El 21 de marzo pasado, a los 87 años de edad, falleció el Dr. Rodolfo Calvo, eminente médico y destacado político. Nació en San Rafael, donde realizó sus estudios primarios y secundarios, recibiéndose de maestro. Ejerció la docencia con gran vocación en zonas rurales; en Bowen, por un tiempo. Estimulado y ayudado por un familiar fue a estudiar medicina a la Universidad Nacional de Buenos Aires. Fue un tío suyo, Victoriano Catoira, integrante de la primera promoción de graduados en Kinesiología de la Facultad de Medicina de aquella Universidad, quien lo ayudó, lo conectó con dicha facultad y con el Hospital de Clínicas, donde trabajó durante toda su carrera para pagarse los estudios.
Obtuvo el título de médico cardiólogo en 1953 y, en 1955, el de doctor en Medicina, con calificación sobresaliente, con la tesis sobre circulación extracorpórea, bajo la dirección del eminente Dr. Pedro Cossio. Desde aquella fecha y hasta 1957 fue becario del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, presidido por el Premio Nobel Bernardo Houssay, para realizar investigaciones en la Facultad de Medicina de la UNCuyo, dirigido por el Dr. Juan Carlos Fasciolo.
Ejerció la medicina con acendrada vocación de servicio y un grado de excelencia que pocos alcanzan. Su preocupación trascendía la relación individual del médico con el paciente. Asumió importantes funciones en la salud pública, como subdirector del Hospital Ferroviario, que organizaron en ejemplar dupla de trabajo con el director, su amigo el Dr. Abner. Fue creador y jefe del Servicio de Cardiología del Hospital Lagomaggiore. Su vocación de servicio lo llevó a ocupar funciones en asociaciones médicas, como presidente de la Federación Argentina de Cardiología y de la Sociedad de Cardiología de Mendoza. Participó, organizó y presidió congresos nacionales y regionales de su especialidad. Recibió distinciones como miembro emérito de la FAC y “Leyenda Viva de la Medicina” del Círculo Médico de Mendoza, en 2006.
Fue uno de los primeros médicos en ocuparse con entusiasmo de las bondades del vino tinto (bebido con moderación), en especial el malbec, por su contenido de sustancias antioxidantes, el reverastrol, que ayuda a prologar una buena existencia.
Se incorporó joven a la política, a mediados de los años ’50, junto a un grupo destacado de profesionales de San Rafael, participando en la creación de la UCRI, liderada por el Dr. Arturo Frondizi, resultado de la división de la UCR. Dentro de la UCRI mendocina lo hizo en el núcleo interno del MIR, encabezado por el Dr. Ernesto Ueltschi. La UCRI ganó las elecciones nacionales y provinciales de febrero de 1958. Calvo fue electo diputado provincial y presidió la Cámara entre 1958 y 1960. Abrazó con su habitual pasión y lucidez las ideas y las políticas del desarrollismo. Fue un protagonista destacado, singular, de los debates generados por la política del petróleo liderada por Arturo Frondizi y Rogelio Frigerio.
Luego de su actuación como legislador provincial no ocupó cargos públicos de importancia pero fue candidato en diversas oportunidades por el MID, del cual fue uno de los fundadores. En ese partido desempeñó numerosos cargos, tanto en la provincia como a nivel nacional, incluida la presidencia del partido, entre 1985-86. Entre las corrientes internas que generan los partidos políticos se enroló decididamente con Rogelio Frigerio con quien mantuvo una larga relación personal, compartiendo sus ideas, escribiendo conjuntamente un libro sobre “Petróleo y Desarrollo”.
Escribió numerosas notas sobre temas de petróleo y energía. Permaneció fiel a sus ideas desarrollistas toda su vida, siendo consecuente con quienes las compartían a pesar de que el movimiento político se iba desgranando hasta casi desaparecer.
En los últimos años, como otros sobrevivientes del desarrollismo, tuvo simpatías por el gobierno kirchnerista, sobre todo en los inicios, en los que creyeron ver una resurrección de las ideas que abrazaban con profunda sinceridad, como la industrialización sustitutiva de importaciones. Es posible que no le hayan faltado desencantos sobre estas ilusiones. Hace unos pocos años trabajó intensamente en la preparación de una conferencia que dictó en la Junta de Estudios Históricos de Mendoza sobre el desarrollismo y su doctrina.
Pero Rodolfo Calvo fue más que un médico eximio y hombre cuya pasión por el país y sus semejantes lo llevó a la entrega política. Fue un hombre que gustaba de la música, la pintura, la literatura, el deporte. Cultivó la amistad con sinceridad e igual lealtad que las ideas. De estampa quijotesca, de hablar elocuente, de lenguaje rico y preciso. Conversador apasionado, pronto olvidaba el plato o el pocillo de café: el diálogo era lo importante.
Sabía preguntar y escuchar sobre los temas que no conocía bien y respetar al interlocutor cuando lo sabía idóneo en ellos. Lector inteligente, informado como pocos hasta los últimos días de su vida, de los problemas nacionales e internacionales. Ave rara de la medicina y la política, era un hombre culto, fino y, sobre todo, profundamente desinteresado. Vivió en forma sencilla y austera toda la vida, noble y honesto. Su integridad moral era incuestionable.
He tenido el placer de ser su amigo por más de 50 años. Fue el padrino de bautismo de mi hija Eva, responsabilidad que asumió como todo en su vida, ocupándose de ella cuantas veces fuera necesario y sin olvidar nunca un llamado, una visita, un presente.
Rodolfo Calvo ha sido muchas cosas. Cada uno que lo conoció y trató recordará y resaltará algunas de ellas. En términos que en otros tiempos se pronunciaban sólo cuando era preciso y correspondía, fue un gran hombre. “Un hombre que vivió para y por su país, nuestro país”, ha dicho el Dr. Raúl Ortego de la FAC (www.fac.org.ar). Frente a su muerte se podría repetir, sin exageración alguna, la expresión de Carlos Pellegrini despidiendo a un gran médico, Ignacio Pirovano: “Ante esta tumba hasta la envidia llora”.