13 de octubre de 2015 - 00:00

Diálogo ciudadano y democracia

A menudo, muy a menudo, pensamos o utilizamos vocablos cuyo significado es bastante distinto de lo que tal vocablo indica en sus orígenes; por ejemplo las palabras diálogo, ciudadano, democracia. Por lo que resulta útil y necesario resignificar esas palabras.

* Diálogo

"Plática entre dos o más personas, que alternativamente manifiestan sus ideas o afectos. Discusión o trato en busca de avenencia". De un diálogo social o político se espera habitualmente que lleve a una mejor convivencia o la consolide, que dé lugar a más justicia o la fortalezca, que cree el encuentro sobre bases comunes o genere -al menos- las condiciones para que ese encuentro se produzca. Para lograr ese objetivo es necesario, antes, coincidir en la visión -de la manera más objetiva que sea posible- de la realidad y del contexto que es motivo del diálogo que se propone.

Y la pregunta se torna inevitable: en la cotidiana realidad que estamos viviendo los argentinos, ¿lo expresado anteriormente es lo que se entiende y se ejerce en nombre del diálogo?, ¿o lo que se esconde bajo esa palabra está viciado por la falsa seguridad que ofrecen los prejuicios, las ideologías, la comodidad que brinda la pereza intelectual o sencillamente los intereses propios, cuando no el engaño?

"Leer la realidad desde la postura de "tener la verdad absoluta" ha llevado, históricamente, a una política efectista, al paredón o las desapariciones, a la destrucción del patrimonio histórico, a los piquetes violentos y los escraches, a las innumerables maneras de violar los derechos de las personas, al ninguneo de las instituciones, a la ocupación de cargos públicos sin la debida y probada idoneidad.

En cambio, la actitud de quien busca interpretar, simple y humildemente, la realidad es diferente: no sólo está abierta a la verdad en forma pasiva o receptiva sino que además se esfuerza por buscarla activa y dinámicamente, haciendo uso de todos los recursos y el rigor de que se dispone". (Revista Criterio, N° 2419)

* Ciudadanía

Es sabido, sin lugar a dudas, que un ciudadano no se constituye -como tal- con la sola adquisición del DNI de mayoría de edad. Querer ser y sentirse ciudadano es desear insertarse en el tejido social de la nación que lo vio nacer o que aceptó voluntariamente si era nativo de otro suelo.

Insertarse significa ser parte activa del conjunto de personas que, siendo mayores de edad, aceptan un determinado modo de convivencia que comporta modos de actuar que están reglados por la ética personal y la conciencia del bien, y por la Constitución y las Leyes de la

República. Derechos y deberes, que decimos.

La principal norma ética y de conciencia, al igual que el sentido originario de la Constitución y de las Leyes es: "no hagas a otro/a lo que no deseas que te hagan".

¿Cuál es el anhelo y el desafío primario de todo buen ciudadano, y de la ciudadanía en general? Vivir dignamente, respetándonos mutuamente y dando una mano a aquellos/as que realmente la necesitan. En palabras del Papa Francisco: "hacer de nuestra tierra nuestra casa y hogar, donde la convivencia, no exenta de distintas opiniones y opciones, ayuden a todos a ser mejores y progresar".

Y otra pregunta retumba en los distintos ámbitos de nuestra sociedad: ¿es así como hoy estamos ejerciendo nuestra mayoría de edad los ciudadanos argentinos, comenzando por aquellos que tienen mayores responsabilidades en el armado social?

Esto no es simple impresión o sensación: nunca las leyes -en democracia- fueron tan impunemente violadas y selectivamente aplicadas, con un hipócrita dejo de respeto por la legalidad. El primado del derecho (escrito) convive con la ilegalidad en todas sus formas.

Estoy convencido de que la mayoría de los argentinos no quiere esto para sí ni para los suyos. Y, entonces, ¿por que lo continuamos haciendo y permitiendo? ¿Ya nos da lo mismo una cosa que otra? ¿Por qué no elevamos nuestras protestas? ¿Por qué no exigimos referendos como establece nuestra Constitución? Y, ¿para cuándo la revocatoria de mandato para los funcionarios ineptos y /o corruptos?

* Democracia

Dicho en pocas palabras: es el gobierno del pueblo por medio de los representantes que elige y a quienes controla para lograr el correcto andar de la sociedad en un todo de acuerdo a ciertos principios comunes establecidos por la Constitución y las Leyes.

¡Muy hermoso como enunciado y como programa de toda una nación! Pero, ¿es esto lo que ocurre y lo que nos ocurre todos los días? ¿No estaremos viviendo en una democracia vaciada, líquida y casi gaseosa?

Ya, para nadie, es desconocido que la mayoría de los funcionarios, legisladores y jueces trabajan para sus propios intereses (de todo tipo), se intercambian figuritas, se ponen la camiseta que mejor los abrigue (sin importar que tengan que cambiarla a menudo) y viven en una burbuja que ellos mismos y sus compañeros de camino se han creado. Dentro de la burbuja se vive muy bien, no importando que al resto de los ciudadanos nos vaya mal.

No hace falta poner ejemplos. Los hay a montones. Y muy cerca nuestro. Permítanme poner solo uno: en la Argentina , todavía no existe una ley nacional que garantice el derecho ciudadano al "acceso a la información pública" en los tres poderes del Estado, pese a que se presentaron diversos proyectos en el Senado y en la Cámara de Diputados.

El acceso a la información de lo que realizan los tres poderes del Estado es un derecho fundamental, no sólo porque facilita el control ciudadano y la rendición de cuentas de los gobernantes sino porque es un requisito para el ejercicio de otros derechos, como la salud, la educación y la vivienda.

Quizás sea éste el tiempo oportuno para desperezarnos y comenzar a ser ciudadanos con mayúsculas. De lo contrario seremos rehenes de nuestra propia desidia y no tendremos derecho a quejarnos del caciquismo, de los improvisados y de los corruptos.

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