El caso de las cerezas es muy similar al de las manzanas. Mientras las buenas posibilidades comerciales (particularmente en el exterior) se mantienen intactas, y en algunos casos en crecimiento, en Mendoza las plantaciones han ido siendo reemplazadas paulatinamente por el cultivo de otras especies, entre ellas vid.
Alberto Carleti, presidente de la comisión Cerezas de Mendoza, viene planteando desde hace 2 o 3 temporadas la necesidad de llevar la superficie implantada al menos a 2.000 hectáreas. Esto implicaría prácticamente duplicar el área de cultivo, que hoy se sitúa en torno al millar de hectáreas en la provincia.
"Es necesario un plan de recuperación de cultivos que se están perdiendo; y no es exagerado hablar de 2.000 hectáreas si se tiene en cuenta que es un producto que tiene demanda en el mercado; pero se trata de poner en marcha un proceso de crecimiento que sea razonablemente manejable", dice el empresario.
Carleti, que -por otra parte- preside la comisión de Economías Regionales de la Federación Económica de Mendoza, señala la necesidad (al igual que en el caso de la manzana) se trabajar con nuevas variedades, "quizás 4 o 5, que permitan extender el tiempo de cosecha y trabajo en los empaques hasta los 45 o 60 días". Pero admite que "hoy, el problema más serio es que no están los portainjertos ni las variedades que se necesitan, pero para generar ese material hay que tener un plan de crecimiento".
El empresario advierte que debe plantearse como una producción complementaria de otro cultivos, por ejemplo pera, manzana o vid, "evitando que el momento de cosecha y el trabajo en el empaque o en la industria se superponga con el de otras especies".