19 de enero de 2026 - 00:00

Inflación: para celebrar, pero aún sin euforia

Más allá de los números inflacionarios alentadores luego de años de descalabro, no deberían desatender las autoridades nacionales la situación de los asalariados. Hay estudios que determinan que la mayoría de los sectores sociales cerró el año pasado con ingresos reales muy bajos, con un poder adquisitivo deteriorado a pesar de la caída inflacionaria.

El gobierno nacional pudo mostrar con satisfacción en los últimos días el índice inflacionario del año que finalizó. Según el Indec, la inflación en 2025 fue de 31,5 por ciento, la más baja en los últimos ocho años. En diciembre la variación fue de 2,8%. Mendoza marcó, a su vez, un acumulado anual de 29,9%.

En el comparativo los números son, sin duda, importantes. En 2017, al promediar la gestión del presidente Mauricio Macri, la inflación había sido de 24,8%, pero a partir del siguiente año la economía volvió a perder el rumbo y así se llegó al final del gobierno de Alberto Fernández con una inflación anual, para 2023, de 211,4% y sólo en diciembre de ese año de 25,5%. En cuatro años la gestión kirchnerista llegó a 1.020% de inflación.

Sin embargo, hay datos que no pueden ser dejados de lado. Por ejemplo, desde el mes de mayo se interrumpió un proceso de baja de la inflación que alentaba grandes expectativas en varios sectores de la economía. Las cifras aportadas también por el Indec dieron cuenta de dicho aspecto. La llamada desinflación a la que apostó la conducción económica se interrumpió en ese mes y no se detuvo. De ese modo se llega de un 1,5% de mayo a este 2,8% de diciembre.

Esos números crecientes trastocaron los deseos del gobierno nacional de comenzar 2026 con una inflación mucho más baja, con lo cual se potencia el desafío para el Poder Ejecutivo Nacional de lograr este año llegar a índices cercanos al 0.

De todos modos, según la abundante información surgida luego de conocerse el reciente índice, la mayoría de los analistas prevén que la suba de precios comience un nuevo proceso de desaceleración a partir del año recién comenzado, aunque a un ritmo más lento que el observado, por lo menos, hasta mediados de 2025.

También habrá que observar con el índice que de enero de este año cómo repercute la habitual estacionalidad veraniega y qué alcance tienen los cambios operados por el Indec para la canasta de medición, aspecto que se pone en práctica desde el primer día de 2026 en base a la tendencia de consumo relevada durante el último censo nacional.

Más allá de los números inflacionarios alentadores luego de años de descalabro, no deberían desatender las autoridades nacionales la situación de los asalariados. Hay estudios que determinan que la mayoría de los sectores sociales cerró el año pasado con ingresos reales muy bajos, con un poder adquisitivo deteriorado a pesar de la caída inflacionaria.

Por lo tanto, la mayoría de la gente espera que el esfuerzo surgido del necesario reacomodamiento económico se refleje con mayor holgura en su día a día.

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