Consumo: qué cambios dejó la pandemia en la clase media mendocina

Después de meses de aislamiento, el concepto de “consumos de lujo” pasó a asociarse con gastos que son simples, pero no imprescindibles. José Gutiérrez / Los Andes
Después de meses de aislamiento, el concepto de “consumos de lujo” pasó a asociarse con gastos que son simples, pero no imprescindibles. José Gutiérrez / Los Andes

Después de meses de aislamiento, el concepto de “consumos de lujo” pasó a asociarse con gastos que son simples, pero no imprescindibles.

Tras más de un año y medio de pandemia y con nuevas flexibilizaciones, la clase media mendocina apuesta por ciertos “consumos premium” asociados al disfrute, y al cuidado personal. Los salarios no se han recuperado y las salidas a comer, los tratamientos estéticos y hasta el gimnasio, pueden ser considerados como “gastos extra”, o que salen del presupuesto habitual.

Al respecto, el economista José Vargas, titular de Evaluecon, señaló que según el relevamiento que realizaron en los últimos 30 días, para pertenecer a la clase media en Mendoza, una familia requiere de ingresos que van de $ 100 mil a $ 150 mil.

“Para considerarse de clase media, los gustos premium tienen que ver con el gimnasio, que se está viendo nuevamente en esta etapa (después de los meses de aislamiento estricto, y de distanciamiento), y todo lo que tiene que ver con el cuidado personal o la moda, así como se revalorizó el consumo de vinos de media y alta gama”, explicó el especialista.

Asimismo, consideró que se están recuperando “las salidas”, “comer afuera”, ir al cine, y las escapadas de fin de semana. “Hay patrones de consumo que se habían modificado producto de la pandemia, y que a partir de ahora se han visto nuevamente”, analizó el economista.

Desde Aehga (Asociación Empresaria Hotelero Gastronómica y Afines de Mendoza), su presidente, Beatriz Barbera, explicó que la crisis económica, producto de la pandemia, también es un factor a considerar referido a los nuevos consumos de la clase media en restaurantes y bares. “Hay una reducción en el gasto de consumo. Si antes se pedía una entrada, un plato principal y un postre, ahora se consume sólo un plato principal y se comparte un postre”, ejemplificó la empresaria.

Barbera aclaró que con la quita de restricciones hubo un aumento grande de personas que quieren salir a consumir en los restaurantes, especialmente los fines de semana, aunque sea con un presupuesto más limitado.

“La gente busca precio y los restaurantes responden con muchos menús promocionales. Además se aprovechan muchas tarjetas que dan descuentos y los locales gastronómicos aprovechan muchos productos de estación, que siempre es una materia prima más económica por haber mayor oferta”, afirmó la presidente de Aehga.

Espacios abiertos

El aumento de las temperaturas, con la llegada de la primavera, también ayuda a que los mendocinos se animen a salir más, sobre todo en los lugares que ofrecen espacios abiertos y amplios, para escapar a las posibilidades de contagio.

Así lo explican desde 23 Ríos, en donde el fuerte es la cerveza artesanal, pero también ofrecen un espacio para ferias de indumentaria los fines de semana, que dan la oportunidad a otros emprendedores a mostrar sus productos y también participar de los beneficios de que la clase media mendocina esté buscando “consumos premium”.

“Desde el bar de nuestra fabrica vemos que más gente se anima a salir y consumir y festejar cumpleaños y eventos. Si bien setiembre es un mes tradicionalmente bajo para la gastronomía hemos experimentado un leve crecimiento vs setiembre de 2020″, comentaron

“A nosotros la pandemia nos obligó a salir de nuestra área de confort (venta de cervezas en barriles a los bares y restaurantes de Mendoza) y compramos una máquina de enlatar; lo cual nos permitió colocar latas de 23 Ríos en almacenes, minimarkets, vinerías y demás. Es un canal nuevo para nosotros, pero estamos convencidos de que es el canal que impulsa al crecimiento de la marca”, sumaron desde ese bar.

En el mismo rubro, desde la cervecería Rodder Brewing Co explicaron que enfrentaron un desafío similar durante la cuarentena, pero que “cada hora de flexibilización significó más litros vendidos”.

Así lo señaló uno de los fundadores de la firma, Manuel Ortega, para quien a medida en que iban abriéndose los bares, el consumo aumentaba. “Pasamos a vender en un día lo que vendíamos en medio mes de cuarentena”, comentó.

“Vemos que la gente busca cada vez más, no sólo productos buenos, sino experiencias más completas, nuevos sabores. Por eso estamos aumentando la producción, en plena pandemia apostamos por ello, y pasamos de 4 mil litros a 8 mil litros por mes, y tenemos, con mi socio Felipe, el plan de expandirnos hasta 12 mil litros mensuales”, agregó Ortega.

Rødder Brewing Co tiene un concepto craft (artesanal, pero con procesos cuidados que lo alejan del “homemade”, sin perder originalidad), y según explicó Ortega eso implica que además del cuidado del producto, se sume la cultura del “triple impacto”, algo que valoran mucho los consumidores que saben que con su consumo también están aportando a un círculo virtuoso, a “empresas que aportan a la comunidad”.

Ortega señaló que en el mismo camino, planean ampliarse a otras bebidas, para generar su propio vino, cervezas de fermentación espontánea en barricas de roble, y un aperitivo a base de tónica y vino.

“Hoy el consumidor está empezando a leer las etiquetas, buscando productos que hagan bien a su persona y a su comunidad, y es una tendencia mundial, que nos permitió en 2019 ganar un subsidio del BID para empresas de triple impacto (20 mil dólares para ajustarse a ese concepto)”, cerró el empresario.

Por otro lado, y asociado directamente a la cultura mendocina, aumentó la venta en pandemia, y en los últimos meses, de vinos de alta gama. Según explicaron desde Bodega Cruzat, en ese segmento se destacan sus espumosos como Millésime 2014 (el ícono de la bodega, por $ 4.200) y Finca La Dama ($ 2.700, y $ 4.700 la Magnum).

Ciertos chocolates también pueden considerarse como productos premium que se pueden consumir para darse un gusto personal, pero también para regalar y, sobre todo, cuando las empresas ofrecen envíos. Desde “Purocacao” señalaron que, por ejemplo, una caja mix de bombones cuesta $ 5.870 el medio kilo; $ 9.950 el kilo, y entran dentro de esas categorías.

“Cada producto tiene un proceso inspiracional diferente, pero con un mismo objetivo: ofrecer un recorrido sensorial donde convergen sabores, aromas y prácticas sustentables”, afirmó el fundador y chocolatier Rodrigo Bauni, quien entre sus últimos lanzamientos contó con la colaboración del enólogo Alejandro Vigil, para crear la colección de Cabernet Franc del Gran Enemigo.

Tratamientos de estética

En plena pandemia, cuando se habilitaron los salones de estética y kinesiología estética, como es el caso del centro que dirige Julieta Persich, “hubo un boom de gente pidiendo turnos”, ya sea porque habían ganado algo de peso durante la cuarentena más estricta o porque querían verse mejor después de un largo tiempo de aislamiento.

“La temporada alta que antes veíamos entre setiembre y noviembre, se dio entre enero y febrero. Hubo más consumo de la clase media, y de chicas jóvenes que buscaban tratamientos faciales. Durante agosto se estancó un poco la situación, pero ahora estamos expectantes porque hemos dado muchos turnos”, comentó la profesional.

En el caso de Coco Esthetic, empresa dirigida por las hermanas Florencia y Carolina Cantón, hacía años ofrecían tratamientos de uñas y pestañas, pero en 2020 empezaron a ofrecer más opciones de estética corporal, como los bronceados. Mientras las restricciones se liberaban y la gente salía a la calle, más se adoptaron estos tratamientos.

Carolina Cantón explicó que actualmente tienen “muchos turnos de uñas” y “bronceado principalmente”, aunque también ha aumentado un poco más la demanda por los servicios de estética corporal, junto a “todo lo que son tratamientos para reducir y para tonificar”. La empresaria observó que, si bien el repunte en estas fechas es normal por la cercanía del verano, también influye que con la quita de restricciones “las chicas ya empiezan a salir a bailar” y por eso hay un poco más de demanda.

Un caso llamativo es el de Symi Estética, empresa que se inició a fines del año pasado y desde ahí no ha parado de crecer. “Para mí siempre fue un crecimiento constante pero lo que otras colegas me dicen es que hubo una baja muy grande y a partir de este año en agosto se empezó a reactivar”, comentó Ayelén Romo, la dueña de la estética.

En cuanto a las consultas recibidas, lo más pedido en Symi es la depilación definitiva. Además, se pregunta por otros tratamientos para quemar grasa y tonificar la figura y tratamientos estéticos como los circuitos modeladores y reductores. Los más destacados son VelaSlim, criolipóisis y Body up. Eso se suma a otros tratamientos como permanente de pestañas y uñas.

De todos modos, Romo consideró que una parte clave en el negocio es la escucha y el acompañamiento: “Nosotros hemos hecho varias encuestas en el local y la mayoría de las chicas dicen que vienen para sentirse bien atendidas y escuchadas. Eso es muy importante”, apuntó.

Mantener el auto

El Centro de Educación Servicios y Asesoramiento al Consumidor (Cesyac) considera que la llamada “clase media” son aquellas familias que a la Canasta Básica Total (alimentos y otros bienes y servicios como vestimenta) le suman el alquiler de una vivienda, un auto de 10 años de antigüedad, un abono de medicina privada, el costo de enviar a dos hijos a un colegio privado y la cuota de un club.

Haciendo foco en el auto, esto implica considerar el mantenimiento anual. Pensando en un vehículo de $ 1,5 millón, el CEO y fundador de Prolube, Martín Lerdón, calcula que un service anual a los 10 mil kilómetros (cambio de aceite y filtros) implicaría $ 8.400, a lo que habría que sumar una alineación, balanceo y rotación por $ 2.500.

Hay que tener en cuenta posibles desperfectos, lo que implica agregar un posible arreglo de distribución, frenos, embrague o tren delantero, por un promedio de $ 27 mil. Además, en cubiertas por año se gasta $ 20.000 ( duran 5 años). La suma de service, mantenimiento y reparaciones daría $ 57.900.

A ese cálculo habría que sumar el costo de la nafta por $ 106.800 (para 10 mil km), más unos $ 42 mil en seguro, $ 36 mil de patente al año y $ 1.300 en Revisión Técnica Obligatoria (cuesta $ $ 2.600 pero dura dos años).

Sumando estos $ 186.100 con los anteriores $ 57.900, el resultado total del costo anual de utilizar un vehículo de gama media rondaría los $ 244.000.

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