Hostels: de la caída a la recuperación con un cambio de perfil

Los alojamientos de este tipo que logran sostenerse han ampliado y mejorado la oferta de servicios, para un pasajero que se ha vuelto más exigente.

Los hostels que lograron sostenerse no sólo elevaron la calidad del servicio, sino que diversificaron la oferta de actividades y apostaron por diferenciarse. Foto: Gentileza Lemon Tree
Los hostels que lograron sostenerse no sólo elevaron la calidad del servicio, sino que diversificaron la oferta de actividades y apostaron por diferenciarse. Foto: Gentileza Lemon Tree

Entre 2000 y 2010, Mendoza vivió el auge de los hostels y este tipo de emprendimientos comenzó a aparecer con fuerza no sólo en las áreas más céntricas, sino también en las residenciales. En tiempos más recientes, y en especial producto de la pandemia, varios desaparecieron. Ahora, se mantiene un cierto número, pero con un perfil diferente al de aquellos inicios.

Daniel Cadile presidió la Asociación Mendocina de Hostels y abrió el primer hostel en Mendoza, en 1993. Cuenta que, como no existía el rubro, obtuvo la habilitación municipal como “alojamiento para madre soltera”. Suma que tenía -y aún tiene- una agencia de turismo y en sus viajes vio que en Europa era muy común que los más jóvenes se alojaran en este tipo de lugares.

Así nació Campo Base, el primero en la provincia y el quinto en el país, que hoy está en manos de otros dueños, porque la pandemia lo obligó a retirarse del negocio. Después de los ‘90, recuerda, llegó el auge y en Mendoza aparecieron muchos hostels, con distintas características: desde algunos con habitaciones muy simples, con baño compartido, hasta otros con pileta, bares y diversos servicios.

Cadile señala que la preferencia de los jóvenes fue cambiando, ya que los primeros en elegir los hostels tenían un estilo “boy scout”, pero después fueron buscando otras opciones. Resalta que estos alojamientos tuvieron internet libre -en un principio, no WiFi, pero los pasajeros sí podían conectarse con una computadora- mucho antes que los hoteles.

El filtro de la pandemia

El empresario turístico expresó que la pandemia “liquidó” a muchos, incluido a él y la cámara que había creado. Explicó que, en muchos casos, se trataba de micro emprendedores que alquilaban las propiedades y que, durante el cierre del turismo, no pudieron seguir afrontando el canon mensual.

Pero detalla que han entrado nuevos jugadores, con un cambio notorio en la propuesta: las habitaciones tienen colchones de primer nivel, blanco impecable, baños privados, mayor cantidad de servicios (como bar, restaurante). Y acota que los que invirtieron en esa línea son los que han podido sostenerse.

Hostel Lemon Tree
Hostel Lemon Tree

Esto, porque la diferencia, en dólares, con un hotel, es muy acotada -aunque en pesos, para los argentinos, sea relevante- y los jóvenes que viajan hoy eligen un hostel por la posibilidad de conocer otras personas, pero demandan un cierto nivel en el alojamiento.

Para entenderlo, en un hostel, el precio para una persona en un “dormi” (habitación compartida, con varias camas) oscila entre los US$ 10 y US$ 30, y el de un dormitorio privado puede ir desde US$ 10 a US$ 60. En cambio, una habitación doble en un hotel cuesta, en opciones de tres y cuatro estrellas, entre US$ 50 y US$ 300.

En cuanto a la procedencia de los viajeros, Cadile indicó que, antes de la pandemia, llegaban más jóvenes de Europa y Estados Unidos, mientras ahora se observa más latinoamericanos: brasileros, uruguayos, peruanos y chilenos.

Fuera del circuito

Marcelo Reynoso, director de Calidad y Servicios Turísticos del Ente Mendoza Turismo (Emetur), indicó que tienen 20 establecimientos registrados y que ha habido una fluctuación, con bajas y altas, para retornar a números similares a los del 2000 a 2010, cuando se produjo el boom de los hostels.

Coincidió en que se observa un cambio en la calidad de los servicios, que responde a un pasajero más exigente. Es decir, que si bien le sigue interesando el acompañamiento que ofrecen este tipo de espacios, también demanda más comodidad, por lo que los “dormis” tienen ahora menos camas, se brinda desayuno y se presta más atención a la atención y la limpieza.

Reynoso consideró que hoy los hostels tienen como competencia a los alquileres temporarios, porque los visitantes tienen otros espacios de vinculación social y de encuentro con pares, como los centros de recreación nocturna -mencionó la calle Arístides Villanueva a modo de ejemplo- o, incluso, las plazas.

Por otra parte, señaló que la provincia estuvo fuera del circuito “backpacker” unos seis a ocho años, por el encarecimiento del destino, mientras la devaluación de los últimos 24 meses ha vuelto a convertirlo en uno asequible. Es que, explicó, este tipo de viajero analiza la posibilidad de visitar Sudamérica, el sudeste asiático o la sabana africana.

Y si no es conveniente desde el punto de vista económico, e incluso por el clima social y político, elige irse a hacer un trekking en Nepal. Sumó que, para venir a Mendoza, no sólo toma en consideración cómo está Argentina, sino también países vecinos, porque se trata de viajes de una cierta duración y el turista llega a la provincia desde el Cuzco o Chile, en camino a la Patagonia.

Hostel Lemon Tree
Hostel Lemon Tree

Adrián González, presidente de la Cámara de Hotelería de Mendoza, indicó que el segmento no es tan fuerte, porque Airbnb ofrece la posibilidad de alquilar entre dos o tres personas un departamento o casa, pero que sigue siendo una opción de hospedaje y estimó que va a sostenerse.

En tanto, Arturo González, presidente de la Cámara de Turismo de Mendoza, detalló que muchos hostels funcionaban en casas antiguas y la mayoría ofrecía baño compartido, mientras los hoteles de una o dos estrellas suelen costar lo mismo y contar con habitaciones con baño privado. Por otra parte, consideró que, al ser unidades tan pequeñas, tienen un problema de competitividad, ya que el costo operativo es alto.

Diferenciación

Además de prestar mayor calidad y variedad de servicios, los hostels que han logrado sostenerse también apuntaron a un diferencial. Matías Romeri, propietario de Lemon Tree, comentó que el establecimiento surgió hace 10 años, en una zona muy alejada del centro, a 70 metros de la zona de boliches, sobre la ruta 82 (Panamericana).

Detalla que le pareció un buen lugar por la cercanía de bodegas: hay más de 40 en el entorno y a algunas se puede llegar caminando, mientras para ir a otras se puede alquilar una bici, la excursión que más eligen los visitantes. Además, a 10 minutos de distancia hay bases de rafting en el río Mendoza, otra de las actividades predilectas. Y la tercera, acota, son las cabalgatas, que pueden realizar en la reserva La Crucesita, a 15 minutos, con asado en el lugar incluido.

Hostel Lemon Tree
Hostel Lemon Tree

Otra diferencia con los hostels céntricos es el amplio patio, que tiene una cancha de fútbol, otra de vóley, una piscina olímpica, un quincho para 100 personas, un gran espacio de fogón, cuatro parrillas industriales y un horno de barro. Esto, asegura Romeri, hace que los visitantes que vuelven de las excursiones no quieran salir, sino quedarse en el lugar. En especial, porque quienes optan por este alojamiento, buscan una experiencia más cercana a la naturaleza que a la ciudad.

El hostel tiene capacidad para 140 personas, lo que le da la posibilidad de recibir delegaciones de Chile y de otras partes del país, ya que cuenta, además, con estacionamiento para 30 vehículos. Romeri es muralista y tatuador, y se tomó tres años para darle su toque a todas las paredes, y decidió trasladar su estudio de tatuaje al mismo lugar, en el interior de un trole canadiense restaurado. Por lo que los viajeros pueden llevarse, además de las memorias de todo lo vivido, un recuerdo en su piel.

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