Es urgente decidir la urgente recuperación de la Basílica de San Francisco, la más antigua de las iglesias que se edificaron en la Ciudad Nueva, tras el terremoto de 1861.
La próxima vez que se hable de la Basílica de San Francisco, en el área de la plaza San Martín, debe ser para anunciar un plan de recuperación y remodelación del deteriorado templo. Hay que empezar pronto porque los daños son muy graves y comprometen a uno de los principales bienes histórico patrimonial de la provincia.
Es urgente decidir la urgente recuperación de la Basílica de San Francisco, la más antigua de las iglesias que se edificaron en la Ciudad Nueva, tras el terremoto de 1861.
Hoy muchos de los ambientes del templo están en estado ruinoso, pese a que la iglesia contiene el camarín de la Virgen de Nuestra Señora del Carmen de Cuyo, patrona y generala del Ejército de los Andes y muchas otras reliquias y objetos históricos.
En la nave sur del inmueble descansan los restos de la hija de San Martín, Mercedes Tomasa San Martín, del yerno del libertador, Mariano Balcarce y de la nieta, María Mercedes Balcarce.
También allí se conserva el bastón de mando que José de San Martín le dona a Mendoza al regresar a de la campaña libertadora, en 1818.
Los Andes viene marcando en sus ediciones el progresivo deterioro que sufre templo, proyectado en 1875-93 por el arquitecto belga Urbano Barbier.
Los daños de la estructura edilicia y de los ambientes que componen el edificio es notorio y abruma observar la progresividad del deterioro y la ineficacia de todos los actores intervinientes en el cuidado y la protección de la iglesia, perteneciente a la orden franciscana.
Es urgente plantear la recuperación de este preciado bien, Monumento Histórico Nacional desde 1928 (pronto se cumplirán cien años), porque el tiempo que pasa sin intervención, se consolida el deterioro y se aumenta la amenaza de inhabilitación al resultar riesgoso el desplazamiento de personas por el lugar.
Por la gravedad de la situación edilicia, es hora de superar el tema de quién tiene la culpa o de pasarse la pelota de un lado a otro.
La nota que publicó Los Andes hace unos días bajo el título “Las fotos que muestran el deplorable estado de la basílica donde reposan los restos de la familia San Martín”, impresiona por el nivel de destrucción del sitio.
El deterioro es gravísimo y alarma que un monumento nacional, de profunda raigambre religiosa y de inapreciable impronta sanmartiniana, haya sido abandonado a su suerte y se encuentre en las condiciones deplorables de la actualidad.
Ha llegado el momento en que las distintas reparticiones que tienen que ver con la basílica, se reúnan en un proyecto común y consigan los medios económicos, que presumimos serán muy altos, para encarar la restauración y recuperación definitiva del histórico inmueble de avenida España 1418.
Deben ponerse en esa tarea de manera urgente la Municipalidad de la Capital, y los gobiernos provincial y nacional, este último a través de la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Bienes Históricos y de la Dirección Nacional de Arquitectura, organismos por cierto bastante desdibujados en los últimos tiempos.
Hace mucho que la basílica se viene deteriorando; es hora de dejar de abandonar la desidia y ejecutar. Una buena fecha para anunciar el inicio de la plena recuperación del templo podría ser el próximo 8 de septiembre, Día de la Virgen del Carmen de Cuyo.