Patricia Soria es ingeniera en sistemas y cofundadora de Quién Vino, una aplicación desarrollada en Mendoza que busca simplificar la gestión de recursos humanos dentro de las empresas. La plataforma permite administrar vacaciones, licencias, asistencia y documentación laboral de forma digital, además de incorporar herramientas como geolocalización y reconocimiento facial.
La emprendedora decidió dejar su trabajo en relación de dependencia para apostar a un proyecto propio que nació en 2019 y que hoy ya es utilizado por más de 60 empresas. En esta entrevista con Valor Agregado, cuenta cómo surgió la idea, cómo fue emprender desde Mendoza, el impacto que tuvo la pandemia en el desarrollo de la app y cuáles son los próximos pasos para escalar el negocio.
Patricia Soria
Soledad González con Patricia Soria, creadora de la plataforma "Quien vino" en Valor Agregado.
Marcelo Rolland / Los Andes
—Sos ingeniera en sistemas, pero en un momento decidiste dejar la comodidad de un trabajo en relación de dependencia para emprender. ¿Cómo fue ese proceso?
—Siempre fui de las personas que pensaban en trabajar en relación de dependencia, cumplir con mi horario, dar lo mejor y volver a casa. Ese era mi plan. Pero cuando quedé embarazada me di cuenta de que no era tan sencillo pasar tantas horas fuera de casa y dejar a mi hijo. En ese momento, con quien hoy es mi socio ya veníamos hablando de hacer algo propio. Durante ese tiempo de maternidad decidí empezar a emprender. Era un camino completamente desconocido para mí, pero lo empezamos a transitar alrededor de 2019.
—Creo que en Argentina, y puntualmente en Mendoza, el ecosistema emprendedor acompaña bastante. Cuando empezamos llegué al Club de Emprendedores de la Ciudad de Mendoza, que era un espacio gratuito donde nos dieron muchas herramientas. Para alguien que recién arranca y no sabe por dónde empezar, ese acompañamiento es clave.
Ahí aprendimos cuestiones básicas como identificar el mercado, entender cuál es el producto que querés desarrollar o quién es tu competencia. Muchas veces uno cree que alcanza con tener una idea y empezar a ejecutarla, pero si no analizás esos factores es muy probable que fracases.
En nuestro caso incluso tuvimos acceso a un fondo semilla que nos ayudó mucho a arrancar el proyecto. Era una posibilidad abierta para emprendedores que tenían una idea con proyección y un modelo de negocio pensado. Además hay mucha solidaridad entre emprendedores: quienes ya pasaron por esa etapa suelen ayudar a los que recién empiezan.
—¿Qué pasó desde esa idea inicial hasta tener la aplicación funcionando?
—Quién Vino es una solución tecnológica para la gestión de recursos humanos dentro de las empresas. Lo que buscamos es simplificar procesos administrativos que muchas veces siguen siendo muy manuales.
La idea surgió porque tanto mi socio como yo habíamos trabajado en empresas grandes y veíamos que los procesos productivos estaban muy optimizados, pero la parte administrativa todavía tenía mucho margen para digitalizarse. Firmar un recibo de sueldo, pedir una licencia o gestionar vacaciones muchas veces implicaba trámites presenciales o mucho papeleo.
Entonces pensamos en aplicar tecnología a esos procesos para hacerlos más ágiles y transparentes tanto para el empleado como para el empleador.
Empezamos en 2019 y en 2020 tuvimos el primer MVP, el producto mínimo viable. Lo probamos con empresas amigas que se animaron a usarlo para ver si realmente resolvía un problema.
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—Justamente 2020 fue el año de la pandemia. ¿Cómo impactó eso en el desarrollo de la aplicación?
—La pandemia cambió bastante el enfoque inicial. Nosotros habíamos pensado la aplicación principalmente para gestionar vacaciones, licencias y ausencias. Pero cuando llegó el home office muchas empresas necesitaban saber quién estaba trabajando desde su casa y quién iba a la oficina.
Entonces adaptamos la plataforma para registrar esa modalidad. Creamos un sistema donde las personas podían marcar si trabajaban desde su casa o desde la oficina, algo que fue muy útil cuando había esquemas rotativos de presencialidad.
Además, para nosotros también fue un impulso desde el punto de vista comercial. Como empresa tecnológica no éramos tan fuertes en la venta presencial. Ir a una empresa y presentar el producto nos costaba bastante. Con la pandemia se volvió natural vender por videollamada, y eso nos permitió mostrar la aplicación a empresas de otras provincias.
—¿Fue difícil vender una solución tecnológica desarrollada desde Mendoza al resto del país?
—Sí, tiene sus desafíos. Muchas veces desde las provincias cuesta más llegar a nivel federal. Pero también descubrimos algo interesante: al final uno le vende a otra persona, y hay cierta empatía cuando hablás con alguien que también es del interior.
Nos pasó con empresas de Neuquén, Córdoba o Santa Fe, donde esa cercanía cultural se transforma en un valor. Además tratamos de brindar un soporte muy cercano, más personalizado.
De todos modos, entrar en Buenos Aires sigue siendo uno de nuestros grandes desafíos. Hoy tenemos más clientes en Cuyo, Neuquén, Córdoba y Santa Fe que en la capital.
Patricia Soria
Patricia Soria, creadora de la plataforma "Quien vino" en Valor Agregado.
Marcelo Rolland / Los Andes
—¿Cuántas empresas utilizan hoy la aplicación?
—Actualmente tenemos más de 60 empresas clientes y más de 2.000 usuarios que utilizan la aplicación todos los días. Además siempre hay empresas que están en el período de prueba, que es el primer mes en el que se adaptan al sistema antes de contratarlo.
—La app incorpora herramientas como GPS o reconocimiento facial. ¿Fue complejo desarrollarlas?
—Sí, fue un desafío importante. Hoy existen frameworks y herramientas que facilitan el desarrollo, pero igual requiere muchas pruebas para que funcione correctamente.
El reconocimiento facial y la geolocalización permiten que una persona registre su asistencia desde cualquier lugar y con cualquier dispositivo. Lograr que eso funcionara de manera confiable fue un trabajo técnico grande, pero creemos que es uno de los diferenciales de la aplicación.
—¿Cómo ves hoy el contexto argentino para desarrollar negocios tecnológicos?
—En nuestro caso vimos un movimiento interesante en los últimos meses. En diciembre y enero recibimos muchas consultas y nuevas altas.
Creo que, después de las elecciones, hay una sensación de mayor previsibilidad y las empresas se animan a invertir en digitalización. Muchas organizaciones empiezan a entender que estas soluciones no son un gasto, sino una inversión que mejora la eficiencia y reduce costos.
También vemos que hay segundas o terceras generaciones de empresas familiares que tienen una mirada mucho más digital y están impulsando estos cambios.
—Dentro de la aplicación se registran miles de movimientos. ¿Qué licencias son las más utilizadas?
—Las vacaciones siguen siendo el principal registro, pero también aparece mucho el uso de permisos para trámites personales o ausencias cortas.
Nosotros permitimos que cada empresa configure sus propios tipos de licencias, más allá de las que establece la ley. Por ejemplo, hay empresas que registran cuando un empleado sale unas horas para hacer un trámite, algo que antes muchas veces no quedaba registrado formalmente.
—La tecnología sigue siendo un sector con fuerte predominio masculino. ¿Lo viviste como un obstáculo?
—No lo viví como un obstáculo, pero sí es cierto que es un ambiente donde todavía hay pocas mujeres. Cuando estudiaba ingeniería éramos cinco o seis mujeres en cursos de treinta alumnos.
También pasa en el mundo emprendedor o en eventos tecnológicos: muchas veces sos una de las pocas mujeres presentes.
Por eso me gusta mostrar que las mujeres también podemos liderar empresas tecnológicas. No lo digo desde un lugar de bandera, sino como ejemplo de que es una posibilidad real.
—¿Por qué creés que todavía hay pocas mujeres en carreras STEM?
—Creo que muchas cosas empiezan en la casa. Hoy soy madre de un niño de ocho años que hace robótica y programación, y veo que el 90% de quienes participan en esas actividades siguen siendo varones.
Hay que fomentar la curiosidad por la ciencia y la tecnología desde chicas. Además, cuando las mujeres participan en estos ámbitos también aportan miradas distintas y pueden trabajar sobre problemas que afectan especialmente a las mujeres.
—El financiamiento suele ser clave para una startup. ¿Cómo fue esa experiencia para ustedes?
—Nosotros accedimos a un fondo semilla que fue muy importante para desarrollar la primera versión de la aplicación. Después también obtuvimos financiamiento a través del programa Mendoza Emprende.
Algo que me pareció muy positivo fue el proceso de auditoría posterior. Nos pidieron justificar en qué habíamos utilizado los fondos, y eso me parece fundamental. Cuando el dinero público se usa bien, permite que existan más programas de apoyo para otros emprendedores.
—¿Hubo un momento en el que dijiste: “Esto realmente va a funcionar”?
—Sí. Durante 2020 y 2021 la aplicación estaba en etapa de prueba. En ese tiempo yo volví a trabajar en relación de dependencia porque el proyecto todavía no generaba ingresos.
Pero empezaron a llegar empresas que querían usar la aplicación y preguntaban cuánto costaba. Nosotros ni siquiera la estábamos cobrando.
En una mentoría nos preguntaron justamente eso: cuánto facturábamos. Cuando emitimos nuestra primera factura y entró dinero por el servicio fue un momento clave. Ahí dijimos: esto realmente puede ser un negocio.
—Muchos emprendedores dicen que lo más difícil es dar el salto. ¿Por qué?
—Porque hay mucha incertidumbre. También existe el famoso FOMO, esa sensación de que otros están teniendo más éxito o levantando inversiones gigantes.
Pero emprender no siempre es “pegarla”. A veces se trata simplemente de construir una empresa sostenible, vivir de lo que hacés y resolver problemas reales para otras personas.
A nosotros todavía nos pasa que cuando entramos a una empresa y vemos que están usando Quién Vino nos genera una enorme satisfacción.
—¿Cómo imaginás el futuro de la aplicación?
—Me gustaría verla consolidada en todo el país. Para nosotros ya fue un hito cuando vendimos la aplicación en lugares como Iguazú y nos dimos cuenta de que podía expandirse más allá de Mendoza.
El próximo paso es crecer en Argentina y después pensar en Latinoamérica. Es un desafío grande, pero es el mismo tipo de miedo que tuve cuando dejé mi trabajo para emprender. Son barreras que hay que atravesar para seguir creciendo.