Disparos contra la independencia del Poder Judicial

Disparos contra la independencia del Poder Judicial. / Foto: Corresponsalía.
Disparos contra la independencia del Poder Judicial. / Foto: Corresponsalía.

Una corte con más integrantes y amigos de todas las facciones sería de una alta inoperancia. Que de eso se trata. O se quiere.

Nadie podría poner en duda el singular talento de los argentinos y las argentinas para bailar sobre la cubierta de un barco que naufraga mientras discuten tonterías a efectos de seguir fugando hacia adelante. O hacia el fondo.

Lo que sea, con tal de no ocuparnos de lo que debemos.

Como para ser fieles a nuestra historia, el debate de estos días en el Congreso de la Nación –Congreso cada vez más distante de todo, de todas y de todos– está referido a la posible ampliación de los miembros de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

Y no se trata de que esta cuestión sea ajena al destino de un país en bancarrota económica e institucional sino de que esta vez, como en tantas anteriores, la idea es enmascarar en el debate el habitual gatopardismo de cambiar algo para que todo permanezca como está.

Para estar a tono, debe decirse, amplifican discursos quienes constituyeron mesas judiciales y quienes inventaron esa cosa funambulesca llamada Justicia Legítima. Nada más discepoliano.

Una sociedad atónica y ya del todo descreída escucha el ruido improductivo matizado por la danza de proyectos condenados a empantanarse en el Mar de los Sargazos: una corte de nueve miembros o una de 15, quizás una de 16.

Pero si se presta atención podrá apreciarse un cierto sincericidio en las propuestas. Como que con brutal honestidad se requiera verificar los antecedentes laborales de los postulantes –lo que indica que antes ese detalle no importaba–, o la distribución federal de los sillones del organismo o la paridad de género, propuestas patéticamente revolucionarias.

Lo que sea con tal de no admitir que una corte con más integrantes y amigos de todas las facciones sería de una alta inoperancia. Que de eso se trata. O se quiere.

Escrupulosamente nadie menciona un tema tabú: la voluntad de constituir una corte independiente del poder político, un organismo custodio de la salud institucional y la arquitectura jurídica de la Nación, uno de los vértices imprescindibles de un sistema de tres poderes hoy reducidos a roles casi paródicos.

Organismo además capacitado para velar por su propia salud a través del Consejo de la Magistratura, para que ningún juez pueda sentirse por encima de la ley, tal como hoy sucede con harta frecuencia para vergüenza de muchos y escarnio de todos.

Se prefiere, sin embargo seguir distrayendo al país en discusiones bizantinas, mientras en los extremos de la sociedad se afianza el discurso de quienes intentan destruir el sistema desde adentro, tarea facilitada por quienes están obligados –pero no se hacen cargo– a defenderlo del embate de todos los extremismos.

Quienes quizás no estén atentos al cumplimiento de sus deberes en la certeza de que a la hora del naufragio alcanzarán a llegar los botes. Ilusos.

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