19 de septiembre de 2019 - 00:00

Diego Peretti: “El trabajo del actor no salva vidas”

Hoy se estrena “Iniciales S.G.” una comedia negra en la que protagoniza a un artista en decadencia que una vez grabó canciones de Gainsbourg

Diego Peretti (56) repasa una lista de nombres escrita a mano. Dice que el ejercicio le hace acordar a su casamiento. Pero aclara que se trata de gente a la que piensa invitar a la avant premiere de "Iniciales S. G.", la película que lo tiene en un rol protagónico distinto a lo usual, y que se estrena hoy en las salas mendocinas.


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"Es lo que pasa con estas películas más chicas, todo es un poco más artesanal", dice el actor, que se puso al hombro la promoción de esta coproducción argentina, estadounidense y libanesa, una comedia negra donde encarna a Sergio Garcés, un actor en decadencia que supo grabar un disco con canciones en español de Serge Gainsbourg y que cree que su destino está atado a la suerte de la Selección Argentina de fútbol.

 

¿Qué tienen en común el cantautor francés con un actor argentino, una programadora yanqui y un mundial de fútbol? Habría que preguntarle a la libanesa Rania Attieh y al texano de raíces mexicanas Daniel García, directores y guionistas de esta original historia que tiene un poco de todo: humor, drama y crimen.

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Por su parte, Peretti empieza intentando definir a su personaje: "Sergio Garcés, porteño, de mediana edad, representa características no positivas del ser nacional. Esa adolescencia eterna, esa superstición de creer que uno está ligado a la selección, exponerse obscenamente para ganar plata, la misoginia", describe.

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Narrado en off por Daniel Fanego, el filme tiene como punto de quiebre un crimen, mientras Garcés vive un romance no deseado con una programadora estadounidense llamada Jane (como Birkin, pareja emblemática de Gainsbourg), personaje que compone la estadounidense Julianne Nicholson ("Agosto", "Yo, Tonya"). "Todo eso la hace una película medio afrancesada. Nosotros tenemos eso de querer parecernos a los franceses. Tiene una dirección muy encantadora de Rania y Daniel, una narración que me gusta mucho, del estilo del cine independiente estadounidense", explica el actor-psiquiatra.

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-¿Le ves algún punto de contacto con el cine argentino?

-Desde ya. Y con el cine francés, también. El bueno, el de clima, el de psicología. El de Alexander Payne, que hizo “Nebraska” o “Las confesiones del Sr. Schmidt”. Son películas que se apoyan mucho en un personaje, en su psicología y en sus acciones.

- Como la película, Garcés es un personaje difícil de describir.

- Sí, es un hombre que si pudiera interrogarlo, no sabría decirte qué bagaje intelectual tiene. Parece muy corto, con acciones de una lógica muy fuera de órbita, muy poco convencionales. De una vanidad...

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- Poco justificada.

-Absolutamente. Y es un personaje que tiene tanta caca adentro, que explota. Porque el mundo externo lo basurea mucho. La Argentina tiene algo así: se degrada.

-Lo raro de "Iniciales S. G." es que que tiene un ADN argentino, pero fue pensada por dos extranjeros.

-Todo el equipo técnico era argentino. Pero los bochos de todo esto eran Rania y Daniel. Vinieron con ese guión y se respetó. Mi personaje sí tenía la camiseta argentina y ese fervor por la Selección. Y yo soy porteño. Creo que concentro, en un gran porcentaje, lo bueno del porteño. Esa parte del porteño agrandada, garca, impuntual, que se cree muchísimo más de lo que es... trato de cuidarme mucho de eso.

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-¿Y Garcés resume todo lo malo del porteño?

-No sé. Él no llega a ser garca. Él es un onanista melancólico al que se le pasó su hora. Esa carga onanista sigue teniendo mucha vida y no sabe cómo canalizarla. Es como una cucaracha muy vieja. Y la película lo agarra en un momento que puede derivar en un destino trágico.

-¿Es un personaje alejado de lo que solés hacer en cine?

-Sí. Por lo trágico, sobre todo. Y porque es de un humor negro patético que va a fondo. Yo soy un actor que en general trabaja en cine comercial. Y no se permite llegar hasta donde llega esta película, a veces. Los guiones ya no llegan.

-¿Es la primera vez que fuiste dirigido por estadounidenses?

-Sí. Tienen muy afinada la narración. Son muy psicologistas en el sentido extremo de la palabra. Se ve que les gusta meterse en psicopatologías. Quizás nosotros somos más de abordar al hombre común, con los problemas de todo el mundo.

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-Algo más costumbrista, ¿decís?

-Más costumbrismo, si querés. Nosotros valoramos cierto aguante que tenemos en el sufrimiento. Eso tiene una tristeza, una poesía. La tienen los Luppi, los Brandoni, los Ulises Dumont. Incluso Darín. Y yo, algunas veces. Pero noto que el cine estadounidense se mete en vericuetos más psicopáticos, como este personaje. Desde lo psicológico, este no es un hombre común. Sí es urbano. Es la alcantarilla, no tiene valores morales muy definidos.

-No tiene culpa

-Pareciera no sentir culpa. Pero a partir de lo que sucede, sus acciones posteriores denuncian una culpa que no puede expresar. Y lo que termina haciendo, un poco lo salva.

-¿Cómo se mete el mundial de Brasil en la película?

-Ellos estaban acá durante el mundial. Y tenían esa toma de los edificios, con el grito de la gente cuando Argentina llega a la final. Se impactaron porque sintieron que toda la ciudad vivía esos goles. Ese fue su disparador para hacer la película.

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-Después de "Iniciales S. G.", en enero llega "El robo del siglo", y mientras tanto estás filmando otra película. ¿Te sentís un actor privilegiado?

-Sí. Tampoco lo analizo tanto. Porque sentirse privilegiado significa pensar que estoy en un puente viendo a gente siendo comida por cocodrilos. Sí trato de ser digno del lugar que tengo. No es un trabajo serio, el del actor. Pero hay que darle seriedad a lo que uno hace. Es la seriedad del payaso. El cine comercial, si es bueno, como creo elegir, te hace trabajar escenas bien estrictas con actores muy profesionales. Es como estar en la Selección. Y bueno, tenés que romperte el culo.

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-¿El secreto es ese?

-Claro. No es serio este trabajo. No salva vidas. Ayuda a entretener a la gente. Y para entretenerla tenés que ser creíble. Para eso trato de meterle demonios míos, tristezas, alegrías. Y nunca voy a un set sin tener el texto memorizado hace un mes. Porque ya lo podés manipular. Tiene que ser como una zapatilla, no me tiene que molestar en absoluto.

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