11 de febrero de 2026 - 17:50

La Gacela del ciclismo: Juan Carlos Ruarte y la primera Vuelta de Mendoza

Con 23 años, Ruarte deslumbró en la edición inaugural de 1977. Su pedaleo elegante y su talento natural lo convirtieron en un referente del ciclismo nacional, ganando tres ediciones mendocinas y dejando una huella imborrable en la historia en el ciclismo. La Vuelta de Mendoza celebrará este año su edición Número 50.

Lo distinguía su pedaleo. Elegante. Se deslizaba por la ruta, la montaña o las subidas más exigentes, allí donde el esfuerzo se volvía visible para todos, pero él no perdía jamás la fineza. Su figura se agigantaba y se reconocía con facilidad dentro del pelotón.

Era apenas un pibe que nunca había salido de su San Juan natal para competir. Incluso llegó con temor a la Vuelta de Mendoza, intimidado por las exigencias de Los Paramillos. Una carrera que terminaría consagrándolo y convirtiéndolo en un referente del ciclismo nacional. Ganó tres Giros mendocinos, además de la Doble Bragado y la Vuelta de Uruguay, integró seleccionados y marcó una época. Aquella consagración fue el disparador.

“Me invitó Gerardo Cavallieri a correr y hacíamos el equipo: éramos dos. ‘Juanca, ¿vamos a correr la Vuelta de Mendoza?’. Yo tenía miedo, tenía 22 o 23 años y nunca había salido de San Juan. Sobre todo por Los Paramillos, porque decían que era una subida muy brava”, recuerda Ruarte. “Pero subí tan bien que llegué solo arriba y ahí empecé a darme cuenta de que podía ganar la Vuelta”.

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Juan Carlos Ruarte, primer ganador de la Vuelta de Mendoza, sube un tramo a pie junto a su bicicleta la exigente subida a Los Paramillos, sobre el pedregoso camino de tierra.

Juan Carlos Ruarte, primer ganador de la Vuelta de Mendoza, sube un tramo a pie junto a su bicicleta la exigente subida a Los Paramillos, sobre el pedregoso camino de tierra.

La Gacela y su estilo

La Gacela, le decían. Un apodo que los amantes del ciclismo adoptaron sin esfuerzo. Sanjuanino, admirado por la pureza de sus movimientos sobre el sillín, incluso cuando la exigencia se multiplicaba. Lo que para otros era sacrificio extremo, para él parecía apenas un gesto sedoso, fino, casi natural. “Dejando huellas en las sombras y en las calles”, como dice la lírica spineteana.

Con apenas 23 años, Juan Carlos Ruarte estampó su nombre en la historia grande del ciclismo al consagrarse en la primera Vuelta de Mendoza, que se largó en marzo de 1977. Hoy, 50 ediciones y 49 años después, la carrera se mantiene como patrimonio del deporte mendocino, que en unos días más comenzará a celebrar su “Giro de Oro”.

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Ruarte, en el centro, durante la tercera edición del giro mendocino, en el que también se impuso en el año 1979.

Ruarte, en el centro, durante la tercera edición del giro mendocino, en el que también se impuso en el año 1979.

Consagración en la Vuelta de Mendoza

Ese triunfo marcó un antes y un después en su carrera. “Ahí despegué como deportista y empecé a salir de la provincia”, dice. “Gané tres ediciones de la Vuelta de Mendoza (1977, 1979 y 1982), además de la Doble Bragado y la Vuelta de Uruguay”, recuerda. Siempre desde una raíz humilde, forjada en trabajo, sacrificio y vocación.

Eran días de gloria. El ciclismo mendocino vivía su pleno apogeo, una pasión que hacía vibrar calles, distritos y departamentos cada domingo. Las caravanas multicolores daban vida a rutas que se perdían entre pastizales o calles inhóspitas, pero siempre iluminadas por el brillo del pedaleo.

“En aquel tiempo conocía a los ciclistas de Mendoza por radio y por los diarios: Ernesto Contreras, Ramón Fernández, el Chirico Flores, Máximo Kadiajh, Raúl Serrano y José Serrano”, recuerda Ruarte sobre los referentes locales.

La pasión que unía

El ciclismo, tan exigente como ingrato, movilizaba multitudes y despertaba pasiones profundas. Se transmitía -y aún se transmite- de generación en generación, construyendo un mundo de amantes de la especialidad. Las carreras de ruta devolvían vida a los pueblos, donde cosechadores, trabajadores rurales, amas de casa, obreros, niños y familias enteras interrumpían sus quehaceres y se agolpaban al costado del camino para ver pasar el pelotón o lanzar un balde de agua que alivie el sacrificio bajo las duras siestas mendocinas. Tal como ha sucedido a lo largo de estas 50 ediciones.

Sobre su triunfo en 1977, Ruarte recuerda: “Cuando pasamos la meta, me agarraron los gendarmes y me llevaron al antidoping. No sabía qué era. Cavallieri me dijo que no tuviera miedo. No había consumido nada. Yo era natural, muy joven, no entendía nada. Por naturaleza nací para ser ciclista. Un don que tuve para andar en bicicleta, y que hoy sigo aprovechando corriendo en las vueltas de San Juan”.

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Juan Carlos Ruarte, ganador de la primera edición de la Vuelta de Mendoza.

Juan Carlos Ruarte, ganador de la primera edición de la Vuelta de Mendoza.

Mendoza y sus héroes deportivos

Era también una época dorada para el deporte provincial. Mendoza asomaba con figuras que marcaron una era: el campeón mundial de boxeo Hugo Pastor Corro; los hermanos Martinazzo, Agüero y Rubio, campeones del mundo en hockey sobre patines; el inolvidable “Toque, Lobo, toque” de Víctor Legrotaglie y sus compadres; y, claro, Ernesto Contreras, el Negro para todos, cuyo legado había dejado la vara alta con los históricos Cruces de los Andes.

“Estoy muy contento de haber ganado esa primera Vuelta de Mendoza. En el ’80 la perdí con Jácamo; en el ’83 la perdí con el Pato Escalante o Cayetano Cortez, estuve a punto de ganar. No se dio”, recuerda, enviando saludos a todos los fanáticos mendocinos “que me apoyaban en ese momento… eran muchísimos”.

Desde hacía tiempo, la Asociación Mendocina de Ciclismo proyectaba una competencia que recorriera toda la provincia. Ya existían la Doble Villavicencio, la Doble Rivadavia, la Doble Cacheuta y la Vuelta de Uspallata, que tuvo 17 ediciones. Esta última marcó el inicio de una nueva etapa: el prólogo -o tal vez el epílogo- de lo que luego serían los Cruces de los Andes y, finalmente, la concreción del viejo anhelo: la Vuelta de Mendoza.

Con ella llegó una estructura organizativa más sólida, más ambiciosa, y por primera vez aparecieron los patrocinadores, dándole un marco profesional a las competencias. Nombres como Juan Carlos Carmeno, Eduardo Fracchia, Ernesto Orellana, Manuel Cayetano Cortez y el Pato Escalante quedaron grabados en la memoria de esa época.

Y entre todos ellos, apareció un pibe que terminó deslumbrando a todos en aquella primera edición de la Vuelta de Mendoza. Su pedaleo elegante lo decía todo. Se llamaba Juan Carlos Ruarte. La Gacela

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