El descaro de no reconocer la pobreza

Parece no advertir el presidente a punto de dejar el cargo, o no ha querido hacerlo, que la mayor parte de la población económicamente activa padece cada vez más el riesgo de caer en situación de pobreza, aun contando a nivel familiar o personal con trabajos debidamente registrados, con remuneraciones en blanco.

Indices de pobreza en Argentina alarmantes. Comedor popular en Asentamiento La Favela en Villa Urquiza. Foto Javier Ferreyra
Indices de pobreza en Argentina alarmantes. Comedor popular en Asentamiento La Favela en Villa Urquiza. Foto Javier Ferreyra

El presidente Alberto Fernández cierra su pobrísima gestión con una sorprendente apreciación sobre la mayor deuda que deja su gobierno: la pobreza, que en campaña prometió erradicar. Ganó titulares de medios en los últimos días por su sorprendente diagnóstico: “Creo que está mal medida la pobreza. Si hubiera 40% (de pobres), la Argentina estaría estallada”.

Con su desafortunada opinión, el Presidente criticó injustamente al Indec, el organismo oficial de medición y estadísticas, que volvió a gozar de respeto a partir de diciembre de 2015, cuando la gestión de Mauricio Macri le devolvió la posibilidad de ser eficiente y claro en sus informes, luego de la tenebrosa manipulación de datos que utilizó durante muchos años el kirchnerismo para distorsionar información de inflación y de pobreza, justamente. Y pocas horas después de las desafortunadas palabras del Presidente difundió su estudio el Observatorio de la Deuda Social Argentina, dependiente de la Universidad Católica Argentina (UCA), que indicó que la pobreza en el país alcanzó al 44% de la población, afectando a casi 20 millones de personas, en un fuerte crecimiento interanual. El número más alto desde 2006. Lapidario y más contundente aún.

Cómo habrá sido de sorprendente e injusta la opinión de Fernández, que no tardaron en pronunciarse en su contra varios dirigentes y militantes sociales de su propio espacio político.

Se estima que el actual Presidente dejará su cargo con una inflación acumulada durante los cuatro años de mandato de un 900%, como mínimo, siempre en base a los registros del Indec. Ese número supera largo (prácticamente lo cuadriplica) al índice registrado por la presidencia de Mauricio Macri hasta diciembre de 2019, que se retiró con 271% acumulado, lo que para esa gestión también significó un fracaso en aquel momento.

Parece no advertir el presidente a punto de dejar el cargo, o no ha querido hacerlo, que la mayor parte de la población económicamente activa padece cada vez más el riesgo de caer en situación de pobreza, aun contando a nivel familiar o personal con trabajos debidamente registrados, con remuneraciones en blanco.

Y tampoco parece saber que la informalidad laboral ganó terreno en estos últimos 4 años, a pesar de que en sus apreciaciones a los periodistas asegura contar con datos que le permiten decir que hay más empleo y mejores salarios, para de ese modo preguntarse cómo es posible que haya tanto pobres en la Argentina.

Dijo en forma descarada Fernández que seguramente la mayoría de la gente miente cuando la consultan a través de la Encuesta Permanente de Hogares “si tiene una changa” además del plan social, porque si dice la verdad el Estado le puede llegar a quitar el beneficio. Realmente descarado este concepto, porque es, justamente, el deterioro que en lo económico y social ha generado la desmedida cesión de planes sociales lo que ha profundizado la pobreza y fomentado, en muchísimos casos, el desapego al trabajo, a la búsqueda de una salida laboral.

El gobierno a punto de terminar nunca encontró el método para encarrilar la economía. Nadie repara en la multiplicación de planes sociales a costa del Estado y en el descontrol que se generó durante la gestión de Sergio Massa en Economía para intentar apuntalar su candidatura presidencial.

Se espera un mensaje final del presidente Fernández poco antes de dejar la Presidencia. Tal vez la oportunidad para atenuar tantos desatinos.

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