestó varias veces pidiendo una solución consensuada y, como ahora León XIV, reclamó una salida consensuada a lo que en aquellos momentos definió como “guerra insensata”.
La postura de la Iglesia es terminante con respecto a todos los enfrentamientos armados. Y por ello hace extensivos sus reclamos ante los múltiples casos que dominan el mundo en estos tiempos, reconociendo, incluso, las consecuencias económicas y sociales que derivan de los hechos concretos en diversos territorios por situaciones bélicas que difícilmente encuentran una solución proveniente del consenso.
Además, el Papa pidió voluntad para involucrarse en la búsqueda de la paz a quienes tienen poder de decisión, para ejercer acciones que puedan descomprimir tensiones y conducir al punto final de los enfrentamientos.
Lo de Ucrania no debe ser considerado un conflicto más. Se estima que constituye la mayor acción bélica posterior a la Segunda Guerra Mundial, tanto por la proyección de la acción rusa como por los daños materiales y cantidad de víctimas fatales, entre militares y civiles. Curiosamente, Rusia, el país invasor en primera instancia, carga con una estadística desfavorable de proporciones notables y que sólo un régimen autoritario como el que ejerce Vladimir Putin puede soportar.
Es justo señalar que Estados Unidos intentó mediar en las negociaciones de paz siempre tensas entre Moscú y Kiev, aunque nunca quedó del todo explícita la propuesta ejercida por el gobierno de Donald Trump, ya que la guerra comenzó por voluntad del gobierno ruso ante el acercamiento ucraniano a los países de Europa Occidental.
Las idas y vueltas en estos cuatro años y el fracaso de toda acción diplomática, en especial teniendo en cuenta que Rusia es uno de los cinco países claves del Consejo de Seguridad de la ONU, dieron paso a la continuidad de un conflicto que mantiene a la ciudadanía ucraniana en medio del dolor y la destrucción.