A tan solo días de su participación en los Juegos Olímpicos de Invierno Milano Cortina 2026, el patinador español Tomàs Guarino enfrentó una situación que puso en peligro su presentación.
La rutina del español Tomàs Guarino peligró porque inicialmente Universal restringió la música de la película animada debido a sus estrictas políticas de derechos de autor.
A tan solo días de su participación en los Juegos Olímpicos de Invierno Milano Cortina 2026, el patinador español Tomàs Guarino enfrentó una situación que puso en peligro su presentación.
Su rutina fuera de lo común se basa en un programa corto, inspirado en el universo de los Minions, que incluye la música de la película y además el traje característico de los personajes. Sin embargo estuvo punto de ser cancelado a pesar de haber utilizado esta rutina durante toda la temporada.
El imprevisto surgió cuando Universal comunicó que los derechos de autor no permitían el uso de dos de sus canciones. "Cumplí con todos los procedimientos requeridos y envié mi música a través del sistema ISU ClicknClear en agosto. Competí con este programa durante toda la temporada. Lamentablemente, tan solo unos días antes de la inauguración olímpica, me informaron de que ya no se me permite usar este programa debido a problemas con los derechos de autor", señaló Guarino en sus redes sociales.
Al generar gran repercusión con su situación, finalmente el patinador consiguió el permiso para usar su música y su traje de Minion en la competición. El programa incluía así las canciones Universal Fanfare de The Minions y Vicious Funk de Héctor Pereira (Universal Pictures), Freedom de Pharrell Williams (Sony Music) y el mix Minions Bounce del DJ español Juan Alcaraz.
Este incidente ha generado un gran debate sobre la actual gestión de derechos musicales en el patinaje artístico. A partir de la temporada 2024-2025, la Unión Internacional de Patinaje (ISU) implementó una normativa que traslada la responsabilidad legal y económica de obtener los permisos directamente a los deportistas.
Según fuentes locales, esta nueva medida busca proteger a la federación de posibles sanciones legales, obligando a los patinadores a asegurar licencias específicas que cubran tanto la coreografía como la reproducción de la música en eventos internacionales.
A pesar de que el acceso a las licencias suele ser económico, costos aproximado de 10 y 25 dólares por pista, en algunos casos las autorizaciones estándar suelen ser insuficientes. El caso del patinador Tomàs Guarino es un claro ejemplo de esto, ya que pesar de haber cumplido con los trámites, se enfrentó a restricciones de última hora.
En algunos casos especiales, como arreglos musicales complejos, el coste puede oscilar entre 100 y 250 dólares.