Siempre se criticará el uso de prerrogativas por parte de funcionarios cuando éstos utilicen ventajas éticamente reprobables en el cometido de sus misiones o actividades oficiales, especialmente cuando se trate de viajes al exterior.
Nada más que por una cuestión ética, ya que la administración actual dice diferenciarse de las anteriores por la aplicación irrestricta de bases morales y en contra de la casta, resulta reprobable el uso del avión presidencial en misión oficial por la esposa del jefe de Gabinete, Manuel Adorni.
Siempre se criticará el uso de prerrogativas por parte de funcionarios cuando éstos utilicen ventajas éticamente reprobables en el cometido de sus misiones o actividades oficiales, especialmente cuando se trate de viajes al exterior.
El jefe de Gabinete de la Nación, Manuel Adorni, quedó en medio de una fuerte polémica luego de que se conociera que su esposa, Bettina Angeletti -quien se desempeña como asesora ontológica y no forma parte de la estructura de la administración central-, viajó a Nueva York junto a la comitiva presidencial encabezada por el primer mandatario.
El controvertido asunto se conoció tras la difusión de una foto de la pareja durante la visita oficial a la tumba del rabino Menachem Mendel Schneerson, en el distrito de Queens, Nueva York. El vocero tal vez imaginó, ingenuamente, que no trascendería la compañía de su cónyuge en un viaje oficial. No constituye delito, pero si una grave falla de ética en un gobierno que pregona constantemente diferenciarse con actitudes cometidas en el pasado por otros funcionarios. “Estos son trabajos muy sacrificados y la verdad que era mi deseo que mi mujer me acompañe”, explicó el empleado público, agregando que: “Yo vengo una semana o cinco días a deslomarme, como todos los que vienen a Nueva York. Quería que mi esposa me acompañe porque es mi compañera de vida y porque es la que me da una mano acá. Pero no le sacamos un peso al Estado”.
Débiles argumentos de quien sabía, al asumir las funciones, primero de vocero y ahora de jefe de ministros, que las tareas que debería cumplir no eran precisamente de “solaz esparcimiento” y sí de trabajo intenso.
Adorni intentó además despegar al Estado de cualquier erogación vinculada al viaje. Pero, sus explicaciones no hicieron más que oscurecer el panorama.
Este gobierno sostiene que una de sus prioridades es la aplicación de reglas morales y destronar los privilegios de la casta política.
Pero, en este capítulo Adorni y esposa las bases de esos principios caducaron, quedando como pretendida excusa que otros gobiernos también incurrieron en la misma falta, trayendo a colación un viaje oficial de Alberto Fernández al país del Norte en la compañía de la entonces su mujer, Fabiola Yáñez.
Está definido y acatado en general que las normas del uso de bienes públicos disponen que el avión presidencial no es un vehículo de uso particular o familiar, cuestionando la utilización de recursos del Estado para fines personales.
Convengamos, por otra parte, que dista mucho de ser un “sacrificio” el efectuar tareas en la ciudad de Nueva York, una de las capitales más esplendorosas del mundo, como adujo Adorni y que por tal razón necesitaba la compañía de su esposa para superar la tensión del trabajo.
Convengamos que algunas dificultades pueden sobrevenir en las tareas de jefe de Gabinete, pero qué distantes resultan, por poner un ejemplo, de la labor de los voluntarios humanitarios que arriesgan sus vidas en zonas de conflicto, desastres naturales y pandemias, actuando como primera respuesta ante crisis extremas.