Los hermanos Michelini: la historia de una familia del vino que ahora llegará al cine

Matías, Gabriel, Juan Pablo y Gerardo, la primera generación de la familia Michelini. - Gentileza
Matías, Gabriel, Juan Pablo y Gerardo, la primera generación de la familia Michelini. - Gentileza

En el marco del mes de la familia, Los Andes habló con Gerardo, Gabriel, Matías y Juan Pablo, la primera generación de un clan que sigue creciendo y que hasta tendrá su propia película.

Octubre es considerado el mes de la familia. Y en el mundo del vino, los lazos filiales y la herencia de la pasión generación tras generación suelen ser un factor común. Aunque en este caso también se da que la vitivinicultura se transmite de padres a hijos, en Los Andes nos quedamos con los Michelini, donde la pasión se contagió entre los hermanos Gerardo (51), Gabriel (49), Matías (47) y Juan Pablo (39), que se convirtieron en la primera generación de una familia que sigue creciendo y afianzado su legado a través de sus bodegas Zorzal, Michelini i Mufatto, Passionate Wine, Altar Uco y SuperUco, el proyecto en el que conviven los cuatro.

El vínculo de los hermanos Michelini con el vino podría decirse que inició con Matías, aunque él no es el mayor. A pesar de que su abuelo italiano había trabajado como viticultor en su país, en Argentina su papá tomó el camino de la ingeniería civil y prácticamente no quedaron rastros de ese pasado vitivinícola hasta que el creador de Passionate Wine decidió romper con la estructura familiar de estudiar en un colegio con orientación administrativa y pidió completar sus estudios secundarios en Don Bosco. Fascinado con el trabajo con la tierra y los cultivos, continuó sus estudios allí y se recibió de enólogo.

El segundo en seguir ese camino fue el menor de todos, Juan Pablo -o Juampi, como le dicen en la familia-. Aunque al principio no se dio cuenta, la influencia de Matías fue innegable. “En la secundaria yo estaba muy metido con la música y por ahí no lo notaba, pero mirando para atrás en el tiempo, a mi me gustaba muchísimo ir a ver a mi hermano en la bodega, saber qué estaba haciendo”, contó el enólogo. Aunque su deseo era seguir con la música, por consejo de su padre buscó otra carrera y la respuesta casi obvia fue la enología.

Matías y Juampi fueron los primeros en trabajar juntos, primero en Doña Paula, donde en un momento llegaron a ocupar los puestos de primer y segundo enólogo, hasta que el primero de ellos decidió desembarcar en el Valle de Uco para trabajar en Finca Sophenia.

La “magia ‘Miche’”, como la definió Juampi, comenzó con Zorzal, el primer proyecto que fundaron los hermanos Michelini en Valle de Uco. Todo empezó cuando Matías aconsejó a su hermano Gerardo, el mayor de todos, para comprar unas tierras en Gualtallary. “En mi otra vida, cuando no era feliz, trabajaba en bancos. Estando en España en el año 2003 hablaba con mi esposa Andrea (Mufatto) de poder tener un emprendimiento propio y empezar una bodega y no tener que depender de un trabajo estable. Siempre fuimos muy inquietos y el hecho de estar de corbata y cumplir horarios era una molestia muy grande”, recordó Gerardo.

Así, luego de conseguir socios inversores de Canadá, en el año 2007 la bodega se puso en marcha y en 2008, donde también se sumó Andrea recién recibida de enóloga, sacaron su primera cosecha.

“Zorzal se hizo grande y cada vez empezamos a tener más socios canadienses. Pasó de ser un sueño de hermanos a ser empleados. Entonces decidimos hacer un nuevo proyecto donde se sumó Gabriel”, contó Matías.

Para el segundo de los hermanos también fue un cambio rotundo de vida. “Como familia, con mi esposa Ale y nuestros tres hijos, fue un salto al vacío sin saber qué iba a pasar porque cambiamos de trabajo y de vida. Pero, al final, lo veíamos como una puerta abierta, una salida, con un proyecto muy lindo. También, quizás un poco de manera inconsciente, sabíamos que teníamos a los hermanos y el resto de la familia como la red de contención que nos recibió”, sostuvo Gabriel.

Y así fue como llegaron al proyecto que los juntó a los cuatro, SuperUco. “Es una bodega chica que pensamos como escuela para nuestros hijos, donde puedan aprender el oficio de trabajar en la viña y la bodega”, describió Matías sobre esta bodega que les permitió consolidarse con vinos disruptivos y un estilo de vida -con reconocimientos internacionales por sus prácticas sustentables-, donde el Valle de Uco se convirtió en su base, ya que todos viven en Tupungato, a excepción de Gerardo que divide su tiempo entre Galicia y Mendoza.

El conocimiento de las fortalezas y debilidades de cada uno es una de las claves del éxito de trabajar en familia, entendiendo que Gerardo es la cabeza y las ideas del proyecto, Gabriel el espíritu que une a los hermanos y está en el día, Matías se encarga del viñedo y el trabajo de campo, mientras que Juampi aporta su carisma y talento para hacer los vinos.

Pero otro de sus secretos ha sido en todo este tiempo mantener la libertad. En estos diez años de SuperUco, cada uno siguió desarrollando su propio proyecto, algo que les permitió desarrollarse en otros aspectos.

“Desde 2005 hasta hoy hemos fundado cuatro bodegas y hemos logrado que nuestro nombre sea reconocido. Eso fue a base de mucho trabajo, mucha pasión, dedicación y hacer las cosas bien. Hoy somos una familia del vino para Mendoza y el mundo”, destacó Matías.

El legado de los “Miche”

Como lo definen los hermanos, el vino lo es todo en la familia y se ha convertido en su estilo de vida. Tal como lo pensaron, su bodega se convirtió en una escuela para las nuevas generaciones de los Michelini, donde varios de ellos -con menos de 20 años- ya tienen sus propios vinos. “Es un sueño de familia. No somos herederos del mundo del vino, lo iniciamos nosotros y somos la primera generación de viticultores y nuestros hijos son la segunda generación, que ya viene muy fuerte”, declaró Matías. “Le hemos enseñado a los chicos que el vino nace como un juego en la casa. Después, a medida que ellos van creciendo van tomando más seriedad”, agregó.

El primero de esa segunda generación es Manuel, hijo de Gerardo y Andrea, quien desarrolló su propio proyecto, Clop!, y hoy es una pieza clave en Michelini i Mufatto. A él le siguen Pedro, que estudia Ingeniería Civil -como su abuelo- en Madrid; Catalina, estudiante de Diseño de Modas, también en España; y Clara, que está en Mendoza cursando el cuarto año del secundario en Tupungato, donde vive con sus abuelos.

Por parte de Gabriel el que ya está dando sus primeros pasos en la bodega es Agustin, quien ya casi terminando de cursar enología, Lourdes está iniciando sus estudios como sommelier y Lucas aún está en el secundario.

Los hijos de Matías también han incursionado en eso de hacer sus propios vinos. Paula estudia enología y ya tiene el suyo propio, Martina comenzó este año a hacer sus vinos, Stefano, elabora el suyo desde hace varios años, y Josefina tiene 15 y, aunque aún no ha decidido qué hacer, ya ayuda en la finca y juega en la bodega.

Los más pequeños de la familia son los hijos de Juampi, quienes tienen entre 13 y 6 años: Santino, Isabel, Francesco y Giorgio.

“Es una gran satisfacción ver que eso que soñamos como hermanos, de tener un lugar para reunirnos como familia y que sea una bodega escuela para los chicos, hoy ya está dando esos frutos, con muchos de nuestros hijos interesados en esto que estamos haciendo”, opinó Gabriel sobre la nueva generación Michelini.

Una familia de película

Parte de la historia de los Michelini se va a poder conocer en “Siguiendo la Luna”, una película que podrá verse en la plataforma de streaming Star+ para Latinoamérica el próximo año y también en España. Filmada en España, Mendoza y Uruguay, protagonizada por Gerardo, Andrea y su hijo Manuel, va a mostrar este importante cambio de vida que tuvo la familia para dedicarse de lleno al mundo del vino.

“Recorre nuestra vida de matrimonio y con nuestros hijos desde el inicio a Mendoza, pasando por la bodega de España y por la que tenemos en Garzón en Uruguay”, comentó el mayor de los hermanos Michelini.

El film va a reflejar el trabajo de las tres últimas vendimias que realizaron en cada uno de los destinos, mostrando desde adentro cómo es su vida. “Nunca vi una película dedicada al vino tan linda. Es muy intimista. Como nosotros no estamos en la producción, teníamos miedo de que no reflejara lo que somos, porque tratamos de ser muy cuidadosos de lo que mostramos. Cuando vimos el resultado final quedamos muy conformes”, completó Gerardo.

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