El próximo miércoles, la Selección Argentina e Inglaterra paralizarán al planeta fútbol en una semifinal mundialista que promete ser vibrante. Para el combinado británico, el duelo representa un verdadero examen de carácter, donde intentará derribar dos complejas barreras estadísticas que arrastra desde hace décadas en la máxima cita.
Inglaterra busca cruzar su propio "Rubicón":
México e Inglaterra, por el Mundial 2026
EFE
Más allá del análisis táctico y de los nombres propios, el equipo conducido por el alemán Thomas Tuchel se topa contra su propio pasado. La primera gran cuenta pendiente de los Tres Leones tiene que ver con la dificultad para superar la antesala de la final: no logran meterse en el partido decisivo desde hace 60 años, en 1966, cuando fueron anfitriones y se consagraron campeones del mundo. Desde aquella gesta liderada por Bobby Charlton, los británicos tropezaron en cada semifinal que disputaron.
La primera frustración llegó en Italia 1990. En aquella recordada campaña, igualaron 1 a 1 ante Alemania Federal en los 120 minutos y terminaron masticando bronca tras caer 4 a 3 en la tanda de penales. Luego, el conjunto de la rosa perdería el partido por el tercer puesto contra la Italia local.
La herida más reciente se remonta a Rusia 2018. Bajo el mando de Gareth Southgate, los ingleses estuvieron muy cerca, pero Croacia les amargó la ilusión al vencerlos 2 a 1 en el tiempo suplementario. En ese torneo, la historia se repitió y el seleccionado europeo finalizó en la cuarta posición tras caer frente a Bélgica.
Thomas Tuchel quiere ser pionero en la Copa del Mundo:
A este karma en semifinales se le suma otro dato de peso que alimenta la ilusión de la Albiceleste: ningún director técnico extranjero logró levantar la Copa del Mundo en toda la historia del certamen. Tuchel busca romper ese histórico molde, una tarea compleja en un fútbol de selecciones donde la pertenencia suele marcar la diferencia. De hecho, de los 26 entrenadores que iniciaron el Mundial 2026, solo el alemán y el francés Rudi García (con Bélgica) llegaron a las instancias decisivas representando a un país ajeno.
Los libros de historia respaldan esta clara tendencia. Para encontrar a un DT extranjero en la final de un Mundial hay que retroceder 48 años, justamente hasta Argentina 1978. En aquella oportunidad, el prestigioso austríaco Ernst Happel llevó a Países Bajos al subcampeonato, perdiendo la final 3 a 1 ante la Selección de César Luis Menotti en el Monumental. Previamente, el inglés George Raynor había conducido a Suecia a la final de 1958, donde cayó ante el histórico Brasil de Pelé por 5 a 2.
Argentina e Inglaterra sumarán un nuevo capítulo a una rivalidad que tiene tintes de leyenda. La Albiceleste buscará revalidar sus credenciales, mientras que los europeos intentarán cambiar el rumbo de la historia.