Expectativas por el llamado papal al presidente electo

Francisco, con sus buenos deseos a Milei (le pidió “coraje y sabiduría”, según lo dicho por el presidente electo) indudablemente buscó calmar los ánimos en el país y, por añadidura, dejar de lado la grieta política e ideológica de muchos años, una de sus grandes preocupaciones.

El llamado telefónico realizado por el papa Francisco al presidente electo, Javier Milei, para felicitarlo por el triunfo en las elecciones constituye un acto de notable significado tanto en el plano religioso como en el plano de la política.

En lo religioso, el jefe de la Iglesia adoptó una indudable actitud de perdón, basada en el concepto de misericordia cristiana.

Como bien se ha dicho, el perdón es una premisa del cristianismo.

Debe recordarse que en varias ocasiones Francisco había sido criticado públicamente por el líder libertario por su labor al frente del Vaticano, lo que le valió un generalizado rechazo de religiosos y laicos.

Y en un acto de campaña uno de sus referentes instó a romper relaciones con el Vaticano en caso de llegar al gobierno.

Recién con motivo de los debates previos a las elecciones Milei se disculpó públicamente por los inapropiados conceptos suyos y de sus seguidores.

Y en el plano político, el contacto entablado por el Papa puede interpretarse como un llamado de atención puertas adentro de la Iglesia, si se tiene en cuenta que muchos religiosos argentinos se valieron de las críticas libertarias al Pontífice para, en varios casos, justificar un apoyo explícito a Sergio Massa, el candidato presidencial del Gobierno.

Francisco, con sus buenos deseos a Milei (le pidió “coraje y sabiduría”, según lo dicho por el presidente electo) indudablemente buscó calmar los ánimos en el país y, por añadidura, dejar de lado la grieta política e ideológica de muchos años, una de sus grandes preocupaciones.

El otro detalle saliente de la charla telefónica fue la invitación a visitar el país que le formuló el presidente electo al Papa.

Como se ha señalado antes en infinidad de ocasiones, el viaje a la Argentina es una cuenta pendiente de Francisco, algo que muchísimos católicos desean que se concrete, especialmente por el tiempo transcurrido desde su designación.

Verdaderamente, ha pasado mucho tiempo y es obvio suponer, por lo tanto, que por su avanzada edad en algún momento le resultará mucho más difícil programar salidas desde el Vaticano.

Es de buenos augurios lo recientemente sucedido. Ya hemos dicho desde este mismo espacio que independientemente de la mirada que pueda tener cualquier personalidad pública sobre la figura papal, se deben respetar su investidura y la comunidad a la que representa.

En el caso puntual de la Argentina, la feligresía católica es muchísimo mayor en número de personas que cualquier orientación político-partidaria vigente. Hay católicos practicantes en cada una de las agrupaciones de la vida política del país.

Es de esperar que, de una buena vez, queden de lado sentimientos encontrados en lo que atañe a la labor del Papa argentino, para dar paso a la posibilidad de que los creyentes lo saluden como tal en su propia tierra.

Su presencia no sólo va a ser bienvenida por millones de católicos; seguramente también la celebrarán otras creencias, a las que Francisco escucha y respeta en el marco de lo que siempre consideró necesario: el diálogo entre las religiones, ya que es comprobable que la mayor parte de la población mundial se considera creyente.

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