Tras una seguidilla de meses con saldos positivos, las cuentas públicas de Argentina sufrieron un traspié en junio. Según datos oficiales del Ministerio de Economía, el Sector Público Nacional (SPN) registró un déficit primario de $696.843 millones y un déficit financiero de $1.024.891 millones.
Este resultado interrumpió la tendencia de superávit que venía mostrando la gestión actual. Desde el Palacio de Hacienda atribuyeron este desempeño negativo a factores estacionales y transitorios.
El principal motor del gasto fue el pago del medio aguinaldo a los empleados estatales y jubilados. Paralelamente, los ingresos se vieron afectados por la postergación de la presentación jurada del Impuesto a las Ganancias para personas humanas, una medida que el ministro Luis Caputo tomó con la expectativa de que el Congreso aprobara la nueva "Ley de Inocencia Fiscal", algo que aún no ha sucedido por la parálisis legislativa.
Balance del primer semestre
A pesar del dato negativo de junio, el balance del primer semestre de 2026 arroja cifras positivas para el programa económico. El SPN acumuló un superávit primario de 0,6% del PBI y logró mantener un superávit financiero de 0,1% del PBI en los primeros seis meses del año.
El Gobierno destacó que estos resultados son producto de una "fuerte reducción en el gasto público" y un pilar fundamental para la baja de impuestos nacionales, que ya acumula casi 3 puntos del PBI desde 2024.
Sin embargo, el informe de junio reveló presiones adicionales sobre el gasto que van más allá del aguinaldo. Se observó un incremento significativo en las partidas destinadas a prestaciones sociales (que pasaron de $8,3 billones en mayo a $11 billones en julio) y en los subsidios energéticos, que saltaron de $784.178 millones a $1 billón en un mes. Este último incremento responde a la política de bonificaciones en las boletas de gas y luz orientada a contener la inflación.
Este escenario plantea desafíos respecto a las metas pactadas con el Fondo Monetario Internacional (FMI). El objetivo para este año es alcanzar un superávit primario del 1,4% del PBI. Con el déficit de junio, el acumulado semestral bajó del 0,7% al 0,6% del PBI, lo que aleja levemente al Gobierno de la meta, aunque todavía resta la segunda mitad del año para compensar el desvío.
El propio ministro Caputo ha reconocido que el margen para seguir ajustando el gasto es limitado, dado que se encuentra en niveles similares a los de la década del 90 (15 puntos del PBI).
"Seguir generando superávit vía ajuste ya es muy difícil", admitió el funcionario, remarcando la necesidad de aumentar la recaudación. En este sentido, la apuesta oficial se centra ahora en destrabar en la Cámara de Diputados la versión mejorada de la Ley de Inocencia Fiscal para incentivar la regularización de activos y fortalecer los ingresos del Tesoro.