La emblemática Quinta Sección de la Ciudad de Mendoza atraviesa una profunda transformación, consolidándose como uno de los sectores residenciales y comerciales más dinámicos y cotizados de la región. En esta zona donde la demanda de calidad de vida y sofisticación arquitectónica no para de crecer, los nuevos desarrollos inmobiliarios deben resolver un desafío central: cómo densificar la trama urbana sin perder la esencia residencial, la tranquilidad y la privacidad que históricamente caracterizaron al barrio.
Frente a este escenario, el proyecto Quinta Torres 777, diseñado y desarrollado por el estudio QÑ Arquitectura, irrumpe en la escena local con una propuesta de vanguardia que subvierte las tipologías convencionales de la propiedad horizontal. Emplazado estratégicamente sobre la calle Coronel Rodríguez, a escasos metros de la vibrante arteria gastronómica Arístides Villanueva y del eje de conectividad del Metrotranvía en calle Belgrano, el complejo se levanta en un lote clave que equilibra la hiperconectividad con el resguardo habitacional.
La génesis de la propuesta arquitectónica excede lo puramente catastral. La icónica numeración del terreno se transmuta en el concepto vertebral del conjunto. El proyecto se fragmenta de manera intencional en tres bloques edilicios independientes, donde cada volumen representa de forma simbólica a uno de los dígitos del nombre. Lejos de concentrar toda la masa construida en un único y denso cuerpo central, los diseñadores optaron por distribuir las funciones en un sistema de piezas autónomas que dialogan entre sí a través de sutiles transiciones espaciales y una rigurosa coherencia estética.
Quinta Sección: la privacidad como estándar y el retorno a la escala de barrio
La gran innovación de este conjunto de vivienda multifamiliar reside en su esquema de distribución interna, una configuración de baja frecuencia en el mercado inmobiliario actual y altamente valorada en las zonas consolidadas. Al proyectar un único departamento por piso en cada bloque, el diseño anula por completo las paredes colindantes entre vecinos, maximizando el aislamiento acústico y garantizando una intimidad habitacional sin precedentes en desarrollos de media densidad.
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Este concepto de independencia se traslada de manera directa a los espacios de transición del edificio.
"Nuestra meta principal al trazar los bloques independientes fue recuperar la esencia y las cualidades más nobles de la vida de barrio, esa percepción tan propia de Mendoza de que el hogar es un refugio exclusivo y autónomo", detalla el arquitecto Juan Ignacio Flores, titular de QÑ Arquitectura. Según el especialista, el mayor logro radica en combinar los atributos de seguridad, accesibilidad y optimización de recursos que ofrece un edificio en pozo, con la calidez, la independencia y el vínculo amable con el entorno que históricamente brindaba la vivienda unifamiliar en la Quinta Sección.
Este concepto de independencia se traslada de manera directa a los espacios de transición del edificio. Las circulaciones horizontales se plantearon en formato semicubierto, una decisión de diseño que no solo favorece una ventilación cruzada continua en las unidades, sino que enriquece el recorrido peatonal diario con perspectivas cambiantes hacia los patios internos de la planta baja.
Proyecto: materialidad noble, eficiencia energética y conexión con el paisaje local
El diálogo con la geografía mendocina y las exigencias de sustentabilidad contemporáneas modelan cada rincón del proyecto. El conjunto fue planificado minuciosamente para captar un óptimo asoleamiento desde el cuadrante norte, lo que reduce sustancialmente el consumo energético operativo en climatización y asegura estancias interiores bañadas por una luz natural homogénea durante todo el año. Hacia el oeste, las amplias aberturas de alta prestación enmarcan de forma directa las visuales diáfanas de la cordillera.
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El arquitecto Juan Ignacio Flores, titular de QÑ Arquitectura.
Gentileza
En lo que respecta a la piel arquitectónica y los acabados, la propuesta apuesta por la atemporalidad y la nobleza de los materiales. Las fachadas principales incorporan perfiles metálicos combinados con vegetación natural integrada, un recurso técnico que funciona como filtro solar dinámico, otorgando sombra en las áreas de mayor exposición, regulando la temperatura interior y confiriendo una fuerte identidad orgánica al volumen urbano. El zócalo del edificio combina adoquines de alta resistencia en la planta baja con revestimientos de piedra pirca en un característico tono amarillo verdoso, logrando un anclaje visual elegante que jerarquiza el acceso y minimiza las tareas de mantenimiento a largo plazo.
"Buscamos que los interiores transmitan un bienestar inmediato a través de una paleta cromática neutra que resalta las texturas naturales del entorno, integrando eficientemente las cocinas con las zonas sociales para generar áreas fluidas", puntualiza Flores.
Esta versatilidad se traduce en un mix de tipologías de uno y dos dormitorios que incorporan balcones privados con churrasqueras independientes y cocheras techadas sectorizadas. Como remate técnico y recreativo, el último nivel corona el conjunto con una terraza común equipada con un salón de usos múltiples y sector de asador bajo pérgolas, consolidando un mirador de cara a la montaña que aporta el valor agregado definitivo para un público exigente que entiende a la arquitectura como una inversión inteligente y duradera.
Hay que tener en cuenta que los inversores más profesionales ya no buscan la típica casa para vender, sino unidades habitacionales moderadas (departamentos bien diseñados) que aprovechen al máximo las factibilidades y normativas que el Estado y los organismos públicos ya otorgan para estas zonas. Esto permite una mayor rentabilidad, tracciona el turismo urbano (alquileres temporarios o de cercanía) y genera una eficiencia general en el uso de los servicios públicos.