La industria cervecera argentina atraviesa uno de sus momentos más críticos, marcado por un combo de caída del consumo, suba de costos operativos y una presión competitiva creciente.
La combinación de altos costos y una baja del 45% en las ventas, pone en jaque a gigantes industriales como a referentes de la cerveza artesanal en Argentina.
La industria cervecera argentina atraviesa uno de sus momentos más críticos, marcado por un combo de caída del consumo, suba de costos operativos y una presión competitiva creciente.
Esta crisis, que afecta a todo el espectro del mercado, ha derivado recientemente en el cierre de locales emblemáticos y ajustes estructurales en las empresas más importantes del país.
La cadena de cervecerías Antares es uno de los rostros más visibles de este fenómeno. Recientemente, los socios de la firma confirmaron el cierre de su sucursal en La Plata, que operaba desde 2005. A esto se suma el cese de actividades del icónico local de Playa Grande, en Mar del Plata, previsto para el próximo 18 de abril tras dos décadas de historia.
Desde la empresa señalan que la decisión responde a una combinación de "costos fijos disparados", con aumentos en servicios básicos de hasta un 600% en los últimos dos años, alquileres prohibitivos y una marcada caída de las ventas. Solo durante 2024, la marca ya había bajado las persianas de sus puntos de venta en Diagonal 74, City Bell y Ensenada por los mismos motivos.
La problemática no distingue escalas. Quilmes, la compañía líder del sector comercial, informó recientemente una caída en sus ventas cercana al 45% interanual. Ante este escenario, la empresa decidió eliminar dos turnos de producción en una de sus plantas y reducir un tercio de su plantilla de empleados.
El panorama se agrava con un factor externo: el crecimiento exponencial de las importaciones. Durante el primer trimestre de 2025, el ingreso de cerveza del exterior aumentó casi un 300%, intensificando la competencia en un mercado interno ya debilitado.
Esto coloca a los productores locales en una situación de desventaja frente a competidores internacionales que operan con menores costos y mayor escala.
Más allá de la coyuntura económica, analistas advierten sobre un cambio estructural en el comportamiento de los consumidores. Las generaciones más jóvenes están reduciendo la ingesta de alcohol y priorizando opciones vinculadas al bienestar, lo que añade un desafío adicional a una industria que ya no solo lucha contra la inflación, sino contra una transformación de hábitos global.