Desde 2003, ninguna causa judicial (Skanska, la valija de Antonini Wilson, el presunto enriquecimiento ilícito de Ricardo Jaime, entre ellas), por mayor repercusión mediática que pudieron haber tenido, llegó tan lejos y con un involucrado de tan alta jerarquía institucional como en el denominado “caso Ciccone”, que sentará al vicepresidente Amado Boudou frente al juez Ariel Lijo en una audiencia indagatoria, es decir, por presunción de responsabilidad penal del segundo en la jerarquía del Ejecutivo.
La audiencia será la primera escala de un prolongado proceso que se abrió allá por la Semana Santa de 2012, que de movida dejó en el camino al juez y al fiscal originales de la causa (Daniel Rafecas y Carlos Rívolo), como también al jefe de los fiscales, el histórico peronista Esteban Righi. Fue consecuencia de la primera gran movida política que, con el implícito aval de la presidenta Cristina Fernández, tomó el por entonces flamante vicepresidente.
La fortaleza política que tenía entonces Boudou era elocuente. Seis meses antes había llegado a la Vicepresidencia con el 54 por ciento de los votos, después de que en una decisión estrictamente personal, Cristina Fernández resolvió que fuera su compañero de fórmula, en un reconocimiento tanto a su lealtad como a su autoría intelectual de la reestatización de los fondos jubilatorios.
En cambio, ahora Boudou llega a la indagatoria con un evidente desgaste político. Es el resultado, básicamente, de la permanente exposición pública en la que quedó con una investigación judicial que, por tratarse de la jerarquía institucional que ostenta, pareció dilatada, aun cuando pueda darse la derecha a los requerimientos que tiene toda instrucción en los tribunales hasta poder desembocar en una citación como ésta.
Prueban esa debilidad política la multiplicidad de recursos que en los últimos siete días sacó de la galera, algunos de ellos contradictorios entre sí. Ganar tiempo, presionar políticamente sobre la figura de Lijo, enredar procedimientos, parecen haber sido su objetivo. De otro modo no encuentra explicación que casi al mismo tiempo que pidiera anticipar la declaración, solicitara la nulidad de la citación a la misma. También la televisación en directo del interrogatorio, aun cuando muchas veces algunos jueces prefieran las penumbras de los tribunales, o hayan hecho del anticipo de sus decisiones procesales a los medios una práctica habitual, a estas alturas considerada normal.
La debilidad política con la que Boudou llegará al despacho de Lijo es también perceptible en sus últimas apariciones junto a la Presidenta. Los gestos, en política, significan; y muchas veces más que las palabras. El Vicepresidente estuvo en los actos que el miércoles y el jueves encabezó Cristina Fernández cuando anunció la ampliación de la moratoria previsional y medidas de estímulo fiscal a los medios gráficos, respectivamente. Su ubicación en primera fila, a la izquierda de la Presidenta, bien puede interpretarse como un mensaje de respaldo político cerrado a su figura, como parte de una estrategia afinada en el principal despacho de la Rosada.
Ese mensaje, sin embargo, tuvo también sus bemoles, que pueden entenderse como un respaldo a medias. Ni el miércoles ni el jueves Cristina Fernández mencionó por su nombre la presencia de Amado Boudou, como por caso sí lo hizo, en la segunda ocasión, con los presentes gobernadores de Buenos Aires, Catamarca y Santiago del Estero.
El “Día B” ya llegó. Fuentes cercanas a los tribunales tienen distintos vaticinios acerca de cuál será la decisión (¿en medio o después del Mundial?) que tomará Lijo tras la seguidilla de indagatorias hasta el viernes próximo. No son pocos los que entienden que de los mismos fundamentos de la citación a las indagatorias se desprende que Boudou será declarado culpable.
Como dijo un diputado radical interiorizado del expediente, “si le quitás los tiempos potenciales (los “habría” de aquellos fundamentos), la situación de Boudou es por lo menos complicada”. Otros, en cambio, argumentan que Lijo podría haberlo citado con una resolución de “tres renglones”, pero que si lo hizo con una explicación extensa de “la maniobra” de la supuesta compra de Ciccone es porque se trata de una citación del segundo jerarca del Ejecutivo, no porque en sí mismo signifique un anticipo implícito de cuál será su resolución.
Cualquiera sea el desenlace final que empezará a tejerse este lunes, la situación política del Gobierno, incluso institucional, no será la misma. Pero para eso, tiempo al tiempo.