Envuelto en altibajos, Francisco Pérez cumple su primer año de gobierno. Ese solo dato cronológico encarna una dura urgencia política: a partir de mañana, probablemente, las cosas ya no sean como hasta ahora.
Envuelto en altibajos, Francisco Pérez cumple su primer año de gobierno. Ese solo dato cronológico encarna una dura urgencia política: a partir de mañana, probablemente, las cosas ya no sean como hasta ahora.
Puertas afuera de la administración justicialista, sectores mayoritarios de la oposición creen que el tiempo de las contemplaciones terminó hace rato, y prometen no sólo redoblar críticas sino también agudizar la mirada sobre el mayor déficit de la era Pérez: la gestión.
Puertas adentro, reina -especialmente entre las segundas y terceras líneas- alguna incertidumbre sobre el efectivo rumbo del gobierno más allá de su alineamiento nacional. Ambas miradas predicen la aspereza de los días por venir.
Hilando fino
La discusión del paquete de Avalúo, Impositiva y Presupuesto 2013, promete ser más dura que la del año pasado. Las recriminaciones por la falta de capacidad para conseguir crédito (la Legislatura aprobó para este año 1.500 millones de pesos de endeudamiento y Hacienda apenas acercó a las arcas provinciales 300); la ejecución del gasto (en especial la retracción de la obra pública y los atrasos en el pago de los proveedores del Estado), prometen ser algunos de los puntos calientes del debate que además no permitirá atenuantes en virtud de la tensa relación con la UCR que directamente se siente discriminada en los municipios que administra (excepto Capital), en el reparto de los recursos públicos tanto provinciales como nacionales.
La clave será la disputa ya anticipada por el déficit y el endeudamiento para el año que viene. Tanto los radicales como el PD se resisten a aprobar más “rojo” para las cuentas públicas, justamente la herramienta que el Gobierno considera indispensable para dar un golpe de timón que reposicione a Pérez, con un fuerte impulso sobre la obra pública en un año electoral y le permita llegar (en diciembre de 2013) a la mitad de su gestión con una mínima fortaleza política. Especialmente, si la posibilidad de lograr su reelección se termina diluyendo aunque la reforma constitucional logre avanzar.
Caso aparte será el debate sobre la utilización, en 2013, del endeudamiento que aprobó la Legislatura para 2012. Los asesores de la oposición entienden que esto de ninguna manera puede ser así, ya que según lo previsto en el artículo 41 de la Constitución Provincial, esa autorización fue votada por mayoría especial, con garantía específica y estableciendo el destino del endeudamiento: bienes de capital, obra pública y capitalización del Fondo para la Transformación y Crecimiento.
Según esos técnicos, “los fondos que se tomen por la ley de Presupuesto 2012 siempre deberán ser destinados a financiar erogaciones de 2012 compatibles con lo que establece el destino del endeudamiento. Nunca podrá tomarse para financiar gastos de 2013”. Clarísimo.
Tal vez por ello, el proyecto oficial para el año próximo volvió a incluir una nueva autorización de endeudamiento por ¡otros 1.500 millones!, previendo que esta restricción haga imposible su utilización y sea necesario -en todo caso- una nueva.
"¿Seré yo, maestro?"
En tanto, en las mesas del propio oficialismo se comenta que la obsesión ciega por la reforma constitucional (y las grandilocuentes expresiones que instan a “dejar la vida” por ello), han logrado desorientar tanto al núcleo íntimo como a los mandos medios del Gobierno.
Funcionarios que todavía no terminan de comprender si la epopeya en la que está embarcado Pérez apunta -efectivamente- a la transformación profunda de Mendoza o si simplemente responde a una estrategia de manutención del poder y disciplinamiento de la tropa.
Las quejas del empresario Sergio Vignoni en Rivadavia hace quince días activaron las alarmas de los operadores gubernamentales.
Creen que las demandas insatisfechas de los productores, más el recrudecimiento de nuevas/viejas sospechas sobre el accionar del Departamento General de Irrigación, no hacen más que configurar un cóctel perfecto que se enmarca en los ya remanidos reclamos que la versión local del kirchnerismo recibió en los cacerolazos del 13S y del 8N. La oposición entiende que la gestión de José Luis Álvarez está profundizando las falencias de la del cuestionadísimo antecesor, Eduardo Frigerio y golpean allí donde al oficialismo le duele.
Es importante aquí recordar que la renuncia de Frigerio, acosado por las denuncias y el accionar del Jury de Enjuiciamiento, fue el golpe de efecto y el acto político inicial de Pérez al frente de la Gobernación. Su primer día anunció como un triunfo de la nueva era y un signo de lo que venía, la salida de Frigerio, y redobló las promesas de transparencia e institucionalidad que el tiempo parece haber desdibujado.
La difusión -esta semana- de máquinas de Irrigación utilizadas para realizar trabajos particulares en un camping de propiedad del subdelegado del río Tunuyán Superior, Diego Mayorga (del sector Azul del PJ), reflotaron los peores fantasmas y terminaron de echar por tierra aquel acto “fundacional” de Pérez en los albores de su gobierno. “Todo está más o menos igual que con Jaque”, es la conclusión generalizada en la que sorprendentemente coinciden oficialistas sinceros y opositores críticos.
Reflexivo, ante los periodistas, Pérez autoevaluó su primer año de gestión con un “8”, tal vez impulsado por la estimulante generosidad que cada uno le pone a lo que hace. En su autorretrato de estadista -por ejemplo- “olvidó” que durante cuatro años fue ministro del ex gobernador Celso Jaque, al que ahora acusa de haber sido un administrador desordenado e ineficiente.
Un desbalance
Enredado en la lógica “amigo-enemigo” de la que el gobierno nacional hace culto, Pérez no puede traducir en beneficios su amistad íntima con la Nación. De hecho, los fondos para la imprescindible ampliación del Acceso Sur, que debería financiar Buenos Aires al tratarse de una ruta nacional, serán aportados por la Provincia, que luego deberá gestionar su devolución o alguna compensación. Un despropósito y hasta casi una ofensa ante tanto aplauso en la Casa Rosada.
En la misma línea, la percepción de que las intenciones de Pérez chocan con la instrumentación que lleva adelante su gabinete, también es otro tópico recurrente entre analistas de diversas filiaciones partidarias, incluso justicialistas.
“Los ministros no se destacan, no hay figuras descollantes, casi todos han tenido que dar alguna explicación por algún asunto y, para colmo, hay figuras que vienen de la gestión anterior y que empiezan a sentir el desgaste en la opinión pública”, sintetiza un legislador opositor.
Para mayor complejidad, la interna peronista comienza a mostrar síntomas de incomodidad, al advertir que si la dinámica que el gobierno ha tenido durante este año sigue trasladándose en el tiempo, entonces las definiciones políticas internas deberán ser las que apuren esa inercia. El lanzamiento de Alejandro Abraham es el síntoma más claro de esa inquietud.
Bajo la misma lógica de obtención de un lugar destacado, los movimientos opositores también buscan hacerse un espacio -justamente- como contrafiguras de Pérez. El demócrata Carlos Aguinaga parece haber picado en punta en su deseo de encabezar la lista de legisladores nacionales.
En el radicalismo, siempre proclive a la batalla, las escaramuzas parecen comenzar, justamente, por la emblemática Capital, donde por estos días se prepara el lanzamiento de una nueva línea interna que nace como réplica a la mimetización del intendente Víctor Fayad con el oficialismo provincial y nacional. El leit motiv de la convocatoria, suena desafiante e irónico, un signo de los tiempos: “Recuperar la Capital para el radicalismo”.
Está dicho, a partir de mañana las cosas no serán como hasta ahora.