15 de julio de 2026 - 20:54

Las historias detrás del festejo: turistas, cábalas y una ciudad rendida a la Selección Argentina

La clasificación de la Selección Argentina movilizó a miles de personas en el corazón de Mendoza. Entre turistas que eligieron la provincia para sus vacaciones y mendocinos que no abandonaron sus rituales de la suerte, la pasión por la celeste y blanca volvió a ganar la calle.

Banderas, camisetas, bombos, trompetas y abrazos interminables acompañaron una tarde cargada de nervios, sufrimiento y desahogo. Entre la multitud aparecieron historias de turistas, familias, amigos y hasta cabuleros convencidos de que sus pequeños rituales habían ayudado a la Scaloneta.

Turistas que terminaron en el corazón del festejo

Sebastián y Verónica llegaron desde La Rioja para pasar unos días de vacaciones en Mendoza y terminaron viviendo una tarde inolvidable. "Vimos el partido en un bar frente a la Terminal. Sufriendo como locos. Hace una semana estaba en Estados Unidos viendo a la Selección y ahora me tocó verla acá. Mucho sufrimiento, como en los partidos anteriores, pero felices. Se sufre mucho viendo a la Selección, lo importante es que se ganó", resume Sebastián mientras se mezcla con los festejos.

A pocos metros, Héctor y Mariela, un matrimonio cordobés que también está de visita en la provincia, no pueden ocultar la emoción después de otro duelo ajustado en el que Argentina volvió a eliminar a Inglaterra. "Estamos de paseo... espectacular. El que viene también va a ser igual. Lo vimos en el departamento que estamos alquilando", cuentan entre gritos, abrazos y el ensordecedor sonido de las trompetas, mientras la calle San Martín sigue poblando de camisetas albicelestes.

Mariela y Héctor dos turistas cordobeses que se sumaron a los festejos en el Km 0

Mariela y Héctor dos turistas cordobeses que se sumaron a los festejos en el Km 0

Las cábalas también juegan su partido

Uriel y Lucía, de Lavalle, son cabuleros de primera línea. Desde que comenzaron los cruces decisivos del Mundial repiten exactamente el mismo plan: mirar los partidos en el departamento de unos amigos y luego salir al centro.

Pero esta vez la cábala tuvo un protagonista inesperado. "Desde el departamento se ve una playa de estacionamiento donde hay un muchacho en la casilla de seguridad. Cuando hicimos el primer gol le dije: 'Hermano, no te movás de ahí hasta el otro gol'. Se quedó quietito y terminamos ganando", cuenta entre risas Uriel, convencido de que esa coincidencia también ayudó.

Mónica y Natalia viven en  pleno centro y, zapatearle los "goles a los que viven en el octavo piso es una de las tantas cábalas"

Mónica y Natalia viven en pleno centro y, zapatearle los "goles a los que viven en el octavo piso es una de las tantas cábalas"

No muy lejos de allí, Mónica y Natalia agitan sus banderas junto a cientos de mendocinos. Ellas viven en pleno centro y también tienen sus propias costumbres mundialistas.

"Lo vivimos como todos, con muchos nervios, pero confiadas. Sabíamos que íbamos a sufrir, pero también que íbamos a ganarlo. Lo vimos en nuestro departamento. Somos cabuleras mal. A los vecinos del octavo les zapateamos el piso cada vez que hacemos un gol. Así ha sido todo el Mundial", dice Mónica entre carcajadas.

El pueblo de la celeste y blanca

Los cánticos tampoco tardan en aparecer. "El que no salta es un inglés" vuelve a retumbar sobre la calle San Martín, cuatro décadas después de convertirse en un clásico de las tribunas. Como en 1986, cuando Diego Maradona escribió una de las páginas más memorables del fútbol argentino frente a Inglaterra, la historia volvió a regalar un nuevo capítulo para alimentar la rivalidad.

Los cuatro amigos José, Matías, Federico y Matías se reúnen en cada partido en la casa de uno de ellos y sostienen sus cábalas hasta el final de los partidos. Luego a copar el centro.

Los cuatro amigos José, Matías, Federico y Matías se reúnen en cada partido en la casa de uno de ellos y sostienen sus cábalas hasta el final de los partidos. Luego a copar el centro.

Entre los que no paran de saltar están Matías, Federico, Matías y José, cuatro amigos de Godoy Cruz que mantienen una tradición inquebrantable. "Vemos todos los partidos en la casa de uno de los chicos. Es cábala total. Somos de Godoy Cruz, cerca de la cancha de Talleres. Apenas termina el partido nos venimos directo al centro a festejar", cuentan sin dejar de abrazarse.

Y cuando parecía que ya no quedaban más historias por descubrir, la multitud regaló una escena inesperada.

Una mujer mayor y una adolescente de rasgos asiáticos observan la fiesta desde un costado. Al preguntarles de dónde son, apenas sonríen y prefieren no responder. Detrás, dos mendocinos arriesgan una explicación: "Son chinos".

La mujer espera a su marido, que de pronto emerge desde el medio de la marea celeste y blanca con una trompeta de plástico en la mano. Apenas las encuentra, anima a la joven a meterse en el corazón del festejo. No puede resistirse al clima de felicidad colectiva. Minutos después, los tres ya están saltando entre miles de personas mientras el canto vuelve a imponerse por encima de todo.

Lucía y Uriel son dos lavallinos muy cabuleros que miran en un departamento de unos amigos cada partido que juega la scaloneta.

Lucía y Uriel son dos lavallinos muy cabuleros que miran en un departamento de unos amigos cada partido que juega la scaloneta.

"Y ya lo ve... y ya lo ve...", vuelve a imponerse entre trompetas, bombos y abrazos interminables.

La emoción de un nuevo triunfo de la Selección Argentina desborda las calles de Mendoza. Un equipo que volvió a demostrar coraje, resiliencia y fútbol para ilusionar a un pueblo que siempre encuentra en la celeste y blanca un motivo para reunirse y celebrar. Porque el fútbol, cuando se viste de Selección, también tiene esa capacidad de regalar alegrías compartidas, de abrazar a desconocidos y de convertir una ciudad entera en una sola voz.

La memoria de Diego, la ilusión de Lionel

Con Lionel Messi como emblema de esta generación, el eco de aquellas tardes eternas de Diego Maradona sigue latiendo en cada canto, en cada bandera y en cada abrazo. Cambian los protagonistas, cambian los escenarios, pero la pasión permanece intacta. La herencia sigue viva, alimentando la ilusión de un pueblo que nunca deja de creer. Y mientras Mendoza comienza lentamente a recuperar su ritmo habitual, ya hay una nueva cita marcada en el calendario: la final del Mundial y otra oportunidad para volver a salir a la calle en busca de esa alegría que solo la Argentina parece capaz de provocar.

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