El régimen de “contratista de viña” es toda una institución en la historia y desarrollo de nuestra vitivinicultura, industria naturalmente redistribuidora de riqueza por cuanto se caracteriza por ser mano de obra intensiva.
El régimen de “contratista de viña” es toda una institución en la historia y desarrollo de nuestra vitivinicultura, industria naturalmente redistribuidora de riqueza por cuanto se caracteriza por ser mano de obra intensiva.
Este modo de gestión ha sabido asociar el interés de los propietarios con el de la mano de obra mediante un acuerdo que reparte el fruto de la producción anual, amén de un estipendio mensual que ayuda a la manutención durante el año del titular del contrato y su familia. En este acuerdo, las partes concurren en un mismo interés, maximizar la producción, ambos estimulados por el resultado final.
En los buenos momentos de la vitivinicultura ha operado como un mecanismo de ascenso social para muchos: en efecto, en períodos de bonanza de la actividad, los contratistas, con el tiempo, se convertían en pequeños propietarios, transformando a este tipo de contrato -único en la actividad agropecuaria de nuestro país- en un modelo inclusivo digno de promover.
Lamentablemente, por las crisis cíclicas, de la actividad vitivinícola, la figura del “contratista de viña”, se ha visto afectada y hoy es muy difícil verla como “peldaño de ascenso” de nuestra gente, pues de asociado a la viña ha pasado a ser simple dependiente, crisis en las que las pérdidas de mercados impacta en toda la cadena, en especial en los más débiles.
En efecto, las sucesivas crisis vitivinícolas desplazaron a muchos productores de la actividad, y por ende a muchos contratistas. Con momentos de avances significativos, hoy nos encontramos otra vez en un momento de detención o retroceso, más o menos grave, según el tipo de actividad vitícola que se desarrolle.
Por ello, bodegas particulares, viñateros, cooperativistas, entidades, sindicatos, todo el entorno vitivinícola, ha realizado reclamos a las autoridades que permitan salir de este mal momento de la actividad. Pero esta situación -general a las pequeñas producciones- no quita el interés y la valoración positiva del modelo del “contratista de viña”.
En este marco se encuadra el esfuerzo realizado por el Sindicato de Contratistas de Viña, para “defender” el producto de sus asociados, con la comprensión del sector público, que hace un esfuerzo por acompañar este empeño, intentando transitar el camino de una acción subsidiaria. La “bodega de los contratistas de viña” parece ser una realidad.
Entendemos que la estrategia puede ser positiva en cuanto promueve la integración de estos viñateros en la etapa de elaboración a partir de una bodega cooperativa. La integración y el cooperativismo son una muy buena solución, pero no alcanza para el entorno de alta competitividad y la concentración de volúmenes, que requiere una comercialización viable.
Permítasenos aportar, desde la experiencia y la convicción de las bondades del modelo propuesto por el Sindicato de Contratistas de Viña y apoyado por el Estado Provincial, algunas consideraciones.
La competitividad y la integración al mercado
Tanto el modelo cooperativo, como el sindical y el de contratista, son valiosos, y se han validado en nuestra sociedad. Sin estas entidades intermedias la sociedad pierde protagonistas esenciales para evitar el éxodo del campo a la ciudad y se le hace muy difícil al Estado coordinar líneas de trabajo para con los actores sociales.
Pero si no se integra al pequeño productor vitícola a un mercado determinado, con economías de escala que puedan absorber los costos de comercialización, corre muchos riesgos de fracasar la estrategia y generar más pobreza: el pequeño productor (contratista en este caso) quedará endeudado y con un nuevo fracaso en sus espaldas.
Esto lo demuestra la historia de la industria y lo acreditan los últimos estudios sobre competitividad de las “cadenas agroalimentarias”. Tanto es así que el Pevi 2020 indica como tercer eje estratégico, la promoción de los pequeños productores y la Coviar lo concreta al diseñar su Programa de Integración de Pequeños Productores a la cadena vitivinícola como herramienta para lograr estos objetivos.
El desarrollo del productor primario se logra a partir de su “participación” en los eslabones más rentables y competitivos de la cadena: elaboración y comercialización. La integración organizada resulta el instrumento más adecuado para lograr el tan mentado “derrame” desde el mercado hacia la producción primaria. En el modelo cooperativo federativo, este “traspaso de rentabilidad” se logra por la dinámica propia del sistema. En la estrategia del Sindicato de Contratistas de Viña, deberá concretarse algún tipo de integración vertical que garantice a los actores la estabilidad de la colocación de los vinos elaborados en la nueva bodega de propiedad cooperativa: sin mercado, la integración queda trunca.
Es de destacar que las cooperativas vitivinícolas siempre han tratado a los contratistas como asociados, dándole soluciones a la colocación de su producción y adecuando los pagos a sus necesidades.
Desarrollo de la "cultura organizacional asociativa"
El contexto de nuestra actividad exige al pequeño productor que desarrolle hábitos asociativos, que contemple a su actividad desde “el todo” y no solo desde la producción primaria. Para ello hay que trabajar mucho en capacitación, no solo en cómo lograr mayor eficiencia y productividad en el viñedo, sino en cómo resolver asociativamente los problemas comunes, en particular la organización comercial y las formas para afrontar el riesgo empresario. El desafío es grande ya que existen otros problemas como la dispersión geográfica en donde se ubican los contratistas, que les hace difícil concentrar su producción. Debemos buscar otras herramientas que fortalezcan el noble y justo sistema del “contratista de viña”.
Para lograr esto, el Sindicato deberá afianzar la participación de las bases y sumar a las entidades de la economía social, para afrontar los desafíos de una economía muy dinámica y concentrada.
La experiencia de los vinos caseros ya realizada por los contratistas es un buen antecedente. Esperamos que este importante paso “de productor a bodeguero” se complete adecuadamente, para el bien de miles de familias y el fortalecimiento de nuestra vitivinicultura.