Expectativas y dudas que genera el regreso del tren

Se trató de una fuerte apuesta de la Nación para reivindicar el tradicional servicio de trenes de pasajeros, que en el caso de nuestra provincia dejó de funcionar hace treinta años, coincidentemente durante la presidencia de otro dirigente justicialista, Carlos Saúl Menem.

Pura emoción, así llegó a Mendoza el primer tren de pasajeros en casi 30 años
Este miércoles y ante los aplausos y la alegría de vecinos de San Martín, el tren de pasajeros volvió a transitar por las vías mendocinas. Tras 36 horas de viaje desde Retiro, una formación ferroviaria volvió a transitar desde el 10 de marzo de 1993.

Foto: Ignacio Blanco / Los Andes
Pura emoción, así llegó a Mendoza el primer tren de pasajeros en casi 30 años Este miércoles y ante los aplausos y la alegría de vecinos de San Martín, el tren de pasajeros volvió a transitar por las vías mendocinas. Tras 36 horas de viaje desde Retiro, una formación ferroviaria volvió a transitar desde el 10 de marzo de 1993. Foto: Ignacio Blanco / Los Andes

El gobierno nacional concretó esta semana el regreso del tren de pasajeros a Mendoza. Para ello montó un acto oficial trascendente, con mucho marketing político, encabezado por el presidente, Alberto Fernández, en la emblemática estación ferroviaria de Palmira, elegida en esta oportunidad para recibir a una formación que tardó más de veinticuatro horas en unir sus puntos de partida (Buenos Aires) y de destino.

Se trató de una fuerte apuesta de la Nación para reivindicar el tradicional servicio de trenes de pasajeros, que en el caso de nuestra provincia dejó de funcionar hace treinta años, coincidentemente durante la presidencia de otro dirigente justicialista, Carlos Saúl Menem.

Si bien se trató de un acto con mayoritaria presencia oficialista, fue muy oportuna la presencia de las autoridades de nuestra provincia, encabezadas por el gobernador, Rodolfo Suárez.

Eso le otorgó al evento un contenido institucional importante, no sólo por las diferencias partidarias existentes; también como compromiso de la valoración y eventual continuidad del sistema de ferrocarriles más allá de signos políticos.

Merece un especial reconocimiento la población de Palmira, una ciudad que se forjó junto a la actividad ferroviaria y que fue un ejemplo de esfuerzo y crecimiento, aportando a la sociedad mendocina innumerables profesionales formados junto al ejemplo de esfuerzo y tenacidad de su comunidad.

De igual modo son dignos de afecto los pobladores de tantas otras localidades que también crecieron de la mano del tren.

Las actuales autoridades ferroviarias prevén una nueva etapa de trabajos que permita en poco tiempo más extender el recorrido hasta Gutiérrez, que sería la estación terminal del servicio que parte de Retiro, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

El de Mendoza forma parte de una serie de trayectos que el organismo a cargo de los ferrocarriles en el país va poniendo en funcionamiento con el propósito de lograr mayor regularidad en la prestación.

Se busca poner punto final a tres décadas de indudable abandono de una buena parte de la infraestructura ferroviaria nacional, tanto en lo que se refiere al material rodante como a redes e instalaciones.

Luego de esta especie de reinauguración del antiguo ramal Buenos Aires-Mendoza (ex Ferrocarril General San Martín) cabe esperar la realización de trabajos complementarios de los ya ejecutados, que básicamente sirvieron para que el sistema haya podido restablecerse pausadamente hasta retornar a nuestra provincia.

Queda claro que los deseos de mostrar logros de gestión en un año electoral llevaron al gobierno nacional a apurar la habilitación de un servicio público que todavía no se encuentra para nada cerca de su plenitud.

Si la apuesta es realmente reinstalar el tren como alternativa de servicio, pues entonces los mendocinos merecen una prestación interurbana que no sólo compita con otras opciones terrestres o aéreas en cuanto a costos de pasajes o beneficios.

También es importante que las frecuencias y la duración de los viajes hagan del tren una alternativa viable y práctica, como ya lo fue durante muchas décadas previas a su decaimiento y total abandono.

Para ello también se deben evaluar desde el Estado todos los aspectos relacionados con costos y rentabilidad que justifiquen la implementación del servicio, sus alcances posibles y su duración en el tiempo.

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