Islas Malvinas, después de Davos

Aparte de promover y alentar relaciones comerciales con el Reino Unido, aspecto que se acepta como válido y necesario, el Gobierno nacional debe exigir a Londres reanudar las conversaciones sobre la cuestión de fondo, es decir la soberanía de las Islas Malvinas y reclamar sentarse a dialogar.

Javier Milei y David Cameron
Javier Milei y David Cameron

Uno de los interrogantes en torno a la siempre injusta realidad de nuestras Islas Malvinas, es saber si Argentina y el Reino Unido retomarán el diálogo sobre la soberanía de los archipiélagos del sur y espacios marítimos circundantes.

Tras el fugaz paso del presidente de la Nación, Javier Gerardo Milei, en el mes de enero pasado por Suiza, para asistir al Foro Económico de Davos, podemos afirmar que las expectativas con respecto a la cuestión Malvinas son muy bajas.

Ocurre que, aunque el mandatario calificó de “excelente” la reunión que mantuvo con el canciller inglés David Cameron, no se puede ser muy optimista en referencia a la pretensión nacional de recuperar ese territorio irredento, sencillamente porque el gobierno británico sigue ‘tirando la pelota afuera’, interesado en que transcurra el tiempo, no se acuerde y no pase nada. Salvo, dar por hecho que continuará con su ocupación ilegal de ese suelo.

Sí se puede advertir que el encuentro dejó en la mesa promesas inglesas sobre profundizar los vínculos comerciales entre ambas naciones y, en especial, promover las inversiones del Reino Unido en la Argentina.

Cameron es sólo un ministro del gobierno conservador del primer ministro Rishi Sunak, y por eso el tema Malvinas tuvo un brevísimo tratamiento en el diálogo Milei-canciller. ¿Por qué? Sencillamente porque los británicos se abroquelan impertérritos en su posición de mantener el conflicto en el estatus de cosa juzgada, sin derecho de apelación de nuestra parte.

El gobierno inglés continúa y continuará convalidando el derecho a la “autodeterminación” de los pobladores de las islas, los ‘kelpers’, quienes decidieron en un referéndum realizado en marzo de 2013, hace once años, seguir siendo “territorio de ultramar de Gran Bretaña”.

No vemos grandes expectativas de que se abran nuevos cauces de tratamiento sobre la disputa que se inició hace 191 años, cuando con los procedimientos de la piratería el país de los acantilados de Dover sentó bandera y se apoderó de nuestras dos pequeñas islas.

Todo hace presumir que los británicos, de no mediar una firme y férrea insistencia argentina, se mantendrán en sus coordenadas y continuarán ignorando las resoluciones de los foros internacionales sobre el derecho que asiste a nuestro país sobre las islas y sectores marítimos circundantes.

La última determinación internacional a nuestro favor se produjo en junio de 2023, cuando el Comité Especial de Descolonización de Naciones Unidas solicitó a ambos países la necesidad de “consolidar” el proceso de diálogo y cooperación, reactivando las negociaciones en pos de arribar a una solución pacífica.

Durante esa sesión de Naciones Unidas se escucharon numerosas declaraciones a favor de los derechos argentinos por parte de los países de la región, incluyendo las intervenciones en nombre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) y los estados miembros del Mercosur.

Entonces y en atención a como están las cosas, el Gobierno nacional deberá insistir con severidad en el inicio del diálogo que lleve a alguna salida y destrabe la ilegítima ocupación de esa porción del territorio argentino.

Sin descartar la promoción de una agencia comercial bilateral activa, como se planteó en Davos, el Estado nacional debe ponerse firme en uno de los pocos planteos que no admite grietas en la sociedad, y buscar el camino que destrabe la apatía inglesa de no hablar más del asunto de la soberanía insular.

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