Peldaño a peldaño, fuimos desandando los peldaños cuesta arriba de la primera mitad del año. Con empujones, caídas y algunas manos amigas que ayudaron a seguir, llegamos hasta el descanso de este tobogán denominado 2018.
Peldaño a peldaño, fuimos desandando los peldaños cuesta arriba de la primera mitad del año. Con empujones, caídas y algunas manos amigas que ayudaron a seguir, llegamos hasta el descanso de este tobogán denominado 2018.
Aunque por momentos se hizo largo y las vacaciones no llegaban más, el común denominador es la sensación de que los meses se pasaron volando; tal vez, por la esperanza de que en el segundo semestre se planche la inflación -como dijo el presidente Macri allá en marzo-.
Esa inflación que no nos dio tregua y subió al ritmo que nosotros trepábamos la escalera -o eso es lo que sentimos el común de los mortales que buscamos todos los días estrategias para que nos rindan los ingresos- mientras se nos caen de las manos las ilusiones de un viaje, el deseo de invertir en algo diferente a la comida y la ropa.
Un par de semanas -coincidente con el receso escolar- sirvieron para hacer un impasse en la rutina o parte de ella: algunos pudieron dejarla por completo y respirar aires distintos; otros, con menos suerte o diferentes prioridades, apostaron sólo a bajar el ritmo de la corrida.
De uno u otro modo, el balance de mitad de año obligó a revisar la lista realizada cuando se apagaban los fuegos artificiales del nuevo año. El punteo nos dejó un saldo negativo: muchas cosas quedaron en el tintero.
Con esa carga extra, la semana pasada largó la segunda parte. Y para ese descenso que se ve en picada, nos espera ese tobogán de chapa bajo el sol de la siesta mendocina o ese viejo astillado y descuidado con algunas tablas rotas o aquel acuático más divertido aunque no menos vertiginoso o el espiralado o el que tiene varias pendientes.
Como sea, la "distancia" entre las vacaciones de invierno y la Navidad parece más corta que la "distancia" entre el comienzo de clases y el receso de julio.
Es más recién retomamos las actividades y ya estamos hojeando el calendario para ver cuándo es el próximo descanso (a propósito, el feriado que viene es el del 17 de agosto que pasa al lunes 20).
Entonces, arrancamos esta parte del año con lo planificado para estos meses y el acumulado de lo que nos faltó de la primera mitad del año.
Empezamos "quemados" y hasta sentimos con más frecuencia fatiga, ansiedad, angustia, dificultades para dormir, contracturas musculares, taquicardias, alteraciones gastrointestinales... El cuadro se agrava con los meses y los pendientes siguen siendo los mismos.
¿La solución? Un cambio de actitud: volver a las prioridades. Los especialistas de la psicología recomiendan caminar (lo que también sugieren los profesionales de la salud en general), recuperar la inspiración, buscar una actividad extra laboral.
Asimismo -advierten- desde la nutrición se puede contribuir. En el libro "Adiós al cansancio comiendo mejor. La nueva alimentación anti-fatiga", hay una pista para consultar con los especialistas. Almendra, alcaucil, champiñones, coliflor, limón, dátiles, endibia, hinojo, queso gruyere, lentejas, naranjas están en la lista de "alimentos anti-fatiga" que se suman a la sugerencia de tomar agua antes de tener sed.
Tomar agua, hacer ejercicio, comer saludable... ¿podrán dar respuesta a los "meses un poco más recesivos, tormentosos y fríos" -según las últimas declaraciones del jefe de gabinete de la Nación, Marcos Peña- que se avecinan? No. Pero al menos nos podremos sentir bien con nosotros mismos.