5 de enero de 2013 - 22:12

El dilema

Desdoblar elecciones puede significarle al peronismo mendocino ser interpretado por el kirchnerismo como adherente a Scioli, al que ya muchos ven como opción válida.

Dentro de pocos días, cuando regrese de sus vacaciones, el gobernador Francisco Pérez, además de priorizar aspectos de la gestión impostergables, deberá seguir interesándose por un debate que ya está instalado en el seno del justicialismo mendocino: seguir o no con la idea de desdoblar las elecciones.

Como ya señalábamos en este mismo espacio hace una semana, aunque seguramente la definición del tema comenzará a gestarse en febrero, porque este mes supone un ir y venir constante de legisladores y funcionarios en uso de licencias, y en virtud de la urgencia que existe, las consultas seguirán en estos calurosos días de enero ya que el escenario nacional, muy cambiante por estos tiempos, no admite demoras. Esto, más allá de la "sugerencia" presidencial para que ninguna provincia gobernada por un justicialista separe su elección provincial legislativa de la nacional.

En la Casa Rosada temen que el adelantamiento electoral en las provincias termine debilitando las posibilidades kirchneristas en octubre. Más allá de que varias consultoras confiables a nivel nacional hablan de un "amesetamiento" de la imagen presidencial luego de varios meses de caída, saben bien en los ámbitos de poder nacional que repetir el 54 por ciento de votos con que contó Cristina Kirchner para su reelección no será fácil este año.
De todos modos, aquí y en la mayoría de las provincias consideradas "grandes" por su población y caudal electoral, la decisión no es segura todavía a favor de las intenciones del gobierno nacional.

La plata de De Vido y la estrategia de la re-reelección. El hecho de desdoblar tiene como clara intención poner a resguardo a los candidatos locales del PJ de una eventual caída kirchnerista en la elección legislativa nacional y, por otra parte, evitar el siempre odioso roce con Cobos, seguro candidato del radicalismo en la lista de diputados nacionales. Sin embargo, el temor de muchos en el PJ mendocino, con el gobernador Pérez a la cabeza, es que haya una mala interpretación por parte del kirchnerismo si se opta por la no coincidencia de fechas.
Mendoza, con un gobernador que no tiene estructura partidaria propia y que llegó a la candidatura amparado en su fuerte anclaje nacional, está considerada por muchos como la provincia más alineada y comprometida con el kirchnerismo. De ahí la gran duda que tiene el Gobernador a la hora de decidir sobre la fecha para la elección de legisladores locales. Su apuesta a un protagonismo futuro en la Nación nunca fue dejada de lado.

Para colmo, desde el gobierno nacional se va intensificando el acercamiento a las bases políticas mediante promesas de auxilio financiero en pleno año electoral. La noticia de que a través de un decreto de necesidad y urgencia se destinen más de 1.100 millones de pesos a los municipios más urgidos en el país es parte de la maquinaria electoral que el kirchnerismo pone en marcha para tener a su lado a los influyentes jefes territoriales.

El trato es directo, obviando a los gobernadores. ¿Por qué? Porque muchos de los jefes provinciales mantienen más apetencias presidenciales que los intendentes. Y, en definitiva, en muchas provincias, incluida Mendoza, son estos "caciques" los que mueven las estructuras partidarias y salen a buscar los votos.

Y el elegido para pilotear la movida es Julio De Vido, viejo amigo de la familia Kirchner que vuelve a tener un lugar preponderante porque es ahora aprovechado por su experiencia en la función pública. Obviamente, tiene demasiada experiencia política si se lo compara con muchos jóvenes dirigentes de las corrientes militantes.

De Vido, al que muchos ya definen como posible jefe de Gabinete ante una eventual reestructuración en el equipo de colaboradores de la Presidenta, será portavoz permanente de la estrategia re-reeleccionista presidencial que el kirchnerismo mantendrá viva aun sabiendo que la jugada será de muy difícil concreción. Su actual participación chequera en mano es la reacción oficialista al estado deliberativo que hay dentro del peronismo nacional.

Scioli, la segunda opción. Con su postura no confrontativa, el gobernador de Buenos Aires no sólo está anotado en la carrera presidencial para 2015, sino que va ganando adeptos entre quienes en el PJ ya están un poco cansados de las políticas confrontativas del oficialismo.
En el partido gobernante, a nivel nacional aparecen dos estilos de resistencia. Por un lado, están los que ensayan el camino de la oposición al poder central, entre los que se encuentra el cordobés De la Sota, y además está la postura de Scioli, basada en la búsqueda de consensos.
Hoy nadie duda de que el mandatario bonaerense es una fuerte opción oficialista al kirchnerismo. Si fracasa la estrategia reeleccionista, es muy posible que sea el personaje de transición aceptado por la propia estructura K.

Definido públicamente como "peronista" antes que kirchnerista, con su pronunciamiento logró animar a muchos que dudaban expresarse de la misma manera. En nuestra provincia los ejemplos recientes fueron el vicegobernador Ciurca y el intendente Bermejo, figuras preponderantes de los movimientos internos del PJ mendocino más importantes. Lo que dijo el intendente maipucino sonó como muy contundente: "El Gobierno nació en el seno del peronismo y el kirchnerista es peronista". En verdad, hay un kirchnerismo peronista que puede llegar a aceptar el fin de un ciclo, pero el problema, pensando en la alternancia, pueden ser los sectores kirchneristas no peronistas.

La oportunidad de diferenciarse. Más allá de toda especulación, en el justicialismo mendocino hay quienes consideran que un eventual desdoblamiento electoral puede ser una oportunidad histórica para marcar diferencias claras con el poder central después de varios años de encolumnamiento con resultados variables, ya que con mayor o menor llegada al núcleo duro del gobierno nacional, las gestiones de Jaque y Pérez tienen en común el firme encolumnamiento con las políticas de la Casa Rosada.

La jugada no está exenta de riesgos. La mayoría de los intendentes del PJ es consciente de que una posible decisión de adelantar las elecciones provinciales puede significar resignar promesas que les han sido anunciadas para paliar situaciones deficitarias en las comunas, que en mayor o menor medida todos tienen, y por añadidura recortar posibilidades electorales.
 
Cristina o Scioli es el dilema del peronismo mendocino al día de hoy. No desdoblar significaría mantener al gobierno como una suerte de apéndice del poder central sin mayor presencia nacional. Desdoblar, en cambio, puede devolverle no sólo al PJ local, sino a la provincia, un protagonismo aletargado durante varios años y que muchos mendocinos, no necesariamente peronistas, pueden llegar a ver con buenos ojos.

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