En estos días se habló mucho del sable corvo del general San Martín, del Regimiento de Granaderos a Caballo y del Museo Histórico Nacional (MHN), entidad que cobijaba el arma del Libertador, que pasó a custodia de la unidad militar por decisión presidencial.
El entredicho ya está saldado y la institución museística, ubicada en la calle Defensa del barrio de San Telmo, titular de unas aproximadamente 16.000 piezas históricas ya no cuenta con la mayor de sus atracciones, la famosa arma del Gran Capitán.
Una réplica del preciado elemento, realizada por el orfebre Juan Carlos Pallarols, seguirá en la misma vitrina que se mostraba el original.
Extinguida la controversia en torno a la ubicación de la espada, por lo menos por ahora, es propicio repasar parte de la historia del MHN, que por la dimensión del edificio que ocupa y el acervo que exhibe, debería ser una de las principales preocupaciones del ámbito cultural argentino.
El museo posee un contenido de enormes proporciones al albergar hitos de la historia argentina, pero además es frágil en razón de su propia condición de antigüedad, vasta superficie cubierta y dificultades de mantenimiento.
El complejo, que depende de la Secretaría de Cultura de la Nación, fue creado en 1889 y en 1897 se mudó a la gran casona ubicada en el sur de la ciudad de Buenos Aires.
Su fundador y primer director fue el doctor Adolfo P. Carranza, quien se conectó con los descendientes de hombres y mujeres de la Revolución de Mayo, de donde surgieron las primeras donaciones que formaron el valioso patrimonio.
En la actualidad la colección es de más de 16.000 objetos, a los que se añade un nutrido muestrario de numismática, documentos históricos, mapas y fotos de archivo, además de una biblioteca muy generosa en ejemplares.
Entre los objetivos icónicos, excluido ya el original del histórico sable, resaltan el petitorio presentado el 25 de mayo de 1810, la Tarja de Potosí (joya obsequiada por damas bolivianas al general Belgrano en 1813), retratos del creador de la bandera, el tintero de la Independencia y testimonios de todo lo que pasó entre el 22 de mayo y el 25 de mayo de 1810.
Es una descripción mínima de las áreas y objetos emblemáticos del establecimiento de calle Defensa, que requiere que se hagan muchas cosas para su óptimo funcionamiento.
Es urgente nombrar un director o una directora que reemplace a la historiadora María Inés Rodríguez Aguilar, quien renunció en desacuerdo con la decisión gubernamental de transferir la custodia del arma sanmartiniana.
El edificio de ser posible debe contar mayor seguridad que la que tiene y es imperioso dotar a algunas salas de aire acondicionado, un elemento de confort imprescindible. En suma, hay que cuidar esta institución de mantera extrema porque es un lugar único y de enorme significación histórica y patrimonial que hace a la argentinidad como pocas entidades.